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Canallas: Jetas descerebrados de los de toda la vida

Daniel Guzmán recupera la picaresca con una comedia cafre en la que los actores no profesionales ficcionando su propio ambiente aportan la personalidad

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Canallas presenta a Joaquín González, un superviviente que saca adelante a su excéntrica familia más mal que bien gracias a negocios que tienen un poco de invento. Cuando se meta en líos por deber demasiado dinero a quien no debe acabará formando equipo con sus amigos de la infancia, El Brujo y El Luismi, aún más caraduras y descerebrados que él mismo. Planificando una estafa tras otra, a cada cuál más enrevesada, acabarán metidos en un lío del que no saben como salir con mafias, narcos y reliquias secretas.

Daniel Guzmán trae en esta ocasión una comedia mucho más cafre pero, en el fondo, clásica, respecto a su ópera prima, A cambio de nada (2014). El madrileño es uno de los admiradores de Berlanga que siguen sueltos por nuestro cine, pero lo que ha hecho es una actualización de la comedia de enredo a base de unos jetas destripaterrones que inventan estafas para salir de pobres que siempre salen mal. Más que Plácido o La vaquilla, esto es Una vez al año ser hippy no hace daño o Los liantes y solo faltan Tony Leblanc, Manolo Gómez Bur o doña Concha Velasco para certificarlo.

Ojo, que esto no tiene nada de malo, porque además se mezcla con un retrato del Madrid feo y sucio que últimamente nunca salía en el audiovisual y un puntito de chulería actualizada al XXI que hacen pensar que si en lugar de Canallas se hubiese optado por el diminutivo Canallitas tampoco habría pasado nada. La película es una comedia despendolada pero con su punto tierno y sus irresponsables tienen cierta redención. El que disfrute el formato se lo va a pasar como un gorrino en una charca.

Crítica de Canallas sin spoilers

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Guzmán se la ha jugado con la apuesta por los actores no profesionales, en concreto la familia de su amigo Joaquín González interpretándose a sí misma, en una comedia que probablemente sin ellos habría tenido mucha menos personalidad. En el Festival de Málaga ya apuntó, tomándoselo con humor, que el experimento de Canallas requirió muchas más tomas de las habituales, pero más allá de la mezcla entre Tosar o Zahera con los intérpretes ‘naturales’, lo interesante precisamente es que de las dos vías que podía explorar desde A cambio de nada eligiese esta, un situarse a medio camino entre las tendencias actuales del cine más comercial -la comedia cafre- y el más experimental -actores naturales ficcionando su propia realidad-.

El resultado es una comedia notable, sin miedo a meterse en ningún jardín, que recoge las ya mencionadas tradiciones del esperpento ibérico y donde sus protagonistas tienen ese punto a personajes de la Editorial Bruguera. Es decir, son una panda de miserables sin muchas cualidades que los salven, pero quieres que todo les salga bien porque su desesperación es la tuya. De hecho, metidos en la enésima crisis económica aunque esto se escribiese para la anterior, tienen hasta más gracia sus gags en sucursales bancarias cerradas o ventas imposibles -«los kilos, para los supermercados», ay-.

Los chistes, además, no aspiran a sofisticados. Si los protagonistas son un grupo de madrileños de barrio en algunos casos más garrulos que un arado de palo, el tipo de diálogos y los chistes que harán irán en consonancia, y las risas estarán a medio camino entre la identificación del «yo también digo esas barbaridades a veces» y la vergüenza ajena. Todo está un poquito pasado de vueltas, para que tenga gracia y para resaltar sus contradicciones, con mención aparte para la historia más o menos de amor entre los dos personajes de la tercera edad. Por original, por darles una entidad y un respeto que normalmente los «abuelos» no reciben en ninguna trama y por el carisma y la poca vergüenza de los intérpretes, es lo mejor de la película.

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Si acaso se le puede echar en cara a Canallas que, como otras comedias de este estilo de las que bebe, su deseo de ser tierna para que el exceso de cinismo y descebramiento no nos reviente las meninges hace que se vuelva previsible. Acabamos intuyendo que Joaquín y sus amigos son como el Coyote detrás del Correcaminos o Landa persiguiendo suecas, y por muchas hostias que se peguen ninguna será definitiva. El final es satisfactorio, sobre todo por gracioso y por el vitriolo de su justicia poética, pero se empieza a ver venir pronto. Que precisamente una comedia que presume de recuperar las esencias de lo cafre sin complejos termine rebajando su crítica social con agua es un poco decepcionante.

Por ir cerrando el chiringuito, Canallas es una más que notable segunda película para Guzmán, que se confirma como un tipo con su propia voz y preocupaciones artísticas pero que no quiere perder la cara de lo popular. Si no se soportan cierto tipo de bromas muy bestias es posible que eche para atrás en un primer contacto, pero la película acaba teniendo un elenco tan variado y al que regala tanta dignidad cuando menos te lo esperas que se compensa.

Imágenes: Canallas – MovistarPlus+

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