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Películas españolas 2026

Absolución de Juan Alfredo Amil: Obesidad al desnudo

Un documental que muestra las limitaciones del género confesional, que no son solo las del presupuesto, también las de la autoexhibición
Absolución de Juan Alfredo Amil: Obesidad al desnudo 3

Absolución de Juan Alfredo Amil es la historia en primera persona de cómo este cineasta canario afrontó su obesidad mórbida. Todo comienza cuando se le programa una operación para extirparle un quiste que sería rutinaria para cualquier otra persona pero en su caso resulta peligrosa por la anestesia debido a su peso. A partir de ahí, Amil empieza a grabarse a sí mismo y su familia explicando el proceso y explorando las razones que lo llevan al autorrechazo, a la ansiedad proyectada en la comida y a otras circunstancias de su vida.

El cine confesional o autorreferencial, en el que el cineasta se convierte en protagonista retratando un aspecto que él mismo considera clave en su vida pero también que refleja algún tipo de cuestión social o ensayística, se ha convertido en un subgénero recurrente del indie español. Un documental de este estilo, en algunos aspectos hasta más kamikaze que el que nos ocupa, Contigo, contigo y sin mí, de Amaya Villar Navascués, está nominado a los Goya 2024. Y un impulso parecido, aunque más diluido, estaba en el ganador del Feroz Arrebato de No Ficción del año pasado, La visita y un jardín secreto, de Irene M. Borrego.

Un poco donde se lo juegan estos filmes es en la relevancia para el observador externo —la trampa del tema social, que no hace buena una película, por legítimo o de actualidad que sea este— o la forma en la que se transmite la experiencia. En esto último la mayoría de proyectos, realizados con escasos recursos, se juegan tener el acabado de un trabajo de clase, aunque sea uno muy bien hecho de fin de grado. Y en la primera condición, el de no ser un panfleto egocéntrico. Porque no, todas las tragedias personales no tienen por qué ser relevantes.

Absolución de Juan Alfredo Amil: Obesidad al desnudo 1

Absolución de Juan Alfredo Amil, así, con el nombre del director incluido en el título, llega a momentos muy extremos, que no está claro hasta qué punto se han recreado, de contar mediante audios las discusiones del protagonista con su familia o su pareja. Discusiones en parte parecidas a las de cualquiera, pero también que van muy lejos, hasta recoger insultos graves de ida y vuelta y alcanzar el punto de resultar incómodas. Son conflictos que van surgiendo poco a poco en la película y cuya resolución es casi en elipsis, sin que Amil se moleste en detallar sus orígenes o explicar su superación, de existir esta.

La película en gran parte es consciente de lo que comentábamos más arriba: las expectativas posibles ante un documental confesional de este tipo. Amil hace explicito su proceso creativo, desde las limitaciones que se impone a sí mismo hasta la planificación de determinados planos o secuencias que luego rechaza. Uno troncal a la supuesta revisión de su ego es el que lo enfrentará, desnudo, a una serie de espejos, de manera que no podrá evitar ver su reflejo. Finalmente no lo graba, pero sí acaba rompiendo los mismos, como representación, debemos entender, de ese autorrechazo egocéntrico del que quiere desprenderse.

Por otra parte, de dejan de lado, de diferentes maneras, recursos que podrían haberle dado un extra de interés cinematográfico a esta Absolución de Juan Alfredo Amil. Por ejemplo, la representación de sus tics nerviosos, que llegan a afectar a su relación con su familia, y que la mayor parte del tiempo nos llegan verbalizados. Por supuesto, estaríamos hablando de nuevo de un grado de exposición extremo, así que es humanamente comprensible que el director lo evite, pero también te marca a las claras por qué quizás determinadas experiencias son complicadas de transmitir desde el espíritu documental.

Absolución de Juan Alfredo Amil: Obesidad al desnudo 2

Amil se cuida mucho de pretender que su experiencia con la obesidad se representativa de o para nadie. Aunque acaba grabando el inevitable plano en el que se lo ve comer por ansiedad, la mayor parte del metraje y su propia narración asume que sus problema son suyos y solo suyos y además la obesidad es una consecuencia, no la causa. La operación rutinaria que puede costarle la vida es la bisagra, desde la conciencia de su propia mortalidad y cómo afecta eso a su vida familiar y en pareja hasta el momento en que decide actuar sobre su peso.

Aunque se agradece que una película de este estilo no desee dar un discurso ejemplarizante de ningún tipo, la manera de alejarse de ello es la que la despeña hacia el producto de culto al ego. Quizás Amil necesitaba confesión por momentos visceral y descontrolada, pero su deseo de atribuir a sus problemas y solo a ellos todo el proceso hacen que se trate simplemente de la historia de un tipo que por miedo a morir se acaba haciendo un by-pass gástrico.

Concluyendo, si ello es posible. Es interesante enfrentarse a Absolución de Juan Alfredo Amil, pero es una película con muchas limitaciones. Obviamente quien quiere o necesita rodar este tipo de documentales de exposición extrema de la propia vida está en su derecho, pero como subgénero —voluntario o no— aspirante a un cierto de prestigio y festivalero deberían tener la vida corta que les otorgue su propia condición de títulos ombliguistas.

Imágenes: Absolución de Juan Alfredo Amil (Montaje de portada: Cine con Ñ)
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.