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Locomía: Exceso absoluto

Un documental tan aparentemente normal como divertido y exactamente igual de descocado que sus protagonistas

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En tres episodios de 50 minutos, Locomía recorre la historia del grupo homónimo desde sus comienzos en la noche contracultural de la Ibiza de principios de los 80 hasta el éxito en los 90. Las peleas entre sus miembros por motivos personales y de todos ellos con la discográfica y el manager que los convirtieron en una máquina de hacer dinero, aunque fuese breve, se explican por boca de los mismos protagonistas mientras de rebote se filtra el ambiente cultural de la España del momento.

Jorge Laplace, director capaz de encargarse lo mismo de la docuserie de Carolina Marín y otros sobre códigos de la Segunda Mundial o el asesinato de García Caparros, decide aquí limitarse a ordenar la montaña rusa de la historia del grupo al que retrata y meter algún chiste visual o de montaje para rematar. Un documental tan aparentemente normalito como divertido y exactamente igual de descocado que sus protagonistas.

Locomía, por cierto, «mejora» de alguna manera a otros documentales sobre fenómenos o estrellas musicales de Movistar Plus+ (como puedan ser Raphaelismo o Lola) porque parte del conflicto. Aquellos eran interesantes por la biografía de sus protagonistas, pero se retrataban desde la complacencia y casi el halago. En Locomía todo es drama, cada dos minutos hay un giro que lleva al choque. Y, quieran que no, eso hace que cualquier narración fluya mejor.

Sexo, Ibiza, Locomía

Locomía: Exceso absoluto 1

La base de Locomía es la misma que la del grupo: el artificio. Es un documental convencional, en el sentido de que ordena los acontecimientos cronológicamente y los cuenta con gente sentada mirando a cámara. Y al mismo tiempo es una canción del propio grupo: sin momentos valle, solo con falsos cénit, declaraciones impactantes de divos encantados de conocerse y dispuestos a satisfacer las expectativas de su público. Melodramático, excesivo, intenso. Innecesario. Pero divertido como él solo.

Todos los protagonistas de Locomía son excesivos, aunque Xavier Font, líder del grupo, y José Luis Gil, el representante que los sacó de Ibiza y convirtió en fenómeno social, se llevan la palma. Parte de la ironía del documental es que sus casi tres horas consisten en personajes atribuyéndose la creación del grupo, de una manera u otra. Desde el nombre del grupo hasta su estética o su salto a la fama internacional. Incluso las peleas. Se discute la autoría de todo. Y hasta cae alguna amenaza de demanda antes del último capítulo, a pesar de los 30 años transcurridos. Ese es el nivel.

Quizás las andanzas de Gil y sus turbios manejos de manager en los locos años 80 darían para otro documental aparte, pero el que se acaba comiendo la narración es Font. Una fuerza de la naturaleza y al mismo tiempo un narcisista elefantiásico, capaz de usar y tirar a sus parejas y al mismo tiempo protegerlos como una gallina clueca. Un pionero, un genio de lo suyo, un jeta y un egocéntrico insoportable para sus seres queridos. Por otro lado, es el único que hace autocrítica, a su manera, de los peores momentos.

Locomia keeps your body movin’

Locomía: Exceso absoluto 2

Claro, ya de paso, Locomía sirve como análisis esperpéntico de la España que produjo al grupo, esa que se tiraba de cabeza a un idealizado 92 y estaba empeñada en demostrarle al resto del mundo que era moderna, que era como los demás. Hablamos de que a Font y compañía les quemaron su casa en Ibiza. Que cuando saltan a la fama la discográfica les prohíbe por contrato salir del armario y les impone un código de vestimenta en su vida privada. Para colmo, a día de hoy el manager sigue defendiendo que «la ambigüedad vende» y argumenta que habrían perdido seguidoras. Lo cual es aún más gracioso si uno tiene edad para acordarse de la cantidad de chistes de maricones que se contaban a costa del grupo.

El segundo episodio tiene la mala leche de relacionar la emergencia como mainstream de la antigua y presunta Movida y aledaños periféricos con la Caída del Muro de Berlín y la España del pelotazo en la que brotan como setas tipos como Mario Conde, presumiendo de emprendedores en una entrevista con Julia Otero. Ese instante, cuando la cara dura absoluta y una falsa pátina de innovación vendían cualquier cosa, es en el que la empresa se inventa un grupo musical en el que ninguno de sus miembros sabe cantar. Recuerden, por favor, como recuerda esta docuserie, que Madonna se puso la camiseta del Atleti en un concierto en el Calderón. Esa época.

En fin, Locomía es un documental que no se distingue por la originalidad de su estructura, de hecho va a lo básico, pero porque sabe que no le hace falta. El carisma, aunque sea carisma perverso, de sus personajes, y el exceso absoluto de todos sus dramas hacen que la historia atrape. Porque Locomía será sexo, droga e Ibiza, pero sobre todo son mentiras espectaculares y muy bien vendidas por parte de mentirosos excelsos. Y, bajo ellas, alguna gran verdad. Entre otras, que, al final, solo queda el fan.

Imágenes: Locomía – Movistar Plus+

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