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CRÍTICAS

La tregua: Dispara a todas partes y deja intacta la diana

Una oportunidad perdida, con todos los mimbres para una gran ficción histórica sobre los españoles en la URSS, pero que los usa de cualquier manera y acaba haciéndose larga mientras parece que le faltan escenas
Crítica de la película 'La tregua'

La tregua es a la que tienen que llegar el capitán Reyes y el teniente Salgado. El primero es el líder de un grupo de españoles republicanos enviados por Stalin a un campo de trabajo en Kazajstán en plena Segunda Guerra Mundial. El segundo, el oficial de más rango entre los prisioneros de la División Azul con los que comparten cautiverio a partir de 1943. Si quieren sobrevivir, tendrán que colaborar, pero para eso lo primero que necesitan es dejar de odiarse.

Bueno. La verdad es que la idea resulta potente. Ya existe un documental, Los olvidados de Karagandá (2014), de Enrique Gaspar Rodríguez, sobre la historia de los españoles, tanto republicanos represaliados por el estalinismo como divisionarios a los que no se les reconoció el estatus de prisioneros de guerra. La tregua ficciona su historia de la mano de Miguel Ángel Vivas, uno de los mejores directores españoles rodando acción, sea cual sea el formato que le pongan por delante. En principio, todo el anuncio suena bien.

Otra cosa es la ejecución final, en la que no están claras las decisiones que han llevado al fallo, pero pueden ser muchas. La tregua es una película excesivamente episódica, que dura dos horas y media y aún así deja la sensación de que le faltan escenas y de que la evolución de sus personajes está mal explicada. No se decide ni por quién es su protagonista ni cual es su núcleo emocional, más allá de jugar con las cartas marcas de emociones prestadas de la vida real. Es un desastre, me temo.

La tregua que nos merecemos

<strong>La tregua</strong>: Dispara a todas partes y deja intacta la diana 1

Arón Piper y Miguel Herrán como cabezas de cartel son, en sí mismos, una elección arriesgada y una declaración de intenciones. Los rodean de actores jóvenes como José Pastor o Alejandro Jato y veteranos secundarios como Javier Pereira y Fernando Valdivieso. Ninguno de ellos, excepto quizás Herrán, tiene mucho para trabajar. Son el borrador de los personajes que uno se imaginaría para una historia como esta, sin desarrollar bien ninguno. Casi parece, visto lo visto con la estructura, que La tregua debería ser una miniserie.

De hecho, La tregua no se ahorra ni un topicazo. Obligados a cantar el «himno de España», sobre el que no se van a poner de acuerdo, los presos entonan Suspiros de España mientras se abrazan. En una pelea a puñetazos entre Salgado y Reyes, la cámara, la iluminación y el barro juegan a situarlos en la pelea a garrotazos de Goya. Todos tienen víctimas de la guerra en la familia que los vuelven irreconciliables. Entre los divisionarios hay un cura y entre los republicanos, un minero. Un kazajo viejo y sabio que da certeros consejos. Etc.

Visto el tema, uno puede aceptar que La tregua, que coquetea con hacer un comentario sobre estos tiempos de polarización, se reboce en la Cultura de la Transición, y que el mensaje consecuente sea incluso constructivo. Todos esos elementos mencionados, si están bien envueltos, se pueden comprar. Como en La cena (2025), estrenada en el mismo Festival de San Sebastián que la que nos ocupa. Pero el problema es que no los vende emocionalmente, se dispersa lanzando demasiadas tramas sin dedicarle suficiente espacio a ninguna.

La tregua que nadie nos da

<strong>La tregua</strong>: Dispara a todas partes y deja intacta la diana 2

Miguel Ángel Vivas es un magnífico director de acción, capaz de componer planos secuencia que guían al espectador con naturalidad o acompañar la violencia con la cámara de forma que nos hace vivirla desde la subjetividad de los personajes. Se vio en Asedio (2023) o en sus episodios de la primera temporada de Desaparecidos (2020), por citar dos ejemplos recientes. Ese pulso está aquí, dando lugar a escenas puntuales muy bien dirigidas. Pero se pierden en un montaje errático y un guión confuso.

Hay «episodios» que no se desarrollan, como el recital musical y la fuga subsiguiente, y otros que se saltan de forma inexplicable. El falangista traidor que se convierte en soldado ruso y finalmente se redime debería tener un arco emocionante, pero como su cambio de bando se produce de forma brusca y en elipsis, y queda como un detalle de fondo, su escena final solo suena a pegote. Lo mismo para la historia de amor truncada del teniente Salgado, o la amistad con Reyes, el presunto corazón de la película, que se siente forzada.

La tregua sabe, sobre todo, a oportunidad perdida. Todos los elementos que podrían hacerla una correcta ficción histórica que hiciese justicia a los españoles represaliados en la Unión Soviética se encuentran en ella, pero distribuidos de cualquier manera. Unos sin espacio para que funcionen y otros desarrollados en exceso. Unos pocos aciertos visuales o narrativos muy puntuales no compensan lo suficiente una historia que ni siquiera intenta emocionar. Una lástima, pese a la magnífica base.


Dónde ver

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.