Suscríbete Iniciar sesión

Críticas

El cuento del lobo: Cuando creer no es suficiente

Una película sin cuerpo real que se enreda en su propia red de mentiras y verosimilitud. Brilla María Romanillos
Crítica de 'El cuento del lobo', película de Norberto López Amado

El cuento del lobo se acerca a la vida de una asentada pareja, compuesta por una escritora (Lucía Jiménez) y un reputado profesor universitario (Daniel Grao). Una noche descubren, a través de una llamada telefónica, que la joven que les limpia la casa (María Romanillos) podría estar siendo amenazada por un hombre violento. Aunque deciden implicarse en la situación, cuando aparece el sospechoso padre de la chica (Paco Tous) y ella empieza a negarlo todo, las certezas de la pareja empiezan a tambalearse.

Norberto López Amado, habitual en la dirección de series de todo tipo, vuelve al cine con este thriller de misterio en el que adapta la obra de teatro Duda razonable, de Borja Ortiz de Gondra. Como ya pasaba en la obra, la película se propone como un «juego psicológico» para el espectador. Como avanzan tanto el título teatral como el cinematográfico, hay que sospechar de todo y de todos para ir desentrañando qué está pasando realmente y por qué.

<strong>El cuento del lobo</strong>: Cuando creer no es suficiente 1

Suscríbete y lee sin limitaciones

Mensual

2€

Primer mes

Después, 4,99€/mes

Suscríbete

Anual

45,99€

Primer año

Antes, 59,99€/año

Suscríbete

El cuento del lobo es una película de bajo presupuesto y construida alrededor de generar interés y tensión a partir de la información de la que se dispone. Sobre todo en lo que tiene que ver con el misterio del «caso» principal, pero también con lo que ocurre en el interior de la pareja protagonista, que se ve envuelta en la red de mentiras. Y quizá se hace demasiado lío tejiendo el telar para tan poca tela.

El cuento del lobo de la producción

<strong>El cuento del lobo</strong>: Cuando creer no es suficiente 2

La película está hecha desde las condiciones de producción masiva de estos nuestros tiempos. Es decir, una película que se ha hecho en menos de un mes de rodaje y más de la mitad de la misma en una única localización (la casa de la pareja protagonista), con un equipo mínimo y un reparto muy corto (esencialmente 4 personajes). A eso le juntas las exenciones fiscales de rodar en Canarias, y, a falta de otras ayudas, tienes la película hecha.

Es la fórmula con la que se han podido hacer también Cuánto me queda (2023), Padres (2024) —con la que más tiene que ver, por tono y giros de guión, con El cuento del lobo—, La bandera (2024) e Invasión (2024). Cinco películas en tres años con el mismo sello: Secuoya Studios (a través del integrado Eduardo Campoy y su Álamo Producciones), que se ha asociado estratégicamente con A Contracorriente para sacar adelante este modelo de bajo coste y sin riesgos, puesto que el paso por salas de cine es mínimo y a través del circuito de distribución de A Contracorriente.

El problema de este modelo es que hay que hacerlo muy bien para que toda las limitaciones a la hora de desarrollar un guión «de guerrilla» jueguen a tu favor. Por eso Padres, que hacía suyas estas cortapisas para incorporarlas a su planteamiento, funcionaba sin problemas. No es el caso de El cuento del lobo, que sufre demasiado una premisa que pide mucha más ambición en la construcción de unos personajes con varias derivadas y en la que la credibilidad o no del propio relato es parte fundamental de la filosofía de la película.

Todo es mentira

<strong>El cuento del lobo</strong>: Cuando creer no es suficiente 3

Así es como el relato va perdiendo fluidez según avanza, escondido en interiores y suplantado por conversaciones de todo tipo que van a compensar acciones que no se pueden representar. Es decir, la película no consigue disimular su falta total de cuerpo, tanto a nivel de presencia dramática como en propuesta audiovisual. Separadas por planos de recurso (la orilla del mar, los bosques…) entre espacios vacíos y sin vida, la tensión psicológica de este puñado de conversaciones se va desinflando hacia la nada más absoluta.

Pese a que algunas secuencias están bien dialogadas, especialmente en su primera mitad, la película se tambalea hacia el precipicio. No tanto porque el guión tenga agujeros, que los tiene (¿por qué nadie comprueba lo que hacen los demás?, ¿este «engaño» no se podría haber resuelto con una llamada?), sino porque no resulta verosímil en sus propios términos. Es uno de los pactos de la ficción con el espectador: da igual que algo no sea «realista», el objetivo es meterte en un mundo, en una lógica concreta y en estado mental, en el que te puedas creer lo que está sucediendo. Por muy descabellado y no trasladable a la realidad que sea. Y aquí está el problema de esta película o de Invasión, que le pasaba algo parecido.

No ayuda nada que El cuento del lobo se lo ponga aún más difícil de lo que ya es todo. El empecinamiento de la subtrama del derrumbe de la pareja es la que va creando las situaciones más duras de tragar y explicar, incluso con alguna escena de pelea que roza la vergüenza ajena. Entre las interpretaciones, la que sufre menos en el embrollo es la de María Romanillos, que sigue demostrando por qué es (o debería ser) de las actrices jóvenes más solicitadas en España. El resto es como la moraleja del propio cuento de Pedro y el lobo: por mucho que te digan, acabas por no creerte nada.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.