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La casa de papel T5, episodios 1 y 2: Más grande, más largo y sin cortes

La última temporada de la serie de Vancouver Media empieza con todas sus señas de identidad exageradas pero apuntando tímidamente a algo nuevo

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La casa de papel T5 lo retoma donde lo dejó la anterior, con Lisboa dentro del Banco de España, Sierra descubriendo el escondrijo de El Profesor y el coronel Tamayo a punto de ordenar un ataque militar contra los secuestradores. Con Murillo al mando del golpe, la misión de la Banda es, una vez más, dilatar las acciones de la Policía todo lo posible para poder sacar el oro mientras esperan que El Profesor se libere.

En su temporada final, que veremos partida en dos de aquí a diciembre, La casa de papel lo fía todo a la ensalada de tiros aderezada con momentos de parón para el culebrón y las soluciones imposibles de El Profesor. Es decir, aunque apunte a alguna sorpresa en los próximos episodios, a lo que siempre ha hecho. Otra cosa es que es fórmula, por lo que sea, no nos guste, o nos hayamos cansado. Pero la serie va de frente y sigue con lo que la llevó al estrellato mundial. Es la única serie española que nos queda con esta capacidad de convertirse en Acontecimiento, qué vamos a hacer.

Los cliffhangers de La casa de papel y sus tráilers, teasers, adelantos, gromenauers y demás mienten, como miente El Profesor, cada vez que puede. Te anuncian una cosa y te dan otra. Parece que van a matar a tal personaje y el que pasa a mejor vida es el de al lado. Te dicen que este asalto, ahora sí que sí, es el definitivo que acabará como el Rosario de la Aurora y luego no, será el siguiente. Pero bueno, es como quejarte de que te has hecho socio del Rayo y no ganan la Liga. La culpa no es del Rayo, el que está muy perdido en la vida eres tú.

Crítica de La casa de papel T5, episodios 1 y 2, sin spoilers

La casa de papel T5, episodios 1 y 2: Más grande, más largo y sin cortes 1

Los dos primeros capítulos vuelven a hacer el eterno juego de trilero de la serie de anunciarte una amenaza y acontecimientos relevantes del plan de robo de la banda y luego dilatarlo en el tiempo con otra dificultad interpuesta e inesperada. La novedad aquí es que, se supone que por primera en cinco temporadas, los ladrones con nombre de ciudad van a actuar sin la ayuda de El Profesor, nuestro Moriarty de buen corazón o Conde de Montecristo de gran presupuesto.

Por otra parte, y como era tendencia desde el aterrizaje en Netflix, La casa de papel abraza de forma cada vez más descarada sus referentes POP más allá de Tarantino -que no deja de estar presente- y se desliza, quizás peligrosamente, hacia el homenaje al cómic -que no al cine- de superhéroes, presentándote hasta supervillanos de última hora con habilidades especiales.

En lo visto hasta ahora, la apuesta parecen fuegos artificiales muy pasados de vueltas, que metan a los héroes en dificultades extremas -heridas físicas y mentales, traumas, camaradas muertos…- y aumenten los decibelios de las explosiones. Pero los flashbacks, con los personajes nuevos ya anunciados en las previas de Miguel Ángel Silvestre y Patrick Criado, y la subtrama de El Profesor una vez más pillado en su cubil, se anuncian quizás tramas si no completamente nuevas al menos sí que den el contrapunto necesario de desarrollo de personajes.

Berlín, por cierto, sigue por ahí, en unos recuerdos que no acaba de estar claro quién evoca o cómo los conoce la voz narradora de Tokio -aunque ponerle esta pega es una pijada semejante a quejarse por las presuntas lagunas de guion de Thor: Ragnarock-. Nuestro villano favorito sigue viviendo en un pasado que rima tanto con el presente de su hermano y la Banda como la temporada 1 con esta, pero que no está claro aún como va a encajar con la historia que ya conocemos de él.

El amor en los tiempos de la cólera

La casa de papel T5

Otra cosa que ya se intuía en la temporada 4 y que las dos primeras entregas de La casa de papel T5 parecen confirmar es el progresivo desquicie de la serie. Como si la primera parte de la serie -la emitida en abierto por Antena 3- y la segunda fuesen la misma persona, pero la segunda hubiese dejado la medicación, si se me permite la metáfora. No es solo el aumento del presupuesto para comprarle gadgets cada vez más guapos a El Profesor, es que la serie va cada vez más loca, sin freno.

En este caso, en el discurso político siempre presente de la serie, decidida ya no a hacer metáforas con las inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo sino directamente a tratar al Estado como a un ente malvado por definición, que es tanto como rozar la antipolítica por mucho que lo adornes de Bella Ciao. En cómo se resuelvan ciertas tramas de El Profesor estará el tomate. Pero si en 2017 reflejaban el cansancio con la crisis anterior, en 2021 La casa de papel viene a decirnos que el Covid, la crisis climática y todo lo demás nos tienen al borde de la locura carcelaria.

Tres cuarto de lo mismo en cuanto al nuevo giro de presunto feminismo con Lisboa -«mi Profesora»- al mando, el paseo descalzo de las tres secuestradoras a tocarle la moral a Tamayo o las decisiones de Estocolmo, que deberían no ir acompañados de los eternos tics misóginos de Vancouver para ser creíbles. Que empiece el Matriarcado, que llevamos cuatro añazos esperándolo.

Cuando hayamos visto esta primera entrega de la T5 podremos analizar hacia dónde va exactamente el nuevo retruécano de La casa de papel. Hasta entonces la conclusión es que sí, es más de lo mismo, pero que eso no es malo. Solo te están repitiendo lo que te trajo hasta aquí, con esos personajes a medio camino entre la tragedia y la parodia, esas situaciones de acción imposible y ese sonarle los mocos a un poder omnímodo y desquiciado que, ay, al final es más realista de lo que queremos pensar.

Puedes ver La casa de papel online aquí.

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