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Series españolas

El Pueblo T4: Hubiere que hacer pueblo

La contraparte "neorrural" de 'La que se avecina' y 'Aquí no hay quien viva' se despide fiel a su estilo: más tierna que sus hermanas mayores, pero disparando a todas partes con ametralladora
El Pueblo T4: Hubiere que hacer pueblo 1

En la cuarta temporada de El pueblo los peñafrienses se enfrentan a nuevos retos ahora que por fin el municipio palpita una vez más. El matrimonio de Nacho y la Balbina se enfrenta a duras pruebas, en concreto, la de los hermanos de ella, que quieren meterlo en sus negocios poco claros. El Ovejas y el Arsacio prueban con las citas rápidas para buscar pareja. Y un par de nuevos negocios pequeños y locales surgen en el pueblo, uno de comer caracoles y otro de carne vegana. Con lo que no cuentan es con el regreso de Juanjo, ya diagnosticado como mentiroso compulsivo.

Y chimpún. La contraparte rural de La que se avecina se convierte en la primera serie que los hermanos Caballero finiquitan motu proprio, convertida en un éxito moderado, nunca tan apabullante como el de sus hermanas urbanitas o el reciente impacto de la algo más pija Machos Alfa. Lo hace, como comentábamos por aquí con la entrega anterior, convertida en un artefacto políticamente impepinable: toca tantos palos a la vez y de forma tan cafre, que no puede tener término medio, o cabrea a todos, o a ninguno.

Esto es así también porque la cuarta temporada de El pueblo, más que otra cosa, lo que aspira a entretener y a que te rías, a cualquier precio. La serie es a la moda del neorrural que arrasa nuestro audiovisual durante el último lustro lo que el Real Madrid de Ancelotti al Manchester City de Guardiola, no sé si me explico. Solo que Guardiola es millonario y el cine indie no, y aquí quien tiene detrás al monstruo, Prime Video, estrenando antes que el abierto indicando quién manda aquí, es el que no aspira a reinventar la rueda, solo a hacer su trabajo.

El pueblo somos todos

El pueblo T4

Claro, establecidas esas reglas, es difícil reprocharle nada. Porque El pueblo se columpia, se columpia muchísimo, pero lo hace porque no le importa. Sabe que necesita tratar una serie de temas y que debe llevarlos al absurdo para que tengan gracia, así que lo hace procurando que en el fondo todos sus personajes sean buena gente, hasta el que se comporta peor, quitando uno o dos para que haya villanos. Además, y como casi siempre, más que ridiculizar a nadie por su idiosincrasia, intenta sacar comicidad del contraste entre las de cada uno, sin ir a humillar.

La gracia de Peñafría es que, al contrario que la panda de miserables personajes de Bruguera de La que se avecina, los de aquí aceptan a todo el mundo. Por muy friki que uno sea, es uno de los nuestros, como, presuntamente, en las versiones más idealizadas de nuestros pueblos. Con toda la burricia de las familias que marcan como vacas al cuñado nuevo, con todo lo poco que entienda el Arsacio la idea de no binarie, en el momento que te llaman ‘el’ algo, cuando tienes mote, ya eres de aquí. Y puedes ser «el elle» y que sea tan tierno que no suene faltón (aunque un poco sí).

Además, es que primer episodio de esta cuarta temporada de El pueblo tiene una discusión entre dos de los personajes más hippies, la animalista y la ecologista (sí, no es lo mismo) que es graciosísima precisamente porque ha recogido argumentario real de los debates al respecto («La soja es mala para el medio ambiente y tú te la comes», «¡Pero la soja no sufre, el caracol sí!») y las actrices lo interpretan como si no supiesen que están en una comedia (el tercer personaje que lo observa no, ese lo hace cómico, pero claro, son las reglas).

Con ametralladora

El pueblo T4
Cuarta temporada de El pueblo Prime Video

Por otra parte, hay que reconocer que al menos esta gente se atiza a sí misma, de manera entendemos que incluso preventiva. El centro de desintoxicación que monta en el pueblo el personaje de Carlos Areces quiere especializarse en profesionales del mundo del cine, y por el camino, para blanquear, intenta producir una película (¡parodia de Albert Serra!), porque con el boom del audiovisual las subvenciones te las regalan. Poesía, sobre todo porque la serie ha gozado de incentivos fiscales (ergo, ayudas públicas) de más de una administración.

Quizás de ahí vienen algunos de los chistes más faltones de la cuarta temporada de El pueblo: las habitaciones del centro tienen nombres de famosos que han tenido problemas con las drogas (Maradona, Antonio Flores, Amy Winehouse). Aunque la palma se la lleva ver a Cándido (enorme Ángel Jodrá), el alcalde, convertido en viral y en candidato de una versión ficcionada del partido de la España Vaciada. Que acude a un acto del ministerio en el que la preocupación es que Echenique no atropelle a Feijóo con la silla.

En fin, que la cuarta temporada de El pueblo es un final a la altura de las anteriores, con su respeto por sus personajes pero ningún miedo a dejarlos en ridículo o como unos miserables. Y tiene ese tono tan de las series de sus creadores que pasa de la fina ironía galdosiana al Ozores más rijoso sin cambiar de escena ni que los actores muevan una ceja fuera de sitio. El neorrural también era esto. De hecho, quizás era más esto que ninguna otra cosa, y nosotros sin saberlo.

Imágenes: Cuarta temporada de El pueblo – Prime Video
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.