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El sabor de las margaritas, temporada 2: Origen superheroico

La serie de TVG estrenada por Netflix va evolucionando desde el thriller clásico de su primera entrega hacia el POP más desaforado

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El sabor de las margaritas cuenta en su segunda temporada como Eva Mayo sale de la cárcel tras cumplir condena por agredir y suplantar a su superior Rosa Vargas para vengarse por el secuestro de su hermana menor. Una periodista de investigación contacta con ella para informarla de que la red de trata de blancas responsable de la muerte de esta sigue activa. Con lo que no cuenta es con los problemas de memoria de Eva, que no parece estar segura ya de qué es real, qué recuerdo y qué alucinación.

La serie de TVG es ya otro éxito internacional español en Netflix y un thriller efectivo del que informan los medios hispanoparlantes del otro lado del Atlántico con teorías sobre su tercera temporada. Con formato de thriller canónico de la última década en la línea lo mismo de Broadchurch que de True detective, cuyas estética busca, tiene el formato y la factura adecuadas para satisfacer al fan del género sin demasiadas estridencias... si no fuese porque su trama busca, realmente, un tono mucho más POP y desvergonzado, de rape revenge más que de policial.

El elenco no brilla por sus interpretaciones, dentro de que el guión le grita a la protagonista María Mera que debe permanecer inexpresiva la mayor parte del tiempo, pero este aporreateclados recomienda verla en gallego con subtítulos más que nada porque el doblaje es tan acartonado que produce dentera. Se ve rápido, aunque la segunda temporada quiere ser más ambiciosa que la primera y se viene tan arriba que a veces te expulsa de lo que ves a golpe de grandilocuencia.

Crítica de El sabor de las margaritas, temporada 2, con spoilers

El sabor de las margaritas temporada 2

En realidad el problema de El sabor de las margaritas es su encabezonamiento en sorber y soplar. Se comunicaba con El desorden que dejas, anterior como novela a su primera temporada pero posterior en su salto a serie, no solo en la ambientación sino en la trama de prostitución de menores de fondo. Se nutre de la estética y los ritmos de True detective y nos propone una detective llena de aristas al estilo del noir nórdico, que ha calcado mejor la reciente Hondar ahoak. Quiere ser todo a la vez, y el enclave gallego no le da suficiente exotismo porque a este ritmo el thriller del norte de la Península va camino de ser un tópico previsible.

El personaje principal, la ex guardia Eva Mayo, en esta entrega dudando de sus propias percepciones y expulsada del cuerpo, es quien más sufre ese fenómeno, a base de absorber tópicos de las protagonistas de este tipo de series. Ahora todas mujeres para evitar según que acusaciones, como si el género del personaje garantizase nada. El giro de la suplantación de identidad llega en este caso parte de Laura, la supuesta aliada y periodista que termina siendo una infiltrada del enemigo y cuyo doble juego ya se insinúa con sus primeras apariciones en las que convenientemente tiene demasiada información.

Si algo hay que destacar de El sabor de las margaritas, al final, es que está siguiendo la estela de Merlí como éxito internacional atravesando el Atlántico de una producción de una televisión autonómica. La habitualmente de nicho ficción geográficamente periférica da el salto a una producción más «europea» gracias a Netflix (o Filmin), aunque de momento solo sea desde las cadenas regionales con lengua propia y un presupuesto más abultado dedicado a la promoción de la misma mediante ficción, algo en gran parte lógico.

Factura de thiller pero guión de explotation

El sabor de las margaritas, temporada 2: Origen superheroico 1

El sabor de las margaritas se esfuerza mucho en ser, si no panfletariamente feminista, al menos parecerlo de vez en cuando de manera formal. La masacre final de violadores, puteros y pederastas a manos de Eva Mayo y el resto de mujeres, aunque se empeñe en que aparece en nordic noir, recuerda a los momentos más horteramente sórdidos de la primera temporada y se acerca más a Tarantino que a True detective. Emocionalmente satisfactorio para el espectador, pero de últimas una estafa formal.

De hecho la segunda temporada acaba de manera que deja abierta claramente la posibilidad de una tercera en la que el personaje central completará su evolución desde detective atormentada de novela negra genérica a heroína pulp, casi superheroica, en una venganza contra la mafia de la trata de tintes épicos. Eva Mayo empezó como una Lisbeth Salander con su asperger incluido y va camino de una novia de Kill Bill con esteroides, más cerca de un estilizado manga de mafiosos grandilocuente que de un policial verosímil. Que eso no es malo, pero mejor sería admitirlo.

Por finalizar, El sabor de las margaritas sigue siendo efectiva en la puesta en escena dentro de lo que se espera de un thriller actual, aunque su empeño constante en absorber cualquier influencia «de prestigio» en ese sentido la hace demasiado previsible. En el fondo, su guión quiere despendolarse y ser un producto POP sin complejos. Si a la tercera se quita la careta y va a tumba abierta será mucho más disfrutable.

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