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Lola: No sabe cantar, no sabe bailar, no se la pierdan

Una hagiografía que no tiene miedo de empaparse del carácter volcánico de su protagonista

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Lola resume como puede la trayectoria artística y vital de Lola Flores, icónica folclórica y personaje POP de la cultura durante el siglo XX. Se reconstruye su biografía y las circunstancias vitales que construyeron su particular carácter, pero también se analiza el impacto de su figura en generaciones posteriores de mujeres artistas o en la forma en que se las percibe en el ámbito público en España.

Lola es, ante todo, una hagiografía que no tiene miedo de empaparse del carácter volcánico de su protagonista, con un hilo conductor cronológico pero que se detiene cuando es necesario para discutir que era eso que tenía la Faraona, ya saben, eso de que ni cantaba, ni bailaba, pero había que verla. El duende, el charm. Lo que sea. «Cómo no le iban a decir la Faraona, con ese perfil de Nefertiti». Un documental, por cierto, en el que ante alguna anécdota de los invitados, se escuchaba al equipo llorando de risa tras la cámara. En fin, «dramática como ella sola».

Parte de los testimonios del documental más que ser llamados así son más bien análisis a posteriori, porque son de cantantes actuales que reconocen la influencia de Lola Flores. Y no tanto musical, que también, como de actitud, porque aquí se pasa de que comenten la Martirio, las mismas Rosario y Lolita o la catedrática Cristina Cruces a que aparezcan Miguel Poveda, Rosario la Tremenda o el ínclito C.Tangana, así, como el que no quiere la cosa. La cosa es concluir que Lola Flores, más que verse o escucharse, se experimenta.

Lola, la Faraona

Lola Flores documental Movistar+

Lola va alternando la narración de historiadores y especialistas con los de familia y admiradores, además del archivo de una figura que si llegó a icono es porque se lo trabajó: en la mitad de sus intervenciones rescatadas, Lola Flores habla de sí misma en tercera persona y se siente como lo más natural del mundo. Porque claro, aquí se intenta definir qué es eso que tenía la Faraona, el llamado «duende», que ni Tomasito ni Rosalía se atreven a a definir. Hasta Ara Malikian o Nathy Peluso se enfrentan a la pregunta, dejándosela a los españoles. En fin, que se tiene o no se tiene.

Lola, el documental, se permite alguna fantasía recreando con animación momentos de la vida de la diva contados por ella misma pero de los que no hay material de archivo. Añade el humor del director dejando momentos en que a alguna participante se le escapa lo que entiende como una incorrección -Lolita contando, más como una constatación científica que como una anécdota, que en los teatros de antiguamente se follaba mucho entre bastidores y por eso se echaba zotal, para quitar las manchas- y dice «bueno, esto lo cortaréis».

Como todo documental biográfico, y más los pegados a cualquier forma de cultura -y la Flores tocó unas cuantas-, la serie acaba siendo un repaso histórico casi involuntario. En su caso, de la evolución del flamenco y la copla desde lo populachero o casi marginal hasta la cultura académica. Recordando por el camino que las letras de las coplas del cine y la radio de los 30 y 40 eran poco menos que revolucionarias para el momento, hablando de mujeres que trabajaban fuera de casa y amantes de hombres casados.

También tiene su espacio la Lola Flores actriz, desde la Martíngala de su debut, en la que hasta le cantaba una canción a un bote de pimientos morrones, hasta el periplo mexicano en el que los guionistas montan la de Dios es Cristo para que pueda lucirse cantando Ay pena, penita, pena. Coproducciones que la convierten en estrella mundial, circunstancia que la llevará a convertirse en habitual de las fiestas de Ava Gardner en Madrid. También, como comenta la familia, normalmente adornaba sus anécdotas. Imaginénsela, intentando hablar con Churchill de cena.

Por ir cerrando, diremos que Lola acaba desbordándose a sí misma conscientemente, sabiendo que por muchas expertas, familiares, seguidoras y otras especies -recuerden, hasta C.Tangana diciendo que «yo sí que ni canto ni bailo»- que le echen, se las va a comer el carisma de la Flores desde la distancia, contándose a sí misma en programas de televisión horteras de los 90 o en canciones rodadas en México en los 50. En fin, que como dice el dicho, la ocasión la pintan calva.

Puedes Lola online aquí.

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