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Cuando Carmen Sevilla ya no quiso ser más la novia de España

FlixOlé recopila una colección de 30 títulos de la actriz y cantante en los que destacan unos años 70 en los que dio un giro a su carrera y pasó de papeles de folclórica al terror, el thriller y la comedia del Destape

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A finales de los 60 Carmen Sevilla era la novia y la nuera de España, casi a su pesar. Había sido una de las cantantes y folclóricas favoritas del público durante casi dos décadas, una belleza española a lucir en grandes producciones de Hollywood rodadas en nuestro país y una protagonista habitual de un tipo de comedia… que se moría. El Destape llamaba a la puerta, la censura relajaba la mano y el respetable pedía otro tipo de tramas y comedias, menos complacientes con la rancia moralina de los años anteriores. Los personajes de Carmen Sevilla, en fin, se empezaban a ver como anticuados.

Su carrera en el cine había empezado siendo muy joven, con apenas 16 años, al aparecer como una de las bailarinas folclóricas del documental Hombres ibéricos, de Domingo Viladomat. En los 50, ya mayor de edad, pasó a interpretar papeles románticos en comedias musicales o dramas religiosos propios de la época, como Cuentos de la Alhambra (1950), de Florián Rey, La hermana San Sulpicio (1952), de Luis Lucia, o la coproducción Violetas imperiales (1952), de Richard Pottier.

Los cúlmenes de esa etapa fueron La fierecilla domada (1956), de Antonio Román, donde compartió pantalla con Alberto Closas adaptando a Shakespeare con un subtexto erótico evidente pero que sorteó a la censura con habilidad, y el musical El balcón de la luna (1962), de Luis Saslavsky, que la reunió con Lola Flores y Paquita Rico en un universo compartido cuya repercusión social en la España del momento deja pequeño al Universo Marvel.

A veces se olvida que en esa etapa Carmen Sevilla, más allá de repetir dos veces al año el mismo papel de folclórica enamorada, demostró su capacidad para el drama en La venganza (1958), de Juan Antonio Bardem. Y que La fierecilla domada le había valido una Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos. Una carrera que empezaba a cambiar y que se puede recopilar en una colección especial dedicada a la actriz en FlixOlé.

Comedias picantes e historias de amor perversas

Carmen Sevilla
‘Violetas imperiales’ (1952), de Richard Pottier.

Se suele citar como el título clave de cambio de imagen No es bueno que el hombre esté solo (1973), película de Pedro Olea protagonizada por José Luis López Vázquez en uno de sus mejores trabajos y en la que Carmen Sevilla interpreta a una prostituta y Máximo Valverde a su proxeneta. Se percibió como una especie de reverso turbio del tipo de personaje al que los asociaba el público.

El propio Olea ha contado que él no la veía para el papel y que sabía que su representante apretaba porque querían desencasillarla del rol de nuera perfecta. Lo convenció la propia Sevilla plantándose en el set y empezando a quitarse la ropa mientras le decía enfadada que era perfectamente capaz de hacer de prostituta. El director la detuvo a medio streap-tease improvisado y le dijo que el puesto era suyo.

Pero tres años antes la propia Sevilla se había parodiado un poco Enseñar a un sinvergüenza (1970), de Agustín Navarro, en la que interpreta a una profesora con el encargo de enderezar al mentado sinvergüenza, un canallita con la cara de Pepe Rubio. La protagonista, Rosana, empieza como una especie de institutriz estirada que se escandaliza ante los relatos de las conquistas de Lorenzo, su alumno, pero a media película se desmelena convirtiéndose en mujer fatal.

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‘El balcón de la luna’ (1962), de Luis Saslavsky.

Claro, como se pueden imaginar, todo acababa bien. Era la típica comedia de los últimos años del franquismo que insinuaba el futuro Destape pero aún se mantenía dentro de lo bienpensante. Rosana enmienda a Lorenzo y acaban juntos de forma más o menos decente, y la imagen de Carmen Sevilla se mantiene en el nuerismo ejemplar.

Lo mismo pasaba en Una señora llamada Andrés (1970) y El apartamento de la tentación (1971), ambas de Julio Buchs y en las que compartió plano con Juan Luis Galiardo y José Sacristán. Las dos son comedias que tratan sobre un matrimonio joven en problemas, Galiardo y Sevilla. Son títulos sobre mágicos cambios de cuerpo que ponen en jaque los roles de género siempre de forma humorística y ligera o donde las parejas se intentan dar celos manteniendo la decencia, pero que ya hablan de llevar más allá los límites de la comedia de la época.

Terror, thriller y extrañeza

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‘Sex o no sex’ (1974), de Luis Diamante.

Sin embargo, y más allá del filme de Olea, el cambio definitivo en los papeles de Carmen Sevilla llegó en ese mismo 1973 con Nadie oyó gritar, de Eloy de la Iglesia.  Una cinta de terror repleta de momentos turbios y ambigüedad moral en la que la protagonista descubre a su vecino ocultando el cadáver de su mujer y, sin entender por qué, en lugar de denunciarlo, lo ayuda.

Una historia de amor perversa que nadie esperaba, pero cuya turbia atmósfera director y actriz ya ensayaron en El techo de cristal (1971), su primera colaboración y que le valió a Carmen Sevilla su segunda Medalla del CEC. La tercera, ya en 2003, le llegaría como premio de honor a toda una carrera.

Luego vino Beatriz (1976), de Gonzalo Suárez, una particular adaptación de Valle-Inclán en la que Sevilla hace uno de sus mejores y más extraños papeles, básicamente como antagonista en una historia de posesiones demoníacas y personajes embrutecidos. Casi al mismo tiempo estrenaría La noche de los cien pájaros (1976), de Rafael Romero Marchent, un drama familiar en el que de nuevo le toca el rol de esposa perfecta en una familia nuclear ejemplar, pero desde un punto de vista mucho más desencantado y casi trágico.

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‘La loba y la paloma’ (1974), de Gonzalo Suárez.

Aunque en esos años no deja de hacer papeles principales o secundarios en comedias muy de la Transición –Sex o no sex (1974), de Julio Diamante, o Terapia al desnudo (1975), de Pedro Lazaga, entre otras- también interpretará algunos de sus mejores papeles dramáticos en Muerte de un quinqui (1975), de Leon Klimovski, y Guerreras verdes (1976), de Ramón Rorrado.

Carmen Sevilla, hoy retirada y víctima del alzheimer, ha sido para generaciones más recientes poco más que la presentadora del telecupón o una amable abuela televisiva, pero esta lista de títulos demuestra que fue una actriz valiente, capaz de cambiar el rumbo de su carrera cuando fue necesario y de convencer a algunos de los mejores directores del momento.

Todo los papeles de Carmen Sevilla se pueden ver en la colección especial de FlixOlé.

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