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Críticas

Un sol radiant: ‘Deep Impact’ aterriza en Alcarràs

Un equipo de cineastas jóvenes presenta en el D'A FIlm Festival este sensible drama de personajes en un ambiente rural que se distingue de ‘Verano 1993’ y compañía mediante un inusual trasfondo preapocalíptico
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Las responsables del proyecto coral de Un sol radiant demuestran que el mashup no tiene por qué ser únicamente un recurso sensacionalista orientado a despertar curiosidades. Que puede ser una manera de explorar el lenguaje fílmico desde las coordenadas del cine de autor. En este caso, desde un cine de autoría compartídisma: el filme nació como un proyecto de final de grado de cinco alumnas de la Universidad Pompeu Fabra (Mònica Cambra Domínguez, Ariadna Fortuny Cardona, Clàudia Garcia de Dios, Lucía Herrera Pérez y Mònica Tort Pallarès), y de una estudiante de intercambio proveniente de la Universidad de Santiago de Compostela (Belén Puime Bao).

Un sol radiant es, para empezar, un drama rural que trata de los vínculos emocionales, especialmente de los lazos familiares. Una película de personajes donde se apuesta por un tratamiento cuidadoso de la sentimentalidad. En el apartado estético, podemos ubicar el filme en un espacio intermedio entre Alcarràs (que se aleja de los retratos de la ruralidad propias de un cine indie muy en contacto con la publicidad) y Costa Brava, Líbano (cuyas autoras parecían asumir con cierta naturalidad algunas convenciones del ‘indie-hipsterismo’… mientras subvertían otras).

Después de un prólogo con imágenes de cielo y bosque, Un sol radiant comienza con una niña que afronta el inicio de un día. La imagen es, también, simbólica: