Temporada de premios
El malestar por la promoción de Arturo Valls de un corto vuelve a plantear la desigualdad en la carrera de los Goya

Mabel Lozano, Guillermo García López e Iván Miñambres en la lectura de los cortos. ©Alberto Ortega
El pasado martes 21 de enero el actor Arturo Valls acudió a La Revuelta, el programa de entretenimiento de La 1 de RTVE, para presentar El trono (2024), cortometraje de Lucía Jiménez, del cual es uno de sus productores. Valls no llegó a pedir el voto a los académicos —aunque se bromeó sobre ello—, y se confundió al comentar que eran cuatro los nominados, y no cinco, un cambio reciente, que apenas lleva vigente tres ediciones. Algunos directores, como Álex Lora, que firma La gran obra (2024), manifestaron en redes su disconformidad con esta promoción, por considerar que se hacía en desigualdad de condiciones con el resto de aspirantes.
La pequeña controversia alrededor de si Valls aprovechó su popularidad como actor para obtener un ‘extra’ de visibilidad en una categoría tradicionalmente tan ignorada no deja de ser, en el fondo, el mismo debate anual de los Goya: ¿se vota «por inercia» y sin ver todos los títulos, simplemente a nombres conocidos? Una cuestión que se ha intentado atajar de diferentes maneras. Precisamente desde el sector del corto considera que los criterios de selección de la short-list actual son los mejores posibles, sin negar que luego «cada uno juegue sus cartas». Porque también es innegable que tres de los cinco nominados en Ficción son los debut en la dirección de actores conocidos.

Jose A. Cano