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Series españolas

La caja de arena: Portaos bien

Contiene representaciones más realistas y positivas que otras series adolescentes, pero no logra superar su propósito divulgativo, que la encorseta
La caja de arena: Portaos bien 1

La caja de arena es la historia de un caso de acoso en un instituto de Secundaria que termina en suicidio. Una psicóloga entrevista a varios de los menores implicados, desde el futbolista que cometió un fallo en un partido decisivo y empezó a sufrir burlas y ataques hasta su hermano, los propios acosadores y otros testigos. Por el camino, el espectador aprende que la violencia es un proceso, no un suceso, y que en lo que ocurre no existen blancos ni negros, sino problemas emocionales.

Esta serie de Atresmedia, disponible en Atresplayer pero también en emisión en abierto en Neox, es una cosa rara. Produce Buendía Estudios, pero junto a MKTG Spain, una agencia de marketing y publicidad que se dedica a producir historias «con valores», digamos, forma parte de un gran conglomerado —Experientia Group— y lo mismo trabaja con Fundación Mapfre que con Coca-cola… o en este tipo de producto, cuyos objetivos son explícitamente de concienciación. Es una continuación explícita del documental Somos Únicxs: las caras del bullying y ha contado con la asesoría de la Asociación NACE (No al Acoso Escolar).

Es decir, que no estamos, necesariamente, ante la serie adolescente por defecto de turno. Es una ficción cuyo propósito explícito es servir de vehículo de divulgación contra el acoso escolar y que su público sean estudiantes de instituto, lo cual provoca que los personajes, las situaciones y su desarrollo se adecúen a ello. Como cualquier serie, dirá alguien. Bueno, sí y no, y con sus cosas buenas y sus cosas malas.

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Es curioso que el hecho de que La caja de arena aspira a ser divulgativa y luego entretenida, y no a la inversa como es lo habitual, y por eso mismo sus representaciones sean más realistas. El centro público es uno de verdad, la casa donde viven los dos hermanos protagonistas es un piso enano de familia de barrio y demás. De hecho, aunque sea enano, el equipo ha podido colocar las cámaras en según qué lugares para expresar cosas sobre la relación entre los personajes según las alturas, aunque no sea lo principal aquí. No sé, por mencionarlo.

La historia luego es un poco de manual, en parte suena a prefabricada, pero no mucho más que la de cualquier otra serie adolescente. El protagonista es futbolista en las inferiores de un equipo de Primera —el Rayo Vallecano, sin pasarse tampoco— y falla un penalti decisivo, así que sus antiguos amigos, en parte celosos porque su dedicación al deporte lo había ido apartando del grupo, empiezan a maltratarlo. El hermano mayor de la víctima, que es gay y también con fama de macarra precisamente por su actitud defensiva debido a esto, lo defiende ante los abusones. Mientras, él se recupera poco a poco al hacerse amigo de una chica que también juega al fútbol y vuelve a disfrutar del deporte.

Sí, todos esos elementos están ahí para lo que están, que no está mal que lo estén —¿quién va a estar en contra de que los chavales aprendan a no pegarse y a normalizar cosas, así en general?— aunque a ojos de adulto uno no se pregunta si resultará demasiado prefabricado. Esta serie está pensada para ponerla en clase, y cuando algo se le ven tantos las costuras —quizás un poco como le pasó a La edad de la ira, aunque es culebronizaba más—, el mensaje patina, porque el receptor, que encima es adolescente y el cuerpo le pide rebeldía, se da cuenta.

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En fin, que dadas todas estas circunstancias, es difícil saber cómo valorar la serie. Los hechos se ven desde diferentes puntos de vista, de manera que volvemos a varias escenas cambiando de personaje, y eso tiene un sentido y una elaboración dentro del discurso audiovisual. Es una serie competente a nivel narrativo, digamos. Pero queda por encima ese objetivo de que queden claro los valores que lastra incluso cuando se muestra la indefensión del chaval víctima original del abuso. La contraparte buena es que sus chavales parece de verdad, y no tópicos o fantasías de un adulto. Y los personajes mayores son idiotas o benévolos de forma realista.

Y eso que la parte del suspense, más o menos, funciona. Se pierde un poco a veces, y casi que descarta algunos personajes de partida, de manera que por momentos parece una parodia de otro tipo de series con su drama de partida, pero funciona. No sé quién ha sido la persona en cometer suicidio, no acaba de estar claro con quién habla en cada momento la psicóloga con la caja de arena, y eso tiene un objetivo sobre el ciclo del bullying, el maltrato y que nadie, en principio, está libre de pertenecer a cualquier punto del mismo.

Como ya está tocando la campana y hay que recoger, concluiremos que La caja de arena hace bien lo que quiere hacer, pero es posible que por eso mismo no sobreviva a un primer vistazo. Cuando tu público objetivo es el que es, decirle que se porte bien de forma tan directa, aunque se intente reflejar a modo de escala de grises, tiene el riesgo de convertirte en una serie demasiado pegada a su momento. Veremos el resultado.

Imágenes: La caja de arena – Mario Martín/Atresmedia

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).