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Cardo: Puñetazo en la mesa

La serie de Ana Rujas y Claudia Costafreda consigue construir una forma de contar propia que transmite la hostilidad con la que percibe el mundo toda una generación

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Cardo nos mete en la vida de María, una joven precaria vecina del madrileño barrio de Carabanchel, con poca autoestima y un par de traumas a sus espaldas, que comparte piso a su pesar y ayuda a una vecina a intentar salvar su floristería. Un día, tras salir de marcha hasta horas y cantidades de alcohol y otras sustancias en sangre poco recomendables, María sufre un accidente que puede meterla en serios problemas. Eso sí, si admite que estaba allí en el momento de los hechos.

Cardo quiere ser la propuesta más rupturista de este 2021 de series, ser algo nuevo y contar sin filtro la realidad del precariado urbano. Quitarle el glamour, en fin, a tanta historia sobre el desnorte de la generación millennial y afrontar las partes más truculentas del modelo sin dejar de analizar, esta vez sí, el origen de las mismas. Un relato muy poco complaciente, que no tiene miedo a maltratar a su protagonista porque así se siente la generación a la que aspira a representar, pero que no renuncia a la ternura y al humor, aunque a veces sea muy negro.

Presentada en San Sebastián y recién exhibida en el Serielizados, Cardo ha venido también a sentar cátedra y goza del habitual buen marketing que acompaña a Los Javis. Ana Rujas y Claudia Costafreda han parido una producción con voluntad de icónica, aunque solo el tiempo dirá si lo consigue. Las fuentes de las que beben están expuestas y las admiten sin ambages, pero el propósito es crear un lenguaje propio, tarea en la que si han tenido éxito.

Crítica de Cardo sin spoilers

Cardo

Cardo se destaca por varios cuerpos de ventaja sobre el resto de series del subgénero «mujer joven vive dramas relacionados con la precariedad y el follar en Madrid» en que su protagonista vive dramas de verdad porque es precaria de verdad. Su piso compartido de mierda es creíble, sus problemas personales y laborales son tan reales que hasta duelen y sus traumas pasados y presentes no parecen de cartón piedra. Está mal comparar, pero este es el mundo que hemos construido entre todos.

Además el formato elegido por sus creadoras para meternos en la cabeza de su protagonista consigue romper la cuarta pared de manera inesperada, fácil de captar a la primera y que juega con los lenguajes del meme y las redes sociales. Ya lo comentábamos tras el paso por San Sebastián: por fin alguien hace el «Fleabag español» precisamente porque no quería hacerlo. Cardo, a base de sumar muchas influencias sin vergüenza alguna, es su propio referente y está muy segura de lo que hace.

Los traumas pasados, presentes y futuros de María, además, reflejan por la ansiedad de una o varias generaciones huyendo de evaluar el comportamiento autodestructivo de su protagonista. No tanto porque se consiga la identificación con la misma, que en parte depende de que se compartan parte de sus circunstancia, como porque se transmite perfectamente la sensación de desborde, de superación absoluta de las circunstancias, y las causas que han llevado a que viva en ese estado de descontrol.

Cardo, Los Javis, la movida y la revolución

Cardo: Puñetazo en la mesa 1

La serie es también ‘marca Los Javis’, aunque Ambrossi&Calvo están sabiendo combinar un sabio segundo plano que da protagonismo a las creadoras con la presencia justa para servir de reclamo. Atresmedia abraza completamente el aura de ‘producto-que-ver’ de los creadores de Paquita Salas y Veneno con la que es su serie más valiente y la que de verdad puede crear escuela, pues por fin dejan de reflexionar sobre la propia televisión o la herencia LGTBI para proyectar un discurso

Cardo bebe de la estética del underground ochentoso que inspiró parte de La Movida, de la forma de ver aquél Madrid sucio y en transición. De hecho, se agradece mucho que en una serie con serias aspiraciones de prestigio alguien se acuerde de que vivimos en ciudades sucias, deshumanizadas y donde lo normal es vivir a la defensiva… sin romantizarlo. Aunque la serie tampoco renuncia a recrearse en su propio ritual -en los pases de prensa se repartían cardos borriqueros y estampitas de San Expedito- y el nuevo casticismo kistch del gusto del respetable.

En resumen, la serie de Ana Rujas y Claudia Costafreda se presenta como una de las mejores de este 2021 y la más atrevida de los estrenos recientes, aunque salte con red de seguridad de tener un público de nicho fiel ya garantizado. Sobre todo consiguen darle la vuelta a una forma de representar las realidades reflejadas que permite, por primera vez, representar la hostilidad con la que perciben el mundo las jóvenes, y en especial las mujeres, de toda una generación.

Imágenes: Fotogramas de Cardo – Atresmedia

Puedes ver Cardo online aquí.

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