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La picaresca sin vergüenza de ‘Canallas’ arranca carcajadas en Málaga

La nueva película de Daniel Guzmán, que mezcla actores amateurs y profesionales, es una comedia de enredo con comentario social sobre una banda de buscavidas

La picaresca sin vergüenza de 'Canallas' arranca carcajadas en Málaga 1

«Todo lo que salga en la película que ya ha prescrito es real. Lo que no haya prescrito, es ficción». Así bromeaba -o quizás no- Daniel Guzmán en la rueda de prensa posterior al pase de Canallas en el Festival de Málaga. Una comparecencia que había arrancado advirtiendo que sus declaraciones iban a ser «como la película, no se va a saber qué es realidad y qué ficción», aplicando las mismas normas a cualquier cosa que dijeresen sus coprotagonistas Luís Tosar y Joaquín González, el actor amateur, amigo de la infancia del director y alma mater de esta comedia en la que interpreta a una versión desatada de sí mismo.

Canallas arrancó carcajadas entre el respetable sobre todo gracias al desparpajo, por no llamarlo directamente falta absoluta de vergüenza, de González y familia -su madre, su hermano y su hija interpretan también sus propios papeles y son el núcleo de la acción-, que se combinan con un reparto profesional que se lo pasa en grande en el que destacan Guzmán y Tosar pero también con Luis Zahera, Julián Villagrán o secundarios veteranos como Carlos Olalla y Antonio Durán ‘Morris’. Llegará a salas el próximo 1 de abril.

Guzmán, que ganó la Biznaga de Oro a Mejor Película y la de Plata a Mejor Dirección por A cambio de nada, su ópera prima también con un reparto mixto no profesional y profesional, dejó claro que ha querido hacer una cinta «por el público y para el público, para que se rían lo mismo que nosotros nos hemos reído al rodarla». En una rueda de prensa plagada de anécdotas de rodaje, Tosar añadió que su principal motivación, además de la llamada de Guzmán, ha sido que «todo el mundo estaba muy pesado con que nunca hago una comedia».

Canallas y la supervivencia del absurdo ibérico

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El equipo de ‘Canallas’ en la rueda de prensa posterior al pase del filme. Foto: Koke Pérez.

En junio de 2021, cuando se abrió la caja 1034 del Instituto Cervantes y se recogió el legado de depositado por Luis García Berlanga, el guión de ¡Viva Rusia!, las redes se plantearon qué director actual sería el idóneo para ponerla en imágenes. Daniel Guzmán era uno de los favoritos. Otro era Alfonso Sánchez, que ha querido la casualidad que este fin de semana estrene en salas con éxito El mundo es vuestro. Canallas tiene poco que ver con aquella en muchos aspectos, pero ambas beben de fuentes parecidas y sus protagonistas tienen motivaciones similares: subir de categoría. Dejar de ser unos miserias, ‘tiesos’ que dirían los sevillanos, y vivir como la gente guapa.

El humor de los personajes de Guzmán, eso sí, está más entre chistes del bar de abajo de tu barrio y las pequeñas putadas que se hacían entre ellos los héroes de tebeo de la Escuela Bruguera, tan paralela al propio Berlanga. La actualización, si la hubiere, de los tropos del valenciano llega por la vía de que el personaje más en forma presuma de su paga de minusválido, que el empresario que inventa compraventas de petróleo -hay- sea el que pone la firma en los chanchullos por ser insolvente y que las minorías que se presentan como risibles para los protagonistas -tercera edad, migrantes chinos, enanos- demuestran a la mínima ser más listos que ellos.

Los protagonistas de Canallas son unos jetas muy pasados de vueltas y al mismo tiempo reales como la vida misma, que se apoyan para su verosimilitud en un retrato feísta de Madrid y sus barrios con mucho que ver con los escenarios de A cambio de nada. La cámara de Guzmán, funcional en su narración, no estetiza nada pero tampoco se dedica a la pornografía de la miseria. El surrealismo de la vida de Joaquín y compañía es uno que sería vivible por muchos de nosotros, hasta el punto de que tropiezos accidentales del actor durante el rodaje han quedado en el montaje final.

Canallas de otro tiempo

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Canallas es un poco Bruguera también en su concatenación de estafas que salen a cada cual peor, recordando a las comedias de enredo de los 70 en las que estas situaciones las vivían Tony Leblanc y Manolo Gómez Mur en Torremolinos. González admitió durante su intervención en Málaga que su yo ficcionado vive «situaciones laborales que me pasan a mí, pero exageradas» y que en parte el guión, ideado por Guzmán allá por 2015 tras su Biznaga de Oro, nace de «pensar en cómo cuando a alguien le salen mal las cosas puede ir cayendo en la desesperación».

En la misma medida su hija Brenda, que en la ficción es presionada para estudiar menos y entrenar más al yo-yo para tener patrocinadores… es de verdad campeona de yo-yo de España, aunque abogada. El momento más emotivo de la rueda de prensa llegó con el recuerdo de ambos para la abuela Esther, fallecida antes de ver la película terminada y que encarna en una exageración de sí misma al personaje más entrañable y al mismo tiempo punki de todo el filme.

El resumen de esta mezcla de esperpento cotidiano, crítica social y enredo lo daba el propio Daniel Guzmán al comentar con Diego Corral, director de ficción de Movistar, que «todo el mundo dice que quiere hacer películas diferentes pero luego nadie las hace». Una comedia, en fin, que según el cineasta está dedicada a la gente de barrio «que sale adelante con orgullo, mucho sentido del humor y riéndose de sí mismos».

Imagen de portada: El reparto de Canallas en el Festival de Málaga – Festival de Málaga/Álex Zea

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