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Críticas

La quietud en la tormenta: Atrapados por su pasado

La primera película de Alberto Gastesi se empeña en no ofrecer una romántica al uso, con soluciones desiguales
La quietud en la tormenta: Atrapados por su pasado 1

La quietud en la tormenta cuenta en paralelo la realidad de Lara (Loreto Mauleón) y Daniel (Iñigo Gastesi). Ella acaba de volver unos días a San Sebastián desde París, donde vive con su pareja, con la vaga intención de quizá volver a vivir en Donostia. Él trabaja en la inmobiliaria familiar y también vive con su novia, mientras su padre está enfermo. Cuando ambos se cruzan en un piso en venta, se desata entre ellos un pasado compartido.

Si se lee la sinopsis de arriba, es casi inevitable que la cabeza se vaya a la clásica historia dramática sobre exparejas y segundas oportunidades. Por suerte —o por desgracia, según se mire—la ópera prima de Alberto Gastesi no va tanto por allí: más que una película romántica es una «romantizada». Romantizada en el sentido de que se enuncia casi siempre mirando hacia atrás, con una proyección nostálgica sobre el pasado que solo se explica en su contraste con la insatisfacción vital del presente.

Entre el tedio de la incomunicación cotidiana y la danza del cortejo idealizada, La quietud de la tormenta tiene sus logros y también algunos desaciertos. Gastesi consigue transmitir el vacío de sus protagonistas, que va desde el discurso generacional hasta sus escondidas heridas personales, pero no resuelve del todo el hilo que une a ambos personajes, sostenido sobre elementos demasiado artificiales como para tocar ese algo tan orgánico que debería de suponer el amor.

Los grises del presente

La quietud en la tormenta: Atrapados por su pasado 2

Lo que ofrece la película de Alberto Gastesi, para bien y para mal, se puede sintetizar en su blanco y negro y su formato 4:3. La renuncia al color en el cine del siglo XXI normalmente ha pivotado entre la alusión directa y sentimental a la fotografía del cine del pasado —o del pasado a secas—, y el efecto de irrealidad que provoca en el espectador de 2023. De efecto limbo, de cuento en imágenes para hoy. Y la propuesta digital de La quietud en la tormenta, con Esteban Ramos como DOP, encaja con estas dos tradiciones.

El blanco y negro en pasado y presente también es un juego entre el fabulesco «lo que fue» y el plomizo presente. A la película le sienta mejor el efecto en la contrastada Donostia de hoy. Hay un sentido uniforme en la insistencia por los interiores, pero también en los exteriores encapotados y lluviosos. Además que combina bien con el presurizado formato, todo se acompasa con el gris vital que inunda a los dos protagonistas.

Funciona el diálogo sutil entre las diferentes experiencias que va teniendo cada uno de los dos por su cuenta, situado e intercalado en un buen montaje paralelo. La película transmite sus capas apuntando diferentes detalles (la incomunicación entre parejas, la cuestión generacional, el ambiente artístico de San Sebastián, las diferentes situaciones económicas de ambos personajes…) sin perder frescura en conversaciones, diálogos y expresiones corporales. La ballena ya está en la orilla.

La quietud en la tormenta y lo que hay de calculado en el pasado

La quietud en la tormenta: Atrapados por su pasado 3

Donde el guión de Gastesi y Alex Merino no termina de encontrar su sitio es en el pasado, diferenciado por su empeño por los espacios abiertos y la luz del sol. La historia conjunta entre ambos personajes se siente demasiado calculada, proyectada, coreografiada. Aún cuando hay alguna secuencia de diálogo con destellos de brillantez en la réplica y alguna idea bien llevada, el esfuerzo por conectar a los personajes, pese a los intentos de Loreto Mauleón (Patria) e Iñigo Gastesi, se cae entre metáforas con calzador y situaciones entre poco y nada inspiradas.

Finalmente, cuando se descubre que todo lo anterior tenía un giro que lo justificaría todo, es demasiado tarde. La película tiene reservada una lectura ambigüa, que puede hacerte replantear todo lo que has visto, pero eso no resuelve en retrospectiva todas las decisiones del filme. Así, el último tercio, que pone sobre la mesa todo el planteamiento intelectual y desencantado de Gastesi, recoge sensaciones para el presente (los pasados, vividos o no vividos, son eso, pasados) pero se queda corto como una posible arcadia sentimental para su dos protagonistas. Por tibia, demasiado pensada para sorprender.

Por el empeño de no hacer una película romántica al uso, La quietud en la tormenta no termina de empastar todo lo que nos quiere decir sobre el vínculo que tienen estas dos almas perdidas, algo difícil de superar en una película así. Confunde cálculo y premeditación con valentía y originalidad. Eso no quita que la película, cuando se suelta un poco, tiene ideas valiosas y secuencias realmente bien resueltas. Y, de gran bonus, le da la oportunidad a Loreto Mauleón de desplegar su mejor esfuerzo interpretativo hasta la fecha. Suficiente para que valga la pena verla, llueva o no llueva.

La puedes ver online en

Imágenes: La quietud en la tormenta – Vidania Films

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_

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