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3 Caminos: Precioso anuncio de 8 horas de la Xunta de Galicia

Tan bonita como previsible y vacía.

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En 3 Caminos seguimos a un grupo de peregrinos que realiza el Camino de Santiago en momentos diferentes de su vida: 2000, 2006 y 2021. Un pianista coreano, un bombero mexicano, una activista ecologista alemana, un italiano superviviente y una cantante española cuyas vidas cambian, evolucionan y se ven marcadas por conocerse y recorrer el camino hasta Compostela a lo largo de etapas en las que maduran como personas.




Ay, qué pereza todo.

A 3 Caminos no se le puede poner una pega técnica. Es muy bonita, como buen folleto turístico. Está bien dirigida y cumple con sus objetivos. El guión, para lo que quiere hacer, es de manual. Los actores cumplen con lo que se les pide, que tampoco es demasiado. No puede uno decir que 3 Caminos sea «mala». Simplemente que es anodina. Una cosa inofensiva, vacía, repleta de buenos sentimientos y de homeopatía de espiritualidad. Mete un par de reflexiones profundas para niños ricos estilo Paulo Coelho para fingir que tiene fondo y tira con eso.

Tiene sus detalles decentes y se nota que está pensada para el mercado internacional. La mayor parte de los diálogos, como corresponde a su reparto, son en inglés, y los conflictos son lo suficientemente líquidos y vaporosos como para que resulten intercambiables, aunque a veces se agarren a tópicos que producen un poco de incomodidad. Por otro lado la forma en la que se muestran los enclaves del Camino -León, Burgos, Logroño, la propia Galicia- está muy alejada de las ridiculeces en las que tradicionalmente han caído tanto las producciones propias como la extranjeras. Solo roza la tontería que salgan, así de pronto, dando consejos espirituales a los guiris, un par de pastores gallegos mágicos. Pero son anecdóticos.

 

3 caminos hacia este consejo de nuestro patrocinador

3 Caminos: Precioso anuncio de 8 horas de la Xunta de Galicia 2

3 Caminos es anodina. Transversal. Ni fú ni fá. Con estándares internacionales en lugar de locales, lo cuál ayuda con el presupuesto y hace que quede todo considerablemente más pintón. En este sentido Amazon como productora vuelve a ser como el Amazon normal: como le da igual vender libros que cianuro y quiere que se lo compre cualquiera, no tiene personalidad. La Xunta de Galicia y demás patrocinadores quieren clientes del tipo que sea así que al Camino se lo despoja de elementos culturales o religiosos concretos y se vende como una colección de bellos paisajes sin contenido en los que descubrirse a uno mismo en toda su mismidad.

Un teórico de la publicidad me corregirá, pero no sé si a algunas cosas que vemos en 3 Caminos se las puede llamar siquiera emplazamiento publicitario. Dejan a Blade Runner o Médico de Familia por cosas discretas. Una de las protagonistas necesita que la lleven a Burgos de urgencia y casualmente la recoge un camión con un logo de Estrella Galicia tan grande que más que invitarte a beber parece que te pida el voto. En cualquier bar de España para el desayuno siempre hay una ración de plátanos de Canarias con la pegatina del logo y la denominación de origen bien visibles. Las conversaciones dramáticas siempre se dan junto al cartel del hotel de 4 estrellas de turno.



Los personajes hacen el Camino varias veces a lo largo de sus vidas para que pueda haber una edición de primavera, otra de invierno y otra de verano. Uno de ellos pone una empresa de viajes del Camino accesibles. A otros dos casualmente les salen conciertos a lo largo de la ruta que iban a recorrer. Si tienen que parar a comer y hay una discusión en un bar, será en la mismísima calle Laurel de Logroño -que, por supuesto, este humilde plumilla les recomienda sin que nadie tenga que pagarle-. Además el último camino de 3 Caminos sucede, presuntamente, en verano de 2021. Ni una mascarilla, ni un cierre perimetral, ni una distancia social verán ustedes. Sirve casi de muestra de lo mala idea que es tener una economía basada en un sector tan volátil como el turismo.

 

3 caminos hacia los tópicos (y los spoilers)3 caminos

Tanto empeño le ponen a la parte de postal que se olvida de que los personajes y sus historias tengan algo de interés. Aunque no se puede decir que sean totalmente predecibles, sí que parecen hechos intentando cumplir una serie de ítems sin ofender a nadie ni que ninguno tenga una situación especialmente ofensiva para nadie. Como decía más arriba: todo es líquido, vacío, apolitico. Buenos sentimientos, familia elegida, conflictos básicos que toquen la patata -por supuesto, alguien muere y es rememorado en los puntos del Camino que se compartieron con esta persona-, etc.

Sí, uno de ellos sale del armario, pero se menciona en ese capítulo y ya, luego es un dato que desaparece de la vida del personaje. Sí, otra es activista ecologista, pero siempre de maneras muy folclóricas y ridículas. No sé si la Xunta de Galicia o Jeff Bezos saben que ninguna eurodiputada ecologista le tira pescado podrido por encima a sus rivales políticas mientras grita consignas, pero estaría bien que alguien del equipo que revisase estas cosas sí lo supiese. Porque ese momento tan ridículo en La casa de papel uno se lo come, pero en algo que pretende ser realista y profundo, no.

Luego está el tema de las representaciones. Luca, el personaje italiano, es tan tópico que ni siquiera cuando supera sus problemas de alcoholismo deja de ser un jeta que sablea pasta constantemente a sus amigos y fracasa de manera espectacular en cada negocio que emprende. Álex González hace de mexicano, y la verdad es que actúa un poco mejor que con su acento normal, pero si se han molestado en contratar a Cecilia Suárez para el papel tan secundario que acaba teniendo, ¿por qué no a un actor del país? Que ya que estamos, que desperdicio tener a esta mujer y a Verónica Echegui derrochando talento en esta cosa anodina de serie, espero que al menos les hayan pagado una morterada de dinero indecente.

En fin, 3 Caminos es un artefacto tan bonito estéticamente como vacío en todo lo demás. Un anuncio del Xacobeo que reduce el Camino de Santiago a una colección de estampas bonitas y sitios donde ponerse tibio a comer y la experiencia de la peregrinación a una especie de Erasmus para adultos en la que hacer amiguis internacionales. Una serie que no tiene más intención que conseguir que un diseñador gráfico finlandés afincado en Berlín y que cree que la UE no debería ayudar tanto a los vagos del sur porque si no, no aprenden, decida que para encontrarse a sí mismo y su propósito en la vida tiene que venir a gastarse sus euros multiculturales en copazos de rioja y pulpo a feira. Algo que empresarialmente será legítimo, pero que creativamente es una filfa.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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