REPORTAJES
El rey de los gitanos y un inmigrante marroquí buscan la Granada desaparecida en ‘Quién vio los templos caer’

Fotograma de 'Quién vio los templos caer'. ©Mubox Studio
«Durante el proceso de Quién vio los templos caer yo misma me veía en una posición muy conservadora, de buscar continuamente una Granada que yo creía esencial, que había que mantener», explica la directora Lucía Selva. «Pero, en el fondo, cualquier ciudad vive en una transformación continua del espacio, y ese pasado que se idealiza nunca se va a recuperar. Así que al final la película habla de eso y de que, más que luchar contra la transformación, lo que tenemos que hacer es cuestionar hacia dónde y para qué se produce».
Quién vio los templos caer es un híbrido entre ficción y documental. Por un lado, la aventura del Chorrojumo, el mítico ‘rey de los gitanos’ del Sacromonte que guió a los primeros viajeros románticos por la ciudad, junto a Anas, un joven marroquí recién llegado a la Península que busca la puerta en la que entre la llave con la que sus antepasados nazaríes se marcharon hace 500 años. Por otro, el retrato de la turistificación, la pérdida de identidad y la especulación que asolan la ciudad en la actualidad.
El largometraje inició su andadura el pasado marzo en el CPH:DOX de Copenhague, con una Mención Especial en la sección NEXT: WAVE, ha pasado por el Festival de Shanghái, el Festival du nouveau cinéma de Montréal o el Festival de Cine Europeo de Sevilla. «Nos queda estrenarla en Granada, pero curiosamente en el resto de Europa, incluso en Asia, han entendido muy bien esa sensación del centro histórico que desaparece, la ciudad, que se vuelve extraña e inhabitable», explica la cineasta.
El Chorrojumo, el primer guía turístico de Granada
La leyenda del Chorrojumo se remonta al siglo XIX, cuando un paisano granadino, ataviado con un traje goyesco ya anticuado para la época, se convirtió en mitad guía, mitad estafador consentido, de los hispanistas británicos o franceses que llegaban a España y Granada en concreto en busca de exotismo y autenticidad. En lugar de centrarse en la figura real —o las figuras, ya que existieron varios ‘chorrojumos’-, Selva da por bueno al personaje como guardián ancestral de la ciudad y pasea con él para
La elección de Pepín Fernández para el papel, de hecho, estuvo rodeado de su hálito sobrenatural: «fue una búsqueda muy larga, pero queríamos que el actor fuese gitano. Y encontramos a una persona, cercano a mi familia, que iba a hacerlo, pero murió pocos meses antes de empezar a rodar. Y cuando me propusieron a Pepín, de nuevo por una conexión familiar, cuando estuvimos hablando me dijo que había tenido un sueño, y que en el sueño le decían que tenía que hacer esta película. Y así empezamos a trabajar».
Anas Derbal, el joven marroquí que lo acompaña, se interpreta prácticamente a sí mismo, cuando hace años estaba recién llegado a la ciudad y ni siquiera conocía el idioma. Esa búsqueda de ambos de una Granada que ya no existe convive «con el cambio actual, ya no solo de la gentrificación, sino de como desaparecen los comercios, se transforman los lugares, y hay partes de la ciudad donde ya no te mueves, espacios que se roban, y que es algo que yo ya he vivido en carne propia».
Quién vio los tiempos caer y la ciudad que no existe
La Granada no exactamente decadente de la actualidad se superpone así en el imaginario de Quién vio los templos caer con la idealizada de la gloria de Al-Andalus o con la de la época real del Chorrojumo, el momento en el que «los monumentos ni se conservaban porque no había la idea de monumento, en la Alhambra había huertos o rebaños y estaba todo de otra manera. Si hubiese podido rodar algo de aquello, me habría gustado, por ejemplo, tener el río Darro de antes de que lo soterrasen, una ciudad más medieval pero más viva también».
«Quería ese diálogo, el de la Granada del primer guía turístico o el de ese pasado nazarí que sustenta gran parte del turismo actual con este presente en el que la capitalización de todos esos elementos identitarios lo que está haciendo es borrarlos, convertir la ciudad en una especie de decorado de sí mismo. Igual está mejor conservada o más bonita que nunca, pero lo está al servicio o a costa de expulsar a sus propios habitantes», reflexiona.
El destino de Quién vio los templos caer será un estreno comercial en salas de cine este abril de 2026 tras un periplo por festivales del que Selva no se queja. «Creo que se ha entendido muy bien la película y que hay algo de universal en lo que refleja. Sobre todo en la parte final de la película, que es la que plantea para mí la pregunta clave. El pasado está bien, pero ya quedó atrás. Con lo que ha llegado hasta nuestros días y la ciudad del futuro, ¿qué vamos a hacer?».



Jose A. Cano

