CRÍTICAS | SEMINCI 2026
‘El confidente’, un homenaje a todos los ‘txakurras’ y los cipayos que hicieron posible el fin de ETA

Javier Gutiérrez como Enrique Pamies en 'El confidente'. ©Nico de Assas
El confidente sigue durante años la relación entre Enrique Pamies, policía destinado en el País Vasco en labores de antiterrorismo, e Imanol, un joven abertzale al cual consigue reclutar como el susodicho confidente entre las filas de ETA. Su trabajo sirve para ayudar a la detención del peligroso líder etarra ‘Txapote’ y desmantelar la cúpula de la banda, entre otros éxitos. Pero la situación se va volviendo más tensa conforme sus compañeros terroristas sospechan de un topo, y crece en él la necesidad de dejarlo. Al mismo tiempo, Pamies va ascendiendo gracias sus éxitos. Y eso tiene un precio, en forma de decisiones difíciles que lo acabarán salpicando.
En la actual pequeña ola de audiovisual sobre ETA, el éxito de La infiltrada (2024) parecía haber abierto la espita a un tipo concreto de ficción sobre ‘topos’ en la banda que tienen que protegerse y sobrevivir en medio del doble juego. Un fantasma en la batalla (2025) fue la segunda entrega, mientras se produce una batalla soterrada por el relato en el que apenas se da bombo a Patria (2020) —o su equivalente aún más tontorrón del otro lado, Altsatsu (2021)— mientras fuera de Euskadi se ignoran documentales como Carpetas azules (2022)… o el reciente Paga o muere, que también supera, con mucho el simplismo con el que se trata normalmente el proceso de paz vasco (de momento).


Jose A. Cano