En foco
El cine de Elena Duque: más allá de lo táctil

Elena Duque, en el 'Curso de pintura para principiantes' del 63º Festival de Gijón . ©FICX
El cine de Elena Duque es un cine característico, basado en el collage, la animación y la textura del cine analógico. Aun así, es un trabajo mutable que, desde su primer cortometraje, Cómo hacer un fanzine (2010), ha sido presentado en distintos festivales internacionales y objeto de retrospectivas en el D’A o, recientemente, en un foco del Festival de Gijón. De cada una de estas, la propia cineasta se queda, en entrevista con Cine con Ñ, con que los programadores son «capaces de crear nuevas narrativas», contar historias a través de sus películas.
Es un cine cambiante porque, según Duque, cada vez que puede ver sus cortos le «permite redescubrir lo que me sigue interesando o prefiero soltar». No obstante, pese a ser la de Duque una filmografía heterogénea, sus películas siempre nacen ancladas a lo real. Son los procesos cinematográficos del montaje, el tan usado flicker, por ejemplo, y la animación lo que permiten que se trasladen a un plano que tiene mucho que ver con lo mágico.
Sus collages cinematográficos surgen de esta mezcla de texturas y fuentes, al combinar imágenes y pintura. Al mismo tiempo, también es un collage físico, que mapea una intimidad propia de la autora, pasando por Cádiz (Portales, 2025), Madrid (Ojitos mentirosos, 2024) o Asturias (La mar salada, 2014); y también de objetos ajenos y propios en Colección privada (2020) o Coleccionismo (2013); incluso de metraje encontrado en Mar de coral (2022). Lo que parece unir su cine es la combinación intuitiva y libre para dar lugar a la sorpresa.
Elena Duque: pensadora de manos
El cine de Elena Duque se sustenta en el tacto. El gesto, el parpadeo, el trazo o la pincelada funcionan como recordatorios táctiles de lo inmaterial. En la pantalla, cada uno de los elementos y de las texturas, objetos, lugares o cuerpos que aparecen destacan por ser vibrantes. Duque imagina posibles formas de imbuir vida al cine, plano a plano y trazo a trazo.
En ocasiones, su fisicidad es literal: en las manos que desvelan los trampantojos de Ojitos mentirosos –en el que las aparentes imágenes cobran vida a través del contacto–, la mano que toca el muro de piedra en Valdediós (2019), cuyo gesto traslada la película a un plano místico; o aquellas manos que colocaban objetos en Colección privada, muchos de ellos ajenos, y que solo al ser grabados o tocados, pasan a formar parte de su cosmología particular.
No obstante, la tactilidad se encuentra en la totalidad de la práctica de Elena Duque, también en el proceso creativo, que ella resume como «pensar con las manos». Los procesos que derivan del collage, el montaje, la intervención del fotograma o la animación por rotoscopia —técnica que utiliza en su última película, Portales, al aparentar pintar directamente sobre el fotograma cuando realmente pinta sobre la imagen escaneada—, surgen también del azar.
La improvisación es un motor porque, «pese a tener planificado dónde quiero llegar al grabar y animar, es importante siempre hacer lo que la película me pide». Sus películas, por esta razón, capturan cierta inocencia y «primitivismo» en torno a lo inesperado de la imagen cinematográfica.
Pequeñas producciones
El cine experimental de Elena Duque, experimento sobre todo por estos juegos mágicos que suponen, es un cine principalmente libre. Un cine sujeto al azar y que rechaza las lógicas narrativas, prefiriendo recrearse en las sensaciones que se pueden extraer de sus «ilusionistas» imágenes. Y, quizás por este deseo de libertad, Duque ha dependido de sí misma para realizar sus películas, proyectos en solitario que responden a sus intereses personales e íntimos.
Es Portales la primera película con la que Duque cuenta con equipo: la productora Rocío Mesa y Marcos Flórez como editor. Una experiencia que ha disfrutado como un nuevo aprendizaje y de la que concluye que le «encantaría repetir la experiencia de trabajar con un equipo, si pudiese garantizar su remuneración».
La cineasta destaca del proceso de trabajar con otros, o partir de ellos —pues ha realizado diversos videoclips musicales como I’m Not You Will, de Los Jaguares de la Bahía, o El Texu de Bermiego para Montañas—, que se debe hacer «desde la confianza y admiración para garantizar la libertad al desarrollar los proyectos».

Ana Jiménez Pita


