Entrevistas
«Repartir la miseria con las ayudas no funciona»

Eduardo Campoy (Valencia, 1955) es uno de los productores de cine y series en España que casi todo el mundo conoce en el sector. Seguramente porque, como él mismo comenta, ha trabajado con casi todo el mundo en sus 40 años en activo. Una trayectoria que ahora le reconocen sus compañeros productores (EGEDA) con la entrega de la Medalla de Oro en los Premios Forqué 2023.
El currículum del productor es díficil de reducir a unas pocas líneas: son más de 70 películas (y otras cuatro también dirigidas) y alrededor de 25 series producidas en compañías como Grupo Cartel, Boomerang, DLO Producciones, Drive Cine y ahora en Álamo Producciones (Secuoya Studios). Pero es que también ha sido presidente de FAPAE (Federación de Productores Audiovisuales de España), consejero de DAMA (Derechos de Autor de Medios Audiovisuales) y hasta presidente interino de la Academia de Cine cuando Ángeles González-Sinde fue nombrada ministra de Cultura en 2009.
En entrevista a Cine con Ñ con motivo del premio honorífico de los Forqué, Eduardo Campoy comenta cómo se ha mantenido en el sector con las ganas intactas —sigue produciendo a pleno rendimiento— y por qué se lanzó a producir tanto cine como series en un momento en el que hacer ambas cosas era poco habitual. Además, pide cambios en el sistema actual de ayudas públicas al cine español.
¿Qué significa que te reconozcan tus compañeros con este premio?
Realmente yo lo veo un poco porque ya me tocaba. Después de 42 años produciendo películas, hay pocos productores que hayan estado tanto tiempo en activo, así que lo veo más un reconocimiento a una trayectoria que no a a haber hecho algo determinado. Yo podía haber dejado de producir hace 10 años, o hace 8, o hace 10, o hace 12. Y he seguido y voy a seguir. En los últimos 4 años he producido 14 películas, y pienso seguir produciendo.
Me hace mucha ilusión el premio porque al final es animar a que la gente no deje de producir. Muchos productores han estado 10, 15 años produciendo y luego lo han dejado. Cada uno por un motivo diferente. Y yo he tenido la suerte de poder seguir produciendo en diferentes compañías durante estos 40 años.
¿Qué hay que hacer para seguir produciendo?
Sobre todo, tenerlo en las venas y querer hacerlo. Y nunca esperar al éxito. Yo digo que es como tener hijos, no esperas que sea Nadal, Ballesteros, Cristiano Ronaldo… sino que realmente sean felices y todos tengan salud. Y con eso es suficiente. Con las películas es igual: quieres que todas sean un bombazo, pero muchas veces te tienes que conformar con que estén bien producidas, hechas con profesionalidad y honestidad.
Luego ya el recorrido… unas tienen mejor recorrido que otras, evidentemente, porque no todos los directores tienen el mismo talento. Pero incluso los directores que tienen un gran talento, en una película están más brillantes, les salen más redondas, y en otras lo están menos. Quiero decir, no siempre todos los directores aciertan con todas sus películas. Y ahí está la historia para verlo.
Yo lo que intento es que me dé satisfacción todo el proceso: desde encontrar la historia hasta que lo ponen en una plataforma o en una televisión en abierto y ves la audiencia que tiene. En todo ese camino hay pequeñas satisfacciones. Y eso es lo que te anima a seguir: cuando empieza el rodaje, cuando ves al director dirigiendo a los actores, la elección de los decorados, la música, que luego se la enseñes al distribuidor y le encante, que luego vaya a un festival y funcione… Y como no todas van a funcionar, como no todas van a tener éxito, tienes que quedarte con ese proceso para seguir adelante.
«El camino y el acompañamiento con el director es lo que te lleva a tener esa satisfacción de que tu trabajo está bien hecho»
Y con esa experiencia, ¿qué significa para Eduardo Campoy ser un buen productor?
Ser un buen productor creo que es acompañar al director, que es el que firma la película, en el camino de llevarla a buen puerto. Y que el director sienta que los medios que ha tenido y las posibilidades que le ha dado el productor son suficientes para hacer la película que él quería hacer o que él quería firmar. Tanto sea una película de autor pequeñita como una película de encargo en una producción grande.
