CONSTELACIÓN CINEMATOGRÁFICA
Mapa celeste de Pere Portabella: 5 películas para guiarse por su cine

Fotograma de 'No contéis con los dedos' (No compteu amb els dits) (1967). ©Pere Portabella – Films 59
El estreno en el Festival de Venecia del documental Constel·lació Portabella (Constelación Portabella), de Claudio Zulian, nos trae de vuelta a la actualidad el cine de Pere Portabella (Figueras, 1927). El productor de tres películas tan importantes como Los golfos (1959), El cochecito (1960) y Viridiana (1961) se distinguió, primero, como el cineasta español más conectado con otras disciplinas artísticas de su tiempo y, después, como particular cronista de las ansias y esperanzas de cambio en el país.
Aunque el valor artístico de su obra es difícil de negar, el rechazo directo de Portabella por la ficción narrativa tradicional (no ha hecho nunca una película de ficción «canónica», digamos) lo ha alejado de tener muchos fieles, más allá del circuito museístico. Es verdad que en los ambientes intelectuales catalanes siempre se le ha venerado, pero no es menos cierto que se le ha mirado con cierta distancia también, tanto por su cine catalogado como eminentemente experimental y, por tanto, siempre sospechoso de elitista y aburrido, como por sus fuertes adhesiones y compromisos políticos, que le han llevado hasta ser diputado y senador.
Esa falta de apego del público ha desdibujado un poco su importancia en la historia del cine español, cuando ha sido de los que más ha estirado aquí los límites del lenguaje cinematográfico, desde lo conceptual y alegórico, pero también siempre en relación con el contexto histórico, social y político en el que esas imágenes se estaban produciendo. Con una filmografía como director más extensa que Joaquim Jordà y Jacinto Esteva, los otros dos grandes cineastas catalanes de la Escuela de Barcelona, merece la pena seguir redescubriendo y revalorizando sus películas, más si cabe con él aún en vida.
Para empezar o volverlo a hacer, desde aquí proponemos una especie de mapa celeste para guiarse por la constelación que es el cine de Pere Portabella, disponible al completo en Filmin. La idea detrás de esta selección es que sirva tanto de guía para empezar a entrar en el ‘universo Portabella’ —que puede resultar difícil de hincarle el diente hasta para el cinéfilo más a favor de obra—, como de muestra más o menos representativa de lo que ha sido su evolución como director a lo largo de las décadas.
5 películas de Pere Portabella para conocer su cine
NO CONTÉIS CON LOS DEDOS (1967)

Una buena forma de empezar en el cine de Portabella es… por el principio. No compteu amb els dits (No contéis con los dedos) es su primera película como director y su manifiesto a favor de un cine lo más libre y radical posible. En estas provocadoras y burlonas piezas, amalgama de distintos lenguajes y técnicas audiovisuales, ya está buena parte de lo que exploraría en los años siguientes: la posibilidad de sintetizar a través del cine expresiones libres de otras artes (las rimas y planteamientos poéticos escritos junto al poeta Joan Brossa, el uso radical de la música y el sonido con Carlos Santos…). Con varias secuencias para el recuerdo —la de apertura, la de la fábrica, el lienzo blanco final…—, es el Un perro andaluz (1922) de Portabella: surrealista, perturbador y divertido.
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AIDEZ L’ESPAGNE (1969)

Entre las películas de Pere Portabella hay un buen número de ellas que son cortometrajes. Aidez L’Espagne, uno de los dos encargos que realizó para una exposición antológica de Joan Miró, es uno de los más breves —se ve enseguida— y más interesantes. A partir del famoso pochoir que Miró hizo en 1937 para solicitar desde París la ayuda internacional a la causa republicana en la Guerra Civil, tenemos uno de las primeras reflexiones cinematográficas del conflicto a partir de sus imágenes reales, adelantándose a Basilio Martín Patino y su Canciones para después de una guerra (1971). Portabella cruza grabados del artista de la serie Barcelona (1939-1944) con archivo franquista, cruzando el horror con la construcción de una nueva memoria para los vencidos.
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VAMPIR – CUADECUC (1971)

Quizá no sea su largometraje más importante —Nocturno 29 (1968) es el gran ensayo, muy influyente entre la vanguardia— o representativo —Umbracle (1972) supone el punto de encuentro entre la experimentación y su despliegue político posterior—, pero Vampir, Cuadecuc tiene una coherencia y enganche cinéfilo que la hacen perfecta para entender esta etapa de complejas asociaciones de ideas/imágenes del catalán y no morir en el intento. Pere Portabella aprovecha el rodaje de El conde Drácula (Jesús Franco, 1970) para resignificar las imágenes de su filmación, ejerciendo todo tipo de manipulaciones, abstracciones y trabajos de luz y sonido para volver a pensar el cine de género y hasta las raíces del mito vampírico.
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INFORME GENERAL SOBRE UNAS CUESTIONES DE INTERÉS PARA UNA PROYECCIÓN PÚBLICA (1976)

Es la película más conocida de Pere Portabella y una de las imprescindibles del cine político europeo de los años 70. Desde una impresionante secuencia de apertura con una manifestación reprimida por los ‘grises’ en Barcelona, asistimos a un estado de la cuestión de lo que estaba pasando en el Estado en un momento trascendental: la transición de la dictadura franquista a la democracia. Un período histórico contado en directo y una reflexión concentrada sobre los debates y preocupaciones de la izquierda, especialmente en una versión catalana. Es curioso ver cómo buena parte de las inquietudes y problemas detectados en la España de entonces valdrían para la España de hoy, casi 50 años después. Un relato urgente que ha envejecido mejor que su secuela, Informe General II – El nuevo rapto de Europa (2015).
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PUENTE DE VARSOVIA (1989)

El repaso podría haber acabado con la más reciente El silencio antes de Bach (2006), que explica muy bien la relación de Portabella con la música y propone algo así como un reinicio de su obra, pero optamos por Puente de Varsovia, una ambiciosa y expansiva reflexión sobre la creación artística en una Europa a un lado y al otro del puente anticipándose a la caída del Muro de Berlín. La sensación de «fin de la historia» se junta con las rimas visuales de Portabella, que esta vez sí juega a tener ciertos hilos narrativos (un triángulo amoroso, tres personajes…) para después confundirlos y mezclarlos entre pantallas. Después de su etapa como político, el director expresaba buena parte de su desencanto de época en esta sugestiva película. Hay una secuencia en un metro (en el de Berlín, claro) que lo resume todo.
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Arturo Tena