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Películas españolas

Érase una vez en Euskadi: Los recuerdos no llegan

Una película desde el recuerdo de los años 80 en Euskadi que se queda corta como retrato personal de la época, pero también como momento generacional
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A partir de los recuerdos de infancia de su director y guionista, Manu Gómez, Érase una vez en Euskadi nos lleva hasta un pequeño pueblo vasco durante un verano de 1985. Aquí cuenta las aventuras y desventuras de 4 amigos (Asier Flores, Aitor Calderón, Miguel Rivera y Hugo García) y sus familias, tres de ellas emigradas desde Andalucía. El trabajo, el terrorismo, el primer amor, el ciclismo o las drogas dominan este paseo, entre lo nostálgico y lo costumbrista, por algunas de las realidades del País Vasco en los 80.

La película se mete de lleno en la amplia corriente o subgénero del «cine del recuerdo», aquel en el que un cineasta cuenta su infancia o juventud como una de las épocas que marcaron su vida, en algún sentido u en otro. Manu Gómez se fija en un período estival, clásica época de cambios, y le da una pátina de recuerdo y cuento (érase…) muy cotidiano, intercalando una serie de situaciones familiares con algunos momentos trascedentales en la vida de sus pequeños protagonistas.

Érase una vez en Euskadi cumple como simpático acercamiento a las vidas de muchos de aquellos que tuvieron que salir de su casa para buscar un futuro mejor en el País Vasco, pero no es capaz de transmitir una idea concreta sobre cómo era Euskadi entonces ni cómo sus jóvenes protagonistas viven ese verano tan movido. Se queda corta como retrato personal de la época, pero también como emocionante momento generacional.

Ni el mundo de los niños

Érase una vez en Euskadi: Los recuerdos no llegan 1

El problema principal de Érase una vez en Euskadi es similar al que tienen algunas de estas películas que parten de una memoria muy personal: un cierto ensimismamiento sobre lo que pasa y cómo pasa. El relato se fija mucho en momentos vinculados a recuerdos específicos, cercanos a la huella sentimental del cineasta, pero que no transmiten al espectador ni ideas ni sentimientos concretos, solo imágenes que pueden evocarlos. Y aquí esto pasa a menudo.

En ese sentido, la película tampoco tiene lo bueno que sí tienen, a veces, estas películas: un punto de vista, un acercamiento muy directo al mundo interior de su protagonista. Aunque Marcos (Asier Flores) parece ser el personaje principal, Érase una vez en Euskadi pretende más bien acercarse a lo que están pasando los cuatro jóvenes a la vez. Gómez no da una verdadera personalidad ni un arco dramático visible a ninguno de ellos, que no sabemos dónde están emocionalmente ni durante ni al final del viaje. No vivimos el mundo desde esos ojos preadolescentes.

…ni el de los mayores

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Según avanza, la película se queda sin propósito también a nivel de contexto social o época «de los mayores«. Se llena de elementos y problemas de entonces, tan interesantes como el terrorismo o la devastación de las drogas, pero son más bien un escenario y un hilo argumental del que tirar que un verdadera aproximación a los temas de fondo que sí estaban tocando a la sociedad vasca de entonces, especialmente a la rural que protagoniza Érase una vez en Euskadi.

A este mundo «de mayores» tampoco le ayuda que la película se empeñe en mostrar una cierta gravedad sobre lo que ocurre, incluso con momentos muy dramáticos, pero tampoco quiera renunciar a la ligereza que tiene que transmitir la vida de los chavales. Es como si los temas de adultos se vieran desde la perspectiva de los niños (un esbozo) y los asuntos de los niños se percibieran desde los ojos de los adultos (muy desde fuera). Nada cuaja del todo.

Con un buen nivel de producción y unas familias bien caracterizadas, lo mejor de Érase una vez en Euskadi está en las situaciones íntimas y de complicidad de sus familias. Funcionan las conversaciones en la mesa o ciertos momentos cómicos y humanos de estas personas que se vieron empujadas a mudarse de su tierra -que es el tema más novedoso e interesante-. Se nota un trabajo intenso en darle forma a estas dinámicas, y hay que reconocer que aquí Manu Gómez ha hecho un gran trabajo con el reparto.

El director y guionista ha firmado una primera película de buenas intenciones y condiciones sobre la amistad, pero desde un lugar personal que no ha conseguido hacer cercano al resto. Con mucho que contar y desde diferentes puntos de vista, Érase una vez en Euskadi se queda sin una idea-vehículo que le permita tocar capas un poco más profundas. No llega hasta el final del cuento.

Érase una vez en Euskadi se estrena en cines el 29 de octubre.
Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.