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Críticas

Esto no es Suecia: Pero allí les da menos el sol

Una de las comedias más negras recientes, cuyo tono cínico y realista y su parodia del pijoprogre aspiracional se salen de lo acostumbrado
Esto no es Suecia: Pero allí les da menos el sol 1

En Esto no es Suecia Marian y Samu son dos padres que se mudan al barrio barcelonés de Vallvidriera en busca del colegio con el enfoque pedagógico que siempre han soñado para sus hijos. Su ejemplo a seguir es Annika, la vecina sueca, que lleva siempre a sus hijos en bicicleta y vive la vida a la que ellos aspiran. Pero no todo es idílico en la familia de esta, y una desgracia está a punto de cambiar la dinámica del barrio, del colegio e incluso de las reuniones de padres con una psicóloga experta que organizan Samu y Marian en su casa.

Ya hablamos un poco de esta serie cuando se estrenó su primer episodio en el Serielizados Fest (curiosamente en la edición Madrid siendo una producción ambientada en Barcelona, pero bueno, cosas de RTVE), y ahora que ya se han visto varios episodios en TV3 y se encuentra completa en RTVE Play, toca repasarla entera. Si algo había de cierto en la advertencia de los creadores es que el episodio uno era una especie de prólogo, su final, que no podemos desvelar, es lo que provoca todo lo que viene después.

Esto no es Suecia llega, por cierto, nominada a Mejor Serie de Comedia a los Feroz, donde lo tendrá bastante difícil para ganarle a Poquita Fe y parece estar nominada casi por compromiso, pues no aspira a ningún otro galardón. Pero bueno, algo tendrá el agua cuando la bendice. Para empezar, tiene dos cosas raras en estos tiempos y que son de agradecer: es una coproducción europea, que hasta el Observatorio Audiovisual de la UE se sorprende de lo poco que mira nuestra industria al norte de los Pirineos dado su volumen, y es humor negro, negrísimo, y sin redención, en un tema que suele ser tabú para ello como el de las familias y la crianza.

Esto no es Suecia: Pero allí les da menos el sol 2

Decíamos que la serie se ríe de los pijoprogres barceloneses —aunque es extensivo a los de otras latitudes— y que los personajes se desvelan como tales porque todas sus soluciones a la envidia que les da la sueca (que tuvo, o eso creen ellos, una baja maternal de dos años financiada por el Estado y un montón de cosas socialdemócratas) pasan por el egocentrismo, el individualismo y la tontería. Esto, que viendo los dos primeros episodios se hace evidente, a partir del tercero o cuarto ya es el despiporre. La serie no es que se ría de sus protagonistas, es aunque les dé algún descanso, le caen fatal.

Así que al sentarse a ver Esto no es Suecia hay que estar dispuesto a entender que la parte de las terapias de grupo sobre crianza en la intro de cada episodio es en serio, pero el resto no. Los testimonios están basados en casos de madres y padres reales, pero la manera en la que los viven Mariana y Samuel siempre será la más ridículo y miserable por su parte. El colmo es el motivo de la amistad de ella hacia Annika, y la manera en que esta se desarrollará: aunque la sueca no lo sabe, los espectadores somos conscientes todo el tiempo de que a la española le preocupa más lo que de ella misma ve en la otra que cualquier cosa que le pase a ella.

En general el guión de Esto no es Suecia funciona como un tiro y juega a la vergüenza ajena, a darnos contexto para que entendamos la tontería extrema de la pareja protagonista y sus alrededores y nos veamos un poco reflejados en algunas situaciones, según cojee cada uno. Todo más o menos desde la sutileza, excepto un par de momentos que se pasan de burros y rozan el laqueavecinismo —que no es malo, simplemente no encaja con el tono más realista y cínico de esta serie—, como la «orgía» o la resolución del último episodio, que ya directamente es de Cosas de casa cuando se les fue la pinza y Carl Winslow parecía un oligofrénico todo el tiempo.

Crítica de la serie Esto no es Suecia RTVE Play TV3

Parte de la gracia es que además Aina Clotet es cocreadora de Esto no es Suecia, Marcel Borràs es su pareja, tienen dos hijos y se mudaron a ese mismo barrio. Así que la serie es una autoparodia muy cafre. Aunque sepamos que ella no va por ahí revendiendo alfombras del tercer mundo al mejor postor inventando discurso lacrimógenos. Los acompaña un pequeño star system de la interpretación catalana, con cameos de Nora Navas —el cameo de lujo de todas las series españolas recientes—, Nausicaa Bonnín —para salir siempre llorando, pero es que para eso hay que saber—, Anna Moliner, Pol López… Aunque la subtrama guapa guapa se la llevan Tomás del Estal e Ia Langhammer, en un homenaje ¿involuntario? al landismo digno de elogio.

Por ponerle una pega a Esto no es Suecia, más allá del par de chistes cuya ejecución o se va de tono o es que venía mal de fábrica, volvemos a lo mismo: como crítica a las comidas de tarro y el narcisismo del pijoprogrerío patrio —que intuimos por lo que se plantea aquí que en los Països Catalans debe ser particularmente insufrible— está muy bien. Como oferta de alternativas, no. Claro que ese no es el trabajo de la ficción, ni nunca lo ha sido, pero ver de repente, en una serie que se sale tanto de lo acostumbrado, chistes de divorciados que «se lo merecen» por echar canitas de inseguro al aire y tienen que volver a la casa paterna, chirría.

Como ya está sonando la campana, vamos a decir que Esto no es Suecia es una de las comedias más inteligentes de este año, que no llega a más porque en un par de ocasiones decide mascar el chiste por si no nos hemos dado cuenta, pero que resulta novedosa porque hace el cafre con cosas con las que normalmente un guión de una serie, española o no, no se atreve. En fin, que queremos más de esto, no necesariamente un ‘Esto no es Finlandia’ dedicado al mundo de la informática o similar, pero al menos atreverse a contar otras cosas con menos vergüenza y con tonos menos complacientes.

Imágenes: Esto no es Suecia – RTVE Play

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).