Críticas
Élite 8: Rendirse y entregar las armas

Still de la temporada 8 de 'Élite'. ©Matias Uris / Netflix España. Montaje: ©Cine con Ñ
Élite 8 arranca con la llegada a Las Encinas de los representantes Alumni, la asociación de antiguos alumnos del centro, que busca nuevos reclutas. Contactos que pueden abrirte las puertas al éxito en el mundo profesional, pero que no se consiguen a cambio de nada, y que pondrán a prueba la ambición de Joel o Chloe por desclasarse. Al mismo tiempo, Isadora se enfrenta a la posible ruina de su negocio y Omar sigue buscando un trabajo para sobrevivir, aunque ahora recibirá el apoyo de su hermana Nadia, que regresa de sus prácticas en la ONU.
Todo lo que empieza tiene que acabar, y la serie teóricamente juvenil de Netflix, que al ritmo de cancelaciones de estos años se había convertido en una de las más veteranas que quedaban en parrilla, dice adiós. Lo hace, al César lo que es del César, se ponga tibio de ostras o de caracoles, como referencia. El resto de “series de instituto” o “juveniles”, al menos en el ámbito hispanoparlante, o la copian o la impugnan.
Élite es, o era, el enemigo a batir, y también una fábrica de estrellitas que ríete tú del fútbol brasileño. Me vengo tan arriba en españolidad que hasta me atrevo a decir que se puede rastrear su influencia en títulos como Euphoria, Sex Education o Heartstopper, aunque sean series, todas ellas, muy superiores a Élite por diferentes motivos. Y solo una de las cuatro no es de un clasismo y una misoginia que dan urticaria. Pero eso sería otra historia, para otra ocasión.

Jose A. Cano