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Críticas

Atín Aya. Retrato del silencio: Arquitectos de la memoria

Equilibra perfectamente ser un documental divulgativo que presenta al personaje a quien no sepa nada de él con el homenaje formal y el prolongar el trabajo del propio Aya sirviendo como testimonio histórico y etnográfico
<strong>Atín Aya. Retrato del silencio</strong>: Arquitectos de la memoria 2

Atín Aya.Retrato del silencio repasa la trayectoria del fotógrafo sevillano Atín Aya (1955-2007), conocido por su trabajo como retratista tanto de la actualidad de su ciudad como de la vida en la Andalucía profunda, destacando su trabajo en las Marismas del Guadalquivir que inspiró la estética de la película La isla mínima (2015), de Alberto Rodríguez. Aya recorrió su región y fue retratista tanto de celebridades de la cultura y el folclore andaluz del momento como de ciudadanos anónimos que mantenían costumbres en desaparición, todos ellos, pero más los segundos, recordando su personalidad y su figura en la película.

Hugo Cabezas y Alejandro Toro, directores de Últimas unidades (2022), documental sobre los negocios en desaparición en el centro de Sevilla, vuelven a la memoria mitad etnográfica mitad histórica de su región con este documental biográfico que juega a dejarse contagiar por el estilo del propio biografiado. Un poco al estilo de otro tándem de documentalistas recientes, Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, en Supergarcía (2023) o Waldo (2024), o su paisana Laura Hojman en el inminente Un hombre libre (2024). En común con estos ejemplos tienen también que la película sirve perfectamente como documental divulgativo, y ese equilibrio con la forma es lo que le da personalidad.

Atín Aya. Retrato del silencio nos serviría para comentar también la excelente forma en la que se encuentra el documental andaluz, a pesar de todos sus dimes y diretes administrativos, quizás como síntoma del trabajo de su industria por sacar pecho a nivel nacional y sin dejar de considerar el peso que tiene Canal Sur en ello —otras cadenas autonómicas se centran más en la ficción o son más autofágicas con lo documental—. En cualquier caso, ahí también se unen la función del protagonista —encapsular la memoria de esa cotidianidad ignorada normalmente por la historia— con la del propio título, que aprovecha al fotógrafo para explicar todo lo demás a su alrededor.

Atín Aya: retrato del silencio

Aya fue uno de esos autores que buscaron «pintar el aire», al estilo de la mejor tradición pictórica española, y también uno de esos fotógrafos capaces de esculpir caras con la luz o el uso del blanco y negro —que como recuerdan varios colegas suyos en la película, consiste en realidad en saber usar los grises—. Un intento de capturar la realidad e intentar reproducir en el tiempo las sensaciones que genera con el que el cine en general, y parece que sus directores en particular, sabe identificarse. Al regresar a los retratados por Aya en las Marismas u otros puntos de Andalucía, el documental acaba sirviendo al mismo propósito histórico o memorístico de mantenerlos vivos.

Es decir, que este no es solo un documental sobre Atín Aya, sino una historia sobre aquello que Atín Aya quiso contar con sus fotografías, sirviendo de continuación a su trabajo de una forma u otra. Te habla del autor, pero también de las vidas y costumbres que quiso reflejar con su obra, ampliándolas hasta nuestra actualidad, mucho más allá de la existencia del mismo. La forma también se contagia: tenemos planos encajonados en el cuatro tercios y otros que «llenan la pantalla», la luz resalta los rasgos castigados por el tiempo de los entrevistados… Cabezas y Toro no solo han biografiado al protagonista, en parte han intentado convertirse un poco en él tras la cámara.

La muy interesante estructura del guión va anunciando sus capítulos con una secuencia de adelanto. Aya no aparece de archivo hablando a cámara hasta pasado un buen trecho del metraje, su hija se menciona pero no interviene ya como adulta hasta el tercio final, se habla de su influencia en La isla mínima pero se deja a Alberto Rodríguez casi como un corolario o nota a pie en una secuencia rozando el final y saltamos todo el tiempo de lo personal —su familia, sus años finales, sus preocupaciones— a lo general: las historias que quiso contar o la enorme influencia de su trabajo tanto etnográfico como archivero.

<strong>Atín Aya. Retrato del silencio</strong>: Arquitectos de la memoria 1

Atín Aya también perteneció a esa hornada de creativos en la España del desarrollismo y la Transición que aprendió trabajando y se encontró un campo abierto para desarrollar su vocación. Un momento de «libertad y alegría», como se llega a comentar en la película, a pesar de todas las dificultades, económicas y políticas, del momento histórico. Retratado en negativo, son los manejos de Jordi Pujol en La sagrada familia (2022), de David Trueba. En positivo, historias como esta (quizás el debe del documental andaluz sea meter mano a la corrupción). La idea es la misma: un estado por construir y una generación en el momento exacto cuyo trabajo ahora analizan sus nietos.

Aya tuvo la suerte, pues, de recorrer en su famosa moto BMW 1.000 la Andalucía de los 80 por redescubrir desde la óptica de unos jóvenes andaluces deseando sacarla del atraso, los prejuicios y el paternalismo. Otra cosa es cómo resultase aquello, pero Cabeza y Todo lo examinan con generosidad y comprensión. De los encargos para documentar cortijos, haciendas y lagares, el protagonista aprovechó para capturar negocios en desaparición y a la gente que habitaba unos y otros, ayudando a demostrar que existían y tenían un lugar en el nuevo país que se creaba casi de la nada. La historia de la Andalucía de Aya era la de los trabajadores del campo, no la de la Expo’92.

Revelando el carrete: Atín Aya.Retrato del silencio es un magnífico documental por la manera en la que logra equilibrar sus diferentes aspectos, uniendo la divulgación —el espectador que no supiese nada sobre el fotógrafo saldrá de la película haciéndose una idea bastante clara de quién fue y por qué es importante— a una forma cinematográfica que sirve de homenaje al propio protagonista. Y lo que es mejor: en ese ejercicio logra prolongar el trabajo del mismo, reflexionando sobre los mismos temas que este lo hizo en su obra y prolongando su labor de capturar la memoria de su tierra.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.