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La Templanza: Qué bonito era hacer negocios en el siglo XIX

El drama de época de Buendía y Boomerang para Amazon es una exhibición de producción. 10 capítulos más que correctos para que quieras mudarte al Jerez del siglo XIX.

La Templanza: Qué bonito era hacer negocios en el siglo XIX 1

La Templanza es la propiedad familiar de los Montalvo, productores de vinos de Jerez de la Frontera para todo el mundo. Soledad Montalvo, casada muy joven con un socio inglés de su abuelo para consolidar los negocios, volverá a la finca para tratar de rescatarla y allí conocerá a Mauro Larrea, un indiano que trata de reinventarse tras caer en el ruina para salvar a su familia. De la capacidad de ambos para lidiar con los negocios y su mutua atracción dependerá su futuro.



La verdad es que pocas pegas se le pueden poner a La Templanza como drama o culebrón de época. Es que está tan bien hecha que hasta molesta. Es grandilocuente, enrevesada en su desarrollo pero clara en su exposición, excesiva a veces pero contenida otras y bonita, muy bonita. Todo es estético en la serie, desde el brillo de un vino viejo hasta las calles de La Habana.

Son 10 capítulos que se pueden ver a ritmo machete o paladeándolos, con esa Habana, ese México y sobre todo ese Jerez que no habrán salido más preciosos en una serie en la vida. Watling guapísima y Novoa, como dice mi señora madre, para chillarle. El reparto multinacional y panlatinoamericano es conveniente para vender esta barbaridad allende los mares, pero es que además derrocha guapura nivel que me traigan unas sales que me da un soponcio.

Miren, es que qué les digo yo. La Templanza no quiere cambiar la historia de la televisión ni falta que le hace, lo que quiere es que usted acabe queriendo vivir un amor más grande que la vida en pleno siglo XIX, poniéndose tibio a jerez mientras comenta lo peligrosas que son las ideas de ese tal Marx. Por favor, qué tonto me estoy poniendo de pensarlo.

 

Crítica de La Templanza con spoilersLa Templanza

La Templanza cuece a fuego lento su nudo central, que es el encuentro entre los dos protagonistas, cuyas historias se desarrollan en paralelo, sin llegar a estar frente a frente para enamorarse y trascender la vida y el amor más de media serie. Por el camino tenemos un muestrario, lejos del documental pero entretenido, de supervivencia en el mundo de los negocios en el siglo pasado. Dentro de un orden, porque son una excusa para enseñar escenarios bonitos y elegantes y que el reparto luzca guapísimo, pero lo suficiente como para darle a la serie su propia personalidad. Una especie de Pozos de ambición en limpito y guapo, bastante apañado.

También es que no hay que tenerle miedo a la etiqueta de culebrón. Quizás telenovela se refiere más a un formato diario -aunque no todas las series diarias responden a esa categoría-, pero un culebrón, un dramón de amores y traiciones más grandes que la vida, puede tener 8, 10, 13 o 400 capítulos. La Templanza es un culebrón muy bien hecho, de época, con sus enredos históricos y empresariales, pero en el que lo importante es más la peripecia y la creación de un mundo idealizado. Esto lo coge Movistar+ y olería a sudorina tipo Libertad o La Peste, pero son Prime con Buendía y Boomerang, así que los objetivos son diferentes. De calidad, pero en otro estilo.



Los dos protagonistas son interesantes en sus procesos de reinvención y empoderamiento desde los márgenes de la sociedad en la que viven. Quizás demasiado de una pieza, que es lo que diferencia a los siempre virtuosos personajes de telenovela de los complicados antihéroes del drama «realista sucio» contemporáneo. Todo acaba encajando demasiado bien, aunque se le dé giro agridulce. Que no pasa nada, simplemente es lo que decíamos en el párrafo anterior: no se niegue usted a admitir lo que está haciendo y hágalo bien.

 

Stendhal en JerezLa Templanza

Insisto. La Templanza es bonita. Muy bonita. Es una guía turística para irse a Jerez a inflarse de fino o a Cuba a ponerse tibio de sol. Es todo lo que habría querido ser 3 Caminos y no fue capaz, el perfecto combo de producción, peripecia y exhibición de los escenarios. La dirección de arte y los técnicos deberían inflarse a premios, si lo hubiere tales para series. La Templanza mira a la cara a la ficción histórica del perro inglés y le suena los mocos.

Eso sí, ya por poner pegas. Es tan bonita que te satura. Vamos, es que apuñalan a alguien y la sangre ni salpica. Ni un pelo de la barba se le mueve a Novoa cuando se juega la vida. El moño de Watling va tan tenso que le tira de las cejas hasta el espectador. Y encima la transición de desconocidos a admiradores mutuos es así, por la cara, de sopetón, tipo, uy, este caballero es muy apuesto o a me he apretado demasiado los pololos esta mañana. Después de tomarse media serie sin que compartan plano para establecer a cada uno, los protagonistas se molan mazo de golpe.

Por cerrar, es un producto más que correcto para quien guste del género. Tiene una factura tan buena y un par de puntos que la hacen lo suficientemente especial -la trama económica, los personajes protagonistas- como para interesarle a quien no suela acercarse a los dramas grandilocuentes de época. Por aquí sí que tiene un hueco Prime, ya que se empeña en ser previsible: cuando vas a hacer lo de siempre, hazlo tan bien que dé hasta rabia. 

 

Jose A Cano (@caniferus)

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