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Críticas

El mal: Psicópatas filosóficas

Bajo Ulloa sabe crear una atmósfera y carga de humor negro y sátira su propuesta, pero no logra despegarse de unos diálogos acartonados, giros previsibles y unas reflexiones demasiado engoladas e incoherentes
Crítica de 'El mal', película de Juanma Bajo Ulloa

El mal sigue a una ambiciosa periodista y escritora de éxito a la que contacta una supuesta asesina en serie. Esta mujer dice tener pruebas de haber acabado con la vida de cientos de personas sin ser nunca descubierta. La periodista, necesitada de un nuevo éxito que le permita relanzar su carrera, acepta reunirse con ella y empieza a investigarla. A partir de ese momento comienzan una relación turbia en la que no está claro quién es el monstruo y quién la víctima.

Juanma Bajo Ulloa vuelve por sus fueros cinco años después de Baby (2020), en un cruce entre thriller, comedia negra y sátira del mundo del espectáculo que reúne muchas de sus obsesiones —las maternidades tóxicas, la simbología religiosa, las herencias ‘malditas’— y su personal universo estético —con mariposas paseándose por ahí como queriendo decir, guiño-guiño—.

Por mi parte voy a ser sincero y admitir que la promoción de esta película no ha ayudado a mi percepción de la misma. Habitualmente cuando se califica a alguien de «enfant terrible» y se anuncia su producto como «políticamente incorrecto» suele ser algún tipo de gamberrada un poco infantilona que sería impropia de un señor con más mili que el cabo de Finisterre como Bajo Ulloa.

La cosa es que El mal, aunque asesine niños, discapacitados y no crea en el fuera de plano, en realidad es otra cosa que no tiene nada que ver. Es una especie de juego de manos. De lo que se deduce que alguien piensa que solo iremos a verla si se meten en polémicas peregrinas o van de malotes en el sentido más adolescente posible. Otra cosa es que la película en sí no tenga la culpa de cómo la vendan.

Lo bueno de El mal

<strong>El mal</strong>: Psicópatas filosóficas 1

El mal se disfraza del típico thriller de psicópata que acosa a la protagonista del montón, quizás tanto que se lastra a sí misma con momentos excesivamente previsibles o diálogos de melodrama muy acartonados. A la protagonista, la periodista que interpreta Belén Fabra, le puede cuadrar usar palabras como «petulante» en una conversación casual, pero no al novio macarra de la hija o a un señor que pasa por allí, y eso hace que la mitad de las conversaciones chirríen.

Por otro lado, el tono de El mal quiere jugar al despiste y pasar de esa superficie a una suerte de sátira sobre la fama, el mundo de la cultura o el del espectáculo, en el que los propios creadores, en busca de atención, éxito o, humanamente, comprensión, se convierten a sí mismos en psicópatas. Aquí Bajo Ulloa parece haber rodado su propio Cerrar los ojos (2023), desdoblándose, como Erice en aquella, entre las dos protagonistas, con un poco de sí mismo también en el personaje de Natalia Tena.

Esa parte, y los asesinatos absurdamente inverosímiles de la antagonista —que no villana— de la película son lo que mejor funciona de El mal. Es más, a veces uno lamenta que la asesina se vuelve un poco vulgar y mate de cualquier manera, cuando la gracia está en que apuñale a un editor con un premio literario, asfixie a un niño con papel de regalo en una tienda de juguetes o se cargue a un obeso envenenándole la hamburguesa. Si toda la película hubiese sido así, servidor estaría ahora mismo aplaudiendo con las orejas.

Lo malo de El mal

Crítica de El mal, película de Juanma Bajo Ulloa

El problema es que el conjunto no acaba de encajar la mayor parte del tiempo y, cuando El mal se quiere poner filosófica y reflexionar sobre la naturaleza humana, desbarra o se contradice. La mayoría de conversaciones entre los dos personajes principales sobran, el intercambio inicial de la protagonista con un trasunto de Íker Jiménez no tiene ningún sentido a partir de lo que pasa después —el sacrificio de un «hijo» que ella hace es puramente egoísta— y la enfermedad hereditaria como trasunto de la psicopatía no se integra en nada. ¿Problemas de montaje?

El mal tiene algunos momentos potentes y a Bajo Ulloa se le da muy bien crear atmósferas entre lo onírico y lo terrorífico. Y sus dardos al star system del mundo cultural y la tontería que tienen encima tanto los autores influencers como los que se autoperciben como «serias» están bastante bien. Pero el mensaje con el que quiere hilarlos resulta tan superficial e incoherente como lo que critica, y la sorpresa final es irrelevante cuando llega.

En fin, que El mal no está mal, pero tampoco bien. A su favor, el humor negro de algunos de los asesinatos y la mala leche con la que le tira a la cultura y el espectáculo. En contra, los diálogos de telefilme barato, las reflexiones sobre la naturaleza humana demasiado engoladas y un tono que no acaba de decidirse entre el desmelene total o cierto realismo formal imposible de justificar por el argumento. Y, sobre todo, que ambas naturalezas no consiguen trabajar bien juntas.


Dónde ver

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.