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CRÍTICAS

Verano en rojo: Con el policíaco hemos topado

La película dirigida por Belén Macías no aprovecha el impulso de su aprovechable tema de fondo y se queda en la rutina de la investigación criminal
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Verano en rojo nos lleva a un pasado cercano: 2010, un joven aparece asesinado en Madrid. Una comisaría de la policía (Marta Nieto) empieza a investigar el crimen, lo que le acabará llevando hasta Navarra y una orden religiosa. Mientras, un veterano periodista (José Coronado), despedido de su periódico, empezará a encontrar pistas que tendrán que ver con la investigación de la comisaría.

Verano en rojo es un policíaco basado en un libro del mismo nombre de Berna González Harbour, veterana periodista de El País que debutó así en el subgénero de la novela negra. Belén Macías lo ha adaptado en una de crímenes que quiere centrarse más en lo sistémico que en lo coyuntural. Es decir, que no está construida alrededor del ‘descubre y atrapa al asesino’ sino en describir los tentáculos de un problema real y más grande, que es el de los abusos sexuales y su encubrimiento en el seno de la Iglesia Católica española.

Y aunque lo de no ir al clásico whodunnit podía tener su punto, la película de Macías tampoco se atreve a desechar los tropos de la rutinaria investigación policial, perdiendo la oportunidad de dar forma al importante tema y contexto social al que apela, aún de actualidad. Así,Verano en rojo se queda atrapada entre la crónica negra periodística y el thriller genérico y literal. Pese a contar con un reparto de alto nivel que da empaque profesional, el resultado es insulso.

Una película y los temas de Verano en rojo

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El policíaco de toda la vida a veces se mezcla con temas sociales y reales. En Verano en rojo ya hemos visto que se apuesta fuerte por un tema con mayúsculas en España: los casos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica, que solo cuantificados superan ya los 1.000 en nuestro país. La película de Macías se atreve a tratarlo como el núcleo de su historia, algo que en la ficción nacional no se hacía tan de frente (como subtrama sí ha aparecido) desde que Pedro Almodóvar lo tocara en La mala educación (2004). Han pasado casi 20 años —algo más de 10 desde la época en la que está ambientada la película— y la sensación de «con la Iglesia hemos topado» sigue existiendo. Así que esa valentía hay que concedérsela.

A este tema se le adhiere otra variación del thriller criminal, esta mucho más habitual: la de la investigación periodística paralela a la policial. Si en algo se nota que González Harbour tiene ADN del gremio del plumilla es en su habilidad para conectar la época de mayores cambios recientes en la profesión (la transformación digital, la crisis del modelo de negocio, los despidos y la «reestructuración» de las redacciones de los grandes periódicos) con la de la exposición de lo que sucedía en el seno de la Iglesia. El personaje de Coronado —que en algo se parece al de La chica de nieve— tiene ese halo del periodista de toda la vida, una suerte de alter ego de la propia González Harbour.

Pero no, esto no es Spotlight (Tom McCarthy, 2015). El centro de Verano en rojo no deja de ser la investigación del personaje de la comisaria interpretada por Marta Nieto, al que se le une también su desarrollo dramático en forma de hilos familiares y personales. Una maniobra que le da a un claro halo a la comisaría María Ruiz de protagonista carismática de serial de novela negra que daría para varias entregas (la influencia de la trilogía del Baztán es clara). Por eso mismo la investigación periodística es un complemento y el tema de los abusos de la Iglesia no supera el hecho de ser eso, un tema de fondo que podría haberse sustituido por otro gancho de actualidad. Y determinar el valor de una película solo por el tema que trata no suele ser buena idea.

Historias y policíaco

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Al final, lo que perjudica a Verano en rojo es que su centro gravitacional sea la investigación policial, un síntoma bastante negativo siendo esto… un policíaco. No hay tensión alguna ni en la forma en la que se da a la investigación ni en la dosificación de la información, que o ya llega hecha a la comisaría o alguien la «confiesa» en un diálogo. Tampoco el caso y sus características tienen nada de especial, con una historia «truculenta» que es en realidad un collage de detalles y puestas en escena criminales ya mil veces vistas. Si el interés no es ‘quién es el asesino’, una decisión interesante, hay que esforzarse en ofrecer otros estímulos. Y no lo hace.

Macías es concienzuda y correctísima en la dinámica estructural de su guión, pero Verano en rojo se pierde en el tedio de una historia hiperliteral y prosaica, con una construcción atmosférica sin personalidad (la base navarra no está aprovechada lo suficiente), una composición visual por defecto y un desarrollo argumental que se siente demasiado de prestado. La película cumple con los mínimos exigibles en su relato, pero no supera ninguno de los vicios de un thriller criminal que podemos encontrar debajo de una piedra.

Imágenes: Verano en rojo – Mikel Larrea (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_