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Críticas

Tierra de nuestras madres: El ‘surruralismo’ que resiste

Liz Lobato pone en voz de una cabra la mejor tradición del humor manchego y la sabiduría rebelde del pueblo primordial
Tierra de nuestras madres: El 'surruralismo' que resiste 2

La tierra de nuestras madres está en un pueblo llamado Villacarrizo de La Mancha, al borde de la ruina más absoluta por la ludopatía de sus vecinos y, en concreto, del alcalde. El regidor, ahogado por las deudas, se ve obligado a corromperse. En concreto, acuerda vender, pieza a pieza, el pueblo a una gran empresa china que busca explotar los terrenos para la agricultura industrial. Rosario (Saturnino García), una anciana que vende sal de higuera en Villacarrizo, se empieza a rebelar ante el proceso.

La también actriz Liz Lobato saca su primera película como directora, un cuento rural en blanco y negro contado por una cabra. Una comedia de guasa y amargura que se desmarca de la tendencia del ‘neorrural’ en el cine español a acercarse a la realidad del campo desde el naturalismo o el thriller. Aquí manda el ancestral y natural humor manchego, ese que parte de la base de que cuanto más te duele más te ríes. Ese que siempre ha sabido cómo mezclar el absurdo más lisérgico con la sencillez de un pedo.

Tierra de nuestras madres es una película que se agarra a su simpática estructura fabulesca y al timón que es Saturnino García para maquillar las dificultades del reparto no profesional de Villacañas, pueblo original del rodaje y de la directora, o ciertas inconsistencias de su argumento principal. La transparencia inocente y socarrona de esta película desarma cualquier dificultad. Es el camino, a campo a través, de la sabiduría rebelde del pueblo primordial.

Los cuentos que nos hacemos

Tierra de nuestras madres película Liz Lobato

Liz Lobato entiende cuál es la esencia de fondo de lo que quiere contar en su película y le da una forma que le convenga lo máximo posible para llegar hasta ella. Eso es —también o sobre todo, elijan— dirección de cine. En ese sentido, la idea de establecer «un cuento chino» sirve de mucho para el efecto de la película: lo que ocurre no está ni cerca de ser plausible, pero el fondo de lo que pasa sí lo es. Una cabra de un hombre vestido de mujer nos cuenta los detalles de los habitantes de un pueblo que no existe. Pero el hecho de que tengan que abandonarlo por ser comprado sí que nos conecta con algo muy real.

Lobato consigue así que no nos tomemos demasiado en serio nada de lo que ocurre en la película, algo que traicionaría el espíritu humorístico local, pero a la vez es capaz de plantear las dificultades del campo español (la despoblación, la agricultura industrial, etc…) desde su propio punto de vista. Ahí toma claro protagonismo el vínculo con las raíces y los ancestros, algo que Lobato entiende bien replicando en la fotografía —y varios elementos de la puesta en escena y el tipo de planos que elige— cierta imagen del exilio en la Guerra Civil o de las penurias la posguerra, épocas de impactos para millones de españoles que Lobato, de la siguiente generación, recupera del olvido.

Que el pueblo te acompañe

Tierra de nuestras madres: El 'surruralismo' que resiste 1

Este inteligente dispositivo y divertido planteamiento ‘surruralista’ de Tierra de nuestras madres está desvestido, por definición, de cualquier modismo intelectual o de experimentación con el espacio o el tiempo cinematográficos: todo pretende ser cine narrativo directo y lo menos revestido posible, adaptado al carácter manchego. Es en la exaltación de la naturalidad, del lugar y de sus habitantes, donde está el verdadero corazón de la película.

Es cierto que ese espíritu amateur por bandera, de la transparencia hasta el fin, se le pone a veces en contra a Lobato cuando necesita «construir» el desarrollo dramático y situacional de la historia. Se notan forzadas ciertas dinámicas, como la del centro de saludo las de los poderes fácticos del pueblo. Era quizás la otra cara de la moneda de tener que lidiar con actores no profesionales de edad más avanzada, más puros y originales, pero con menos flexibilidad y moldeabilidad a los planteamientos del guión.

En cualquier caso, Tierra de nuestras madres tiene su particular tarro de las esencias guardado a buen recaudo en saquitos de sal. Lobato ha traído una película agradable al ciclo de reflexión sobre el rural, recuperando para la causa algunas de las mejores lecciones pueblerinas del maestro Jose Luis Cuerda. El pueblo siempre acompañará, como lugar en el que estar, del que salir o al que volver. Y esa raíz que crece dentro permitirá la rebelión.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.