Yo creo que el camino y el acompañamiento con el director es lo que te lleva a tener esa satisfacción de que tu trabajo está bien hecho. Y en mi caso, como se puede ver en mi currículum, he repetido con muchísimos directores. No creo que haya tenido un enfrentamiento de no querer volver a trabajar con él, y eso que he tenido muchísimos problemas en muchísimas películas y en muchísimos rodajes, que es lo normal.
Y ahí ha hecho tanto cine como series, como televisión. Ahora es más normal con las plataformas y la «nueva televisión», pero hace 30 o 40 años el productor de cine solo hacía eso…
Pedro Pérez y yo lo vimos desde el principio cuando estábamos en el Grupo Cartel (Creativos Asociados de Radio y Televisión), enseguida vimos que había que producir cine y televisión con las privadas. De hecho, cuando se crea Cartel el nombre es Creativos Asociados de Radio y Televisión porque nació ya con una vocación de hacer cine y televisión. Cuando hacíamos nuestras primeras películas, La blanca paloma (1989), Contra el viento (1990) y A solas contigo (1990), a la vez nos estábamos preparando para hacer la serie Los ladrones van a la oficina (1993).
Ya en el inicio nos posicionamos como una productora de cine y televisión, que es verdad que prácticamente estábamos nosotros solos haciendo las dos cosas. César Benítez también se incorporó en aquel momento a hacer alguna serie, y nosotros luego pasamos a hacer también La casa de los líos (1996), luego ¡Ala…dina! (2000)…fuimos haciendo hasta 24 o 25 series, que son la que yo he contabilizado. El año pasado hicimos la segunda temporada de Supernormal para Movistar Plus+, por ejemplo.
Nuestra vocación siempre ha sido hacer una cosa y la otra. Es verdad que con la llegada de las plataformas muchos de los productores que nunca habían hecho series se han incorporado a hacerlas. Y ha subido también el nivel de producción y los presupuestos. Eso ha llevado a que haya una mezcla entre el cine y la televisión.
Cuando empezaron, ¿qué referencias teníais en ese tipo producción en los dos ámbitos? José Antonio Félez, de una generación posterior, citaba a Elías Querejeta…
Los referentes éramos nosotros. Nosotros teníamos una relación muy de tú a tú con Elías Querejeta, con Andrés Vicente Gómez, con Gerardo Herrero, con César Benítez, con Paco Ramos cuando sale Antena 3… y, obviamente, José Frade empezó a hacer series para Antena 3 en un momento determinado cuando solo producía cine, que hizo Canguros (1994), Hermanos de leche (1994)…pero no había una referencia. Las productoras de televisión eran Videomedia, Globomedia… que hacían programas y series de televisión. No había esa mezcla.
¿Qué diferencias hay ahora con respecto a cuando empezó?
Cuando nosotros empezamos los sistemas para hacer una serie y para hacer una película eran completamente diferentes entre ellos. Esa es la principal diferencia. Podríamos incluir, de hecho, incluimos elementos del cine porque cuando empezamos con Los ladrones (1994) la dirigió Ramón Fernández, que era un director de cine en aquel momento. Las grandes series de los 70 y 80 de Televisión Española, cuando se hacían los Curro Jiménez (1976) y compañía, se rodaban como si fueran películas.
Pero cuando llegamos nosotros ya había una transición. Producían entonces series no solo Televisión Española, sino también Antena 3 y Telecinco, y se empezaron a rodar las series como programas de televisión: con multicámaras, en plató prácticamente todas… con un control de realización y sistemas de trabajo como si fuera un programa. Ahora ha cambiado totalmente, se rueda como cine. Es verdad que está volviendo a platós para las series muy grandes, pero ha habido una época, con la llegada de las plataformas, que prácticamente todo eran exteriores e interiores naturales. Y eso las asemejaba más a las películas en su diseño.
¿Un productor ya posicionado en la industria produce más ahora que antes por este ecosistema más líquido y con más actores en el mercado?
Hay más productores produciendo más cosas. No es que un productor solo produzca más: ahora un productor de éxito, que esté 100% haciendo películas o series con su mayor capacidad, como puede ser Bambú o DLO, hacen tres series al año de ocho al año. A lo mejor hacen 24 o 25 capítulos al año. Antes hacíamos 26 capítulos al año de cada serie y si hacías dos series, estabas metiéndote ya en 52 capítulos. Y de 70 minutos, que ahora se hacen de 50 mayoritariamente.
Águila Roja, Cuéntame… entonces hacían temporadas de 13 capítulos y dos temporadas al año, lo cual hacían 26 capítulos de una serie. Ahora una serie como El Inmortal ha hecho ocho capítulos una temporada. A lo mejor hace otros ocho la segunda temporada y son 16. Lo que pasa es que antes hacían tres series Telecinco, tres Antena 3 y dos Televisión Española, y ahora con todas las plataformas salen muchas más. Pero no porque un productor o una productora haga mucho más, sino porque hay más productores.
«Muy poca gente del cine español se ha escapado de trabajar conmigo»
¿Y qué es de lo que más orgulloso está de lo que ha producido en su carrera?
Estoy encantado de haber producido películas para Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia, Fernando Trueba, Antonio Giménez Rico, Eugenio Martín… directores que marcaron una época y que son de otra generación. Me pasa lo mismo con los actores. En las primeras películas que produje teníamos a Paco Rabal, Fernando Fernán Gómez, López Vázquez, Pepe Sacristán, Pepe Sancho, Juan Luis Galiardo… una serie de actores que marcaron y marcan su tiempo.
Trabajar ahora con los actores jóvenes que han surgido de Élite y de las series actuales, pasando por generaciones intermedias como Quique San Francisco, Karra Elejalde, Imanol Arias, José Coronado, Aitana Sánchez-Gijón, Ariadna Gil… con los actores con los que estoy trabajando ahora. En general, dentro de esos 40 años, siempre me hace feliz haber trabajado con casi cinco generaciones de personas relacionadas con el cine. Todas esas relaciones me han dado una riqueza visual y personal.
He tenido también relaciones que se han convertido en amistad, como con Agustín Díaz Yanes en un momento determinado, o ahora con Dani de la Orden o con los chavales nuevos con los que estoy rodando ahora. Y también estoy encantado de haber producido películas con Gerardo Herrero, Antonio Cardenal, Antonio Pérez, César Benítez, Andrés Vicente Gómez… con casi todos los productores españoles he tenido una relación personal muy fluida y muy intensa durante muchísimo tiempo.
Creo esas relaciones y colaboraciones que he podido hacer en estos 40 años es lo que me hace estar más orgulloso, que va más allá a lo que es sacar una película, porque haya tenido más o menos éxito o porque haya sido más o menos difícil levantarla. Me alegra tener un camino en el que muy poca gente del cine español se ha escapado de trabajar conmigo (risas).
Y en este mercado que hemos hablado, en la industria actual, ¿qué retos cree que hay a nivel de producción en los años que vienen?
Lo primero es que hay una serie de reglas del juego que hay que tener en cuenta primero. Ahora mismo hay una serie de ayudas directas, que son las del ICAA y las de las comunidades autónomas. Hay unas ayudas a través de los incentivos fiscales que gracias a Dios en los últimos años se han consolidado y luego están las obligaciones de las plataformas y las televisiones que inviertan en el audiovisual español. Bueno, pues con todo eso tú tienes que jugar.
Yo creo que el primer trabajo que deberíamos de centrarnos ahora es en cambiar el sistema de las ayudas directas. Habría que cambiarlo para que fuera de otra manera. Creo que las del pasado eran muchísimo mejores que las actuales, que son muy perversas para fomentar el cine español.
¿Por qué?
Porque hay un sistema en el que muchas películas se quedan sin ayuda directa y no se pueden hacer o se hacen en muy malas condiciones. Es un sistema de puntuación que si tú tienes 85 puntos tienes la ayuda al 100% y si tienes 84 te quedas a cero y no tienes nada. Me parece un sistema totalmente injusto. Es verdad que es un sistema que se montó pensando que iba a haber muchísimo más dinero para las ayudas directas, y a lo mejor con 200 millones funciona. Pero con el reparto actual que hay de dinero… repartir la miseria con las ayudas no funciona. Habría que cambiarlo urgentemente.
¿Cree que la nueva Ley del Cine en camino podría ayudar a mejorar el sistema?
El sistema de ayudas no va dentro de la nueva Ley, aunque sí es verdad que van los parámetros. Hay que cambiar los parámetros de la Ley para cambiar el sistema.


Arturo Tena

