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Críticas

Singular: La memoria artificial del duelo

En un cine contemporáneo obsesionado por la duplicación, Alberto Gastesi propone un gesto contracultural: colocar la tecnología en el corazón de los afectos perdidos
Crítica de 'Singular', película de Alberto Gastesi

En Singular, Alberto Gastesi no solo narra una historia, sino que disecciona la esencia de la identidad humana frente a la inteligencia artificial. La película analiza cómo la tecnología no es solo un instrumento, sino un espejo que devuelve una versión distorsionada de nuestra memoria, de nuestros afectos y de lo que creíamos irrevocablemente perdido. En la era de la IA, Gastesi pregunta: ¿qué queda de lo humano cuando todo puede replicarse?

La trama sigue a Diana (Patricia López Arnaiz), investigadora en IA, que vuelve a la casa junto al lago donde vivió con Martín (Javier Rey) y su hijo fallecido hace doce años. La aparición repentina de Andrea (Miguel Iriarte), un joven de presencia inquietante, además de muy parecido a su hijo, abre una grieta y reaviva el duelo de Diana. 

Andrea se presenta como un eco del pasado y una incógnita del presente: ¿es acaso real? El director de La quietud en la tormenta (2022) no da respuestas; nos invita a explorar la autenticidad de nuestros recuerdos y a preguntarnos hasta qué punto la tecnología puede emular lo que sentimos. La IA no se muestra como amenaza, más bien como una posible tabla de salvación.

La memoria y el duelo en Singular

<strong>Singular</strong>: La memoria artificial del duelo 1

La película se convierte en un thriller psicológico donde el guión experimenta un bucle narrativo, un impulso de repetición. Cada interacción de Diana con Andrea es un recordatorio de que nuestra memoria y nuestros afectos pueden ser simulados, pero no replicados completamente.

La cámara combina grandes planos generales con gestos mínimos: una mano que tiembla al tocar una taza, una mirada que evita el contacto directo. Cada plano parece contener la tensión de lo no revelado, de lo no resuelto. Gastesi utiliza el espacio como un reflejo del estado emocional de los personajes; la casa, la lancha, y el coche son un personaje más.

A la postre, todos esos elementos son testigos mudos del misterio que late bajo la estructura en espiral del guión. Cada rincón funciona como un laboratorio emocional, un escenario en el que escenificar un duelo que no admite atajos. 

La delgada frontera entre lo humano y lo artificial

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Javier Rey y Alberto Gastesi en el rodaje de ‘Singular’. ©Alejandra Donat

Es imposible ver Singular sin acordarse de Steven Spielberg y su A.I Inteligencia artificial (2001). En aquella ocasión era un niño meca el que sufría por la pérdida de su madre y un grupo de científicos conseguía hacer una réplica exacta de ella, con el inconveniente de que solo podía vivir un día. La influencia del director norteamericano en Singular es más acusada que la que pudiera tener Kike Maíllo con Eva (2011), donde planteaba los peligros de la IA al presentar a una hija-máquina con impulsos homicidas. 

En cierto modo, Singular guarda algunas concomitancias con la serie Severance (2022-2025). Dirigida por Dan Erickson, Ben Stiller y Aoife McArdle, en su segunda temporada, nos presenta a una madre que ha perdido a su hijo (Dichen Lachman), y que se ve sometida a una especie de bucle situacional con objeto de analizar el alcance de su duelo. 

Con Singular, Alberto Gastesi se sirve de la inteligencia artificial para analizar el duelo: la IA no es una herramienta, sino una superficie que devuelve una imagen distorsionada de lo que fuimos y de lo que tememos ser. En un cine contemporáneo obsesionado por la duplicación —con clonaciones digitales, voces replicadas y rostros sintéticos— Gastesi propone un gesto contracultural: colocar la tecnología en el corazón de los afectos perdidos y examinar qué queda cuando una máquina aprende a expresar el contenido de nuestro silencio.

Singular no ofrece respuestas definitivas, sino que invita a reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología y con nosotros mismos. En un mundo donde la línea entre lo real y lo virtual se difumina, la película nos recuerda que contamos únicamente con nuestra humanidad, por más imperfecta y contradictoria que sea.    

Mireia Iniesta

Mireia Iniesta

Licenciada en Filología Románica y en Filología italiana por la UB. Máster en Cine y Audiovisual Contemporáneo por la UPF. Programadora de los cineclubes Treinta y nueve escalones y La llaterna màgica. Vicepresidenta de la Federació Catalana de Cineclubs. Profesora de cine español en Ceacapa. Docente a Educa tú mirada. Redactora a Transit, La furia umana, Shangrila, Caimán, Filmtopia y Pickpocket . Actriz en 'La Academia de las Musas', de José Luis Guerin, y en el corto 'Cumpleaños', de Judith Collel