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CRÍTICAS

Golpes: Un thriller de época para recordar que el cine quinqui siempre fue político

Rafael Cobos dirige la historia de dos hermanos enfrentados por la figura de un padre represaliado, una balada pop de los derrotados
Crítica de 'Golpes', película de Rafael Cobos

Golpes sigue a dos hermanos, Migueli y Sabino, hijos de un represaliado durante la posguerra. Es 1982, se acercan las elecciones generales, y Migueli acaba de salir de la cárcel. Desde hace años se dedica a atracar bancos y empresas de viejos fascistas para financiar la compra del terreno donde, se supone, está enterrado su padre. Ahora ha vuelto a reunir a la banda para una última cadena de robos. Su principal escollo es el propio Sabino, que ahora es policía y ha recibido la orden de detenerlo.

Rafael Cobos debuta en el largometraje después de ponerse tras la cámara por primera vez en la serie El hijo zurdo (2023), escribiendo en este caso junto a Fernando Navarro, con el que ya trabajó en el guión de Toro (2016), de Kike Maíllo. Regresa a su época fetiche, la Transición, aunque trasladando el marco habitual, que suele abarcar más Guerra Civil y el franquismo en sí o al menos los 70, a plenos años 80 y la inminente victoria socialista, lo que le permite jugar con el formato de un cine quinqui ya plenamente establecido.

Golpes viene a ser otra vuelta de tuerca al revisionismo de la Transición por parte de uno de los autores que lo iniciaron, allá por los tiempos de La isla mínima (2014), de Alberto Rodríguez. Se trae consigo a un eterno secundario de esas películas, Jesús Carroza, dándole uno de los pocos y sufridos protagonistas que le caen, al estilo del pastor de cabras en el fin del mundo de Apagón (2022) precisamente en el capítulo perpetrado por Rodríguez y Cobos, quizás el mejor de la antología.

La memoria está en los golpes

Crítica de 'Golpes', película de Rafael Cobos con Jesús Carroza y Luis Tosar
©Julio Vergne

Cobos trata en Golpes el destino de las familias de los vencidos sin la habitual poesía o sensación de justicia a la que estamos acostumbrados, también sin elipsis piadosas. El quinqui, que fue una suerte de western adaptado a la circunstancias, con héroes populares que fastidian al establishment, abraza en esta película su nunca confeso componente político presentando a un «Robin Hood sevillano» que asalta joyerías de falangistas para pagar la exhumación de su padre, asesinado en la posguerra de un miserable tiro por la espalda.

Si ya El 47 (2024) o Las abogadas (2024), amén de otras revisitaciones recientes de la época, no tenían empacho en vincular la pobreza con el bando derrotado en la guerra —que no fueron solo los intelectuales exiliados en América o Francia, sino millones de obreros y campesinos—, Golpes directamente pone en boca de Migueli que, quizás, si su padre no hubiese muerto, él no sería un delincuente.

Los dos hermanos, cuya terna completa Luis Tosar, vienen a representar las opciones de las familias de los represaliados, con el mayor, Sabino, optando por la supervivencia e incluso por mimetizarse en la sociedad nacida de los valores de los vencedores. La banda del menor, entonces, está formada por expulsados de la sociedad, bien por pobre, bien por maricas, vagos y maleantes.

La evolución de los hermanos y su entorno conforme avancen los hechos y se precipite la tragedia es previsible, pero no necesariamente aburrida. El guión tiene la decencia de no volverlos antagónicos, antes bien, los presenta con una relación relativamente sana pese a las tiranteces. Y el final que les otorga es el de victoria amarga o derrota gloriosa: los dos habrán conseguido los objetivos que tenían al empezar la acción, de una forma u otra, pero a costa de un precio que los vuelve vacíos.

Los golpes los da el género

<strong>Golpes</strong>: Un thriller de época para recordar que el cine quinqui siempre fue político 1
©Julio Vergne

Golpes es una película que abraza, además, el género y la ambientación, si no costumbrista, al menos, como la ha bautizado el propio director, identitaria. Los bares de transformistas están sacados más del cine de la época que de la época en sí, igual que la vestimenta de los protagonistas o el modo de organizar los atracos —con la ironía de que el fallido será cuando abandonen su papel de «Robin Hood» y roben salarios ajenos—. A la vida real remiten más los callejones de atrás, aunque la forma sea cinéfila, y no realista.

En parte esa construcción habla también de la relación fallida con la Memoria Histórica de la que quiere hablar. Si Golpes —que no es una película perfecta y le sobran subrayados, flashbacks y más de un diálogo explicativo—, se presenta en clave de pop del momento al que remite, no es solo para hacer explícita la política implícita que conllevaba aquel, sino para recordarnos nuestra relación mediatizada con la historia que compone. La generación del personaje de Carroza no ha podido ver las exhumaciones a las que aquí se aspiran fuera de tiempo.

Guardando la pala, Golpes es un thriller efectivo, y con un reparto muy bien colocado cada uno en su sitio, que ha sabido recuperar la carga popular del quinqui sin recrearse innecesariamente en su estética, o al menos sabiendo que traerla a la actualidad no puede ser un capricho juguetón, sino que debe tener unos motivos temáticos. Es la balada pop de los derrotados, recordando que el respeto a los muertos siempre llega demasiado tarde, cuando quizás ya no sirve para nada.


Dónde ver

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.

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