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Series españolas

Intimidad: No basta con tener una buena idea

La serie de Netflix entierra sus aciertos dramáticos o narrativos bajo varias capas de diálogos que toman por tonto al espectador
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Intimidad sigue a Malen Zubiri, concejal del Ayuntamiento de Bilbao y aspirante a alcaldesa de la que se filtra un vídeo sexual que pone en peligro su carrera política. Su caso coincide con el de otra mujer, una trabajadora de la industria, que sufre un chantaje similar y además es acosada en su lugar de trabajo. La serie explora las consecuencias en ambas mujeres y su entorno, además de las ramificaciones políticas que se van produciendo.

La línea que separa el ejecutar una obra con cierto «mensaje político» por convencimiento o por moda comercial puede estar no tanto en las intenciones como en la ejecución. Intimidad tiene un planteamiento potente pero le cuesta arrancar y en muchos momentos se pasa de querer refregarle al espectador la moraleja, por si no le ha quedado clara con el argumento en sí.

Quizás sea un problema de expectativas. Con Verónica Fernández con unas posibilidades creativas que quizás solo haya tenido en Hache (mucho menos discursiva con su parte digamos, política, que Intimidad) y Laura Sarmiento, Koldo Almandoz o la misma Itziar Ituño en el paquete, uno esperaba un drama político con toques de las miniseries de EiTB tipo Alardea u Hondar ahoak y algún apunte de la parte más judicial de Caronte o la crítica social de La zona. Pero, aunque un poquito de todo eso hay, el resultado es más bien ramplón y previsible.

Crítica de Intimidad con spoilers

Intimidad

Intimidad no es «lo de siempre» en el fondo, pero sí en la manera de contarlo, con un diálogo permanentemente expositivo que juega en contra de su propio guión. Es como si la serie no se fiase del público… o de sus propios personajes. La agente de policía que interpreta Ana Wagener recibe escenas impropias en las que echa broncas a los interrogados que fastidiarían cualquier investigación del mundo real porque Netflix parece más interesada en dejar claro que esto es un producto megacomprometido antes que en hacerlo de forma creíble.

Como nos conocemos ya, subrayaré que el problema no es el caso que se presenta ni el enfoque que se le da, sino la forma de contarlo, que toma por idiota al espectador creyendo que si no le restriega por la cara lo que pasa no se va a enterar. Ya nos damos cuenta solos de que el acoso sexual es una cosa muy grave cuando lo muestra el argumento, no hace falta que los personajes lo digan en voz alta sin venir a cuento. Esta ejecución torpe también se ve en el drama paralelo al de la protagonista, el del abuso que sufre el personaje de Verónica Echegui. Se presenta como si fuese un thriller, creando la expectativa de que, de forma bastante poco realista, ambos casos estarán relacionados. Cuando la solución es más verosímil, gana la calidad del guión pero la forma de narrarlo ha sido fallida.

En fin, la serie tiene dos capítulos finales propios de un producto notable o más que bueno, pero una forma de llegar a ellos dispersa. Por poner un ejemplo, se puede plantear un relato crítico sobre determinadas circunstancias de discriminación (como hacía Ryan Murphy en Hollywood ) y luego darle vuelta con un final excesivamente «perfecto» en el que todo pasa «como debería» según el enfoque de la serie. Pero para eso toda la primera parte tiene que establecer ese deseo de final redondo e imposible siendo lo más creíble posible y sin hacer tan obvio el activismo del guión. Y aquí no se consigue.

A favor y en contra de Intimidad

Intimidad: No basta con tener una buena idea 1

Hay buenos detalles en el planteamiento de Intimidad que revelan la serie buena debajo de la ramplona, como la forma de encajar el monólogo interior del personaje de Echegui con las situaciones de otros personajes o detalles escénicos como las pastas y el zumo sin tocar colocados en mitad de la mesa en cierta reunión o un momento zapatos vs zapatillas. También el arco del marido y el padre de la protagonista, cada uno a su manera, son notables. Y la subtrama de la hija, que huye de todas las obviedades posibles y aún así consigue establecer una historia paralela a las dos principales muy potente. Ni mencionar las interpretaciones, que todas las actrices estén bien es pecata minuta con este reparto.

Pero en contra le juega que las partes más impactantes de las subtramas principales se presentan fatal, no ya de forma obvia, sino de forma obvia… y confusa. Muchos diálogos, ya lo he dicho, parecen más tuits del Ministerio de Igualdad que algo que diría una persona en una situación de tensión. El «villano» es de juzgado de guardia, porque se verbaliza que en la vida real no existen los archienemigos… y luego lo es, es una caricatura que solo dice topicazos. Y, por favor, a ver cuando crecemos. Si en Francia y en EEUU se puede, en España también: el partido de la protagonista es el PNV, no pasa nada por decirlo.

Concluyendo, admitiremos también que es posible que a Intimidad le pesen muchísimo las expectativas. Con un reparto espectacular, mucha experiencia y oficio en el equipo y un tema potente que pocas veces se ha tratado de forma efectiva en la ficción española, esperábamos algo más que unas pocas secuencias brillantes repartidas en mitad de un folleto de concienciación que cree que si no grita una moraleja no nos vamos a enterar bien de lo que quiere decir. O igual soy yo, que veo demasiadas series y estoy muerto por dentro. Pero no veo incompatibles que todas estas explicaciones sean ciertas.

Imágenes: Intimidad – David Herranz/Netflix
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.