Críticas
Norbert: La vida en technicolor

Stills de 'Norbert'. Montaje: ©Cine con Ñ
Norbert es un espía del país gris, una nación triste, aburrida y obsesionada con el fin de sus recursos naturales. Su misión es infiltrarse en Colorlandia, el país vecino, rico en gas y petróleo aunque no los explota, puesto que todos sus vehículos y su industria funcionan gracias a leyes mágicas: si se dice que los coches vuelen, volarán. Norbert está obsesionado con demostrar que puede ser un buen espía, pero lo que descubrirá en Colorlandia es la alegría de vivir y la locura de jugar, y no quiere renunciar a los amigos que viven allí.
José Corral, responsable de la inclasificable Contando ovejas (2022), firma su segundo largometraje, en un tono de animación mucho más clásico e infantil que sus anteriores trabajos. Aquí y Allí Films, detrás del primer largo de Corral y de otras películas arriesgadas como Mantícora (2022) o El fantástico caso del Golem (2023), se ha unido a la productora de animación Capitán Araña —que hace poco consiguió experiencia en animación con Superklaus— para llevar a cabo esta aventura.
La cosa con Norbert estaría en el equilibrio entre los diseños, una versión para todos los públicos del particular estilo de Corral, y el mismo tono infantil, a veces incluso demasiado, con la reflexión por debajo acerca del proceso creativo o las relaciones con los demás, más algún ramalazo de ecologismo, que constituyen el núcleo de la película. Sobre todo está por ver cómo funciona en taquilla, cuando este tipo de historias, si el envoltorio no es más mainstream, tipo Buffalo Kids (2024), no suelen atraer a un gran público a la sala. Pero nunca se sabe.
Norbert gris

La historia es sencilla y más o menos previsible, pero se lleva bien y con los suficientes giros de cine de aventuras como para que no moleste. Sobre todo la gracia está en cómo en Colorlandia cualquier cosa es posible, dentro del orden de imaginación infantil que la caracteriza, y siempre hilado alrededor de alguna práctica creativa, de las que por supuesto están prohibidas en el país gris de origen de Norbert.
Que la presidenta de Colorlandia sea una niña de cinco años con una elefanta que habla de asesora principal es una declaración de intenciones. Por una parte, la típica ocurrencia de dibujos animados que al público objetivo de este tipo de película le hará gracia pero le resultará natural, porque para un niño los cuentos no necesitan más lógica interna que la que ellos mismos quieran tener. Y por otro un aviso a los adultos resabiados que llegan desde el país gris sin nombre obsesionado con el gas y el petróleo. Tanto de que no es su terreno como de que analizar la fantasía con reglas dinerarias es de amargados.
Alrededor de esa idea, que no está tan lejos de las disquisiciones del protagonista de Contando ovejas solo que se expresa en otros códigos, gira todo Norbert. Tiene un protagonista arquetípico de este tipo de historias, que se enfrenta las normas que tanto ansiaba cumplir cuando descubre que están ahí por solo una razón: para saltárselas. La lección es casi evangélica: no se hizo al hombre para la ley, sino a la ley para el hombre. Es decir, que las normas o los estilos en cuanto a la creatividad, el juego o la aventura solo tienen sentido si son divertidos. Si permiten una creación que se expande, no que se ve restringida.
Norbert technicolor

¿Todo Norbert se ajusta siempre igual de bien a esas ideas, tanto en estilo como en arco narrativo? Bueno, si consideramos que su público son niños pequeños (con edad suficiente para aguantar un largometraje en la sala, pero que van todavía al colegio, ni rozan el instituto), sí. Para alguien mayor se hace previsible por momentos, incluso dentro de su gusto por lo random tan propio de la animación moderna más atrevida, y el estilo concreto de dibujo, por bloques pero tendiendo al diseño acumulativo y casi rizomático, se puede hacer pesado. Aún así, esa estética es temática y se distancia lo suficiente de la animación más mainstream para no saber a ya visto.
Es verdad que toda la ‘moraleja’ o el ‘mensaje’ es, al mismo tiempo, muy explícita en algunos detalles (o sea, el país gris contra Colorlandia, cómo te lo digo) y demasiado abstrusa en la parte mollar como para que la entienda un niño, quedándose en ese terreno de nadie de las aventuras infantiles ‘blancas’ recientes que alguna vez hemos señalado. Pero, dentro de ese espectro, la película que nos ocupa es de las menos «vacías de contenido», también porque las ambiciones de Corral van más allá del mero cine de aventuras (que es un género muy loable y que a mi me encanta, pero cuya forma de tratar temas más ‘pesados’ va por otras vías).
En resumen, Norbert es una gran película de animación para niños, tanto por lo que quiere transmitirles como por las maneras que elige para hacerlo, que al adulto acompañante lo puede aburrir si se resiste a la forma, pero que a poco que comprenda por qué está es así y cuál es el contenido, puede vivir también su propia experiencia como espectador igual de satisfactoria.


Jose A. Cano