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Alba: Choque de tonos

La serie de Atresmedia vive en la esquizofrenia entre querer representar el drama humano de una agresión sexual y tratarlo como un thriller de suspense

Alba: Choque de tonos 1

Alba cuenta la historia de la protagonista que le da título, una joven que lucha por llevar ante la justicia a los cuatro hombres que abusaron de ella una noche de fiesta drogándola. Alba y su familia sufrirán las consecuencias de enfrentarse a las poderosas familias de los acusados y al hecho de que uno de los presuntos participantes en la agresión sea una persona más cercana de lo que pensaban.

La serie de Atresmedia, adaptación ibérica de la turca Fatmagül, se acaba de estrenar en abierto en Antena 3 con buenos números tras más de un año disponible en ATRESPlayer PREMIUM. Con ecos del caso de La Manada y dialogando con otras ficciones que sí que lo recogen literalmente, como la chilena La Jauría, su objetivo, en palabras de su productor Luis Santamaría, siempre fue cumplir con su actual papel: serie de calidad en el prime time.

Digamos que Alba, como en su momento analizamos para su estreno en streaming, se mantienen en equilibrio, unas veces mejor y otras peor, dos almas. Como ocurre con Mentiras, que la ha precedido en la emisión lineal, una parte quiere ser un análisis honesto desde la ficción de las consecuencias de una agresión sexual y la otra quiere una trama que se sostenga en el tiempo con giros novelescos. Y eso es algo que a veces se puede y a veces no y que en otras ocasiones tiene que sostener el reparto.

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Alba: Choque de tonos 2

El principal «tropezón» de Alba es que haga girar casi la mitad de la serie sobre la intriga de si Bruno, el novio de la protagonista, participó o no en la violación. Es una traslación del drama central de Fatmagül, donde es obligada a casarse con uno de sus agresores, argumento inadaptable a España, pero aún así chirría si tu objetivo es ofrecer un reflejo realista de estas situaciones. Primero, porque la culebroniza innecesariamente poniendo el foco en si él es «bueno» o «malo» y no en la protagonista. Segundo, porque precisamente las agresiones sexuales, por estadística, las suelen cometer personas cercanas a la víctima. En ese sentido, era mucho más acertada Mentiras.

Lo mismo para los episodios finales, que sin entrar en detalles, y exactamente igual que ocurre en Mentiras, se convierten en un thriller con villanos pasados de vueltas que toman decisiones que en la vida real se ejecutarían de forma muy diferente y cuyas consecuencias en la protagonista también tendrían otro tono. A veces es como si el naturalismo de ciertas escenas del pueblo o familiares de Alba diese paso a una de esas series producidas por Donald P. Bellisario de tarde tonta de sábado, donde El Chico aparece en el último minuto a darle una zurra al psicópata malvado.

El choque de tonos está en el tratamiento de escenas que podrían estar en las dos series -el drama humano o el melodrama culebrónico- como el momento, tan impactante como frío y habitual en series con este argumento, del proceso médico de la protagonista para poder denunciar… que da paso a su cuñada intentando chantajear a los ricos del pueblo en una escena donde solo falta que la terrateniente la reciba en bata de guatiné, y ni la pericia de las actrices la salva. De hecho, y vuelvo en dos párrafos a esto, a veces parece que Elena Rivera está haciendo una serie de salir nominada al Feroz y el resto una serie diaria. No sé si me explico.

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Alba: Choque de tonos 3

Alba explícitamente quiere ser una serie de enfoque feminista, y así lo vende, pero al prolongarse durante 13 episodios y hacerse coral acaba desplegando una panoplia de personajes que ahogan a la protagonista y su arco. Fue algo que ya se discutió con Parot, que era un thriller policial, aunque en el caso de Alba está algo más que justificado porque la serie trata, en sí misma sobre la lucha por la justicia de la víctima. ¿Hasta qué punto tiene la ficción barra libre para convertir en melodrama una tragedia de la vida real, rozando fácilmente frivolizarla? Sobre todo cuando a veces la serie parece más pendiente del sufrimiento del hermano o del violador arrepentido, por poner dos ejemplos.

Es evidente que no se puede reprochar a una serie que, a la hora de describir un crimen de cualquier tipo, incluido uno tan despreciable como la violación, se arriesgue a explicar al culpable sin por ello justificarlo. Pero es que Alba no hace eso. Parece que el personaje de la protagonista esté en una serie y los cuatro monigotes de sus presuntos agresores en otra, con dos buenos/tontos y otros dos malos malísimos, uno frío y calculador y el otro loquiqui perdido. Aunque está bien que se subraye que son malos porque son pijos, detalle de estilo que no se nos escapa en esta casa, siguen siendo antogonistas de culebrón frente a una heroína de drama humano.

En resumen: Alba es una serie eficaz para el formato que está pensada, con buenas intenciones sobre los problemas que quiera reflejar aunque no le salgan bien del todo y un reparto desigual que a veces parece que ha rodado en planos separados. La lástima con esto, y hablamos de ello hace ya un año, es que tenía los mimbres y las intenciones para un producto de mucho mayor calidad y ha preferido, como tampoco es raro a veces en las series españolas, quedarse a medias.

Imágenes: Alba – ATRESPlayer PREMIUM

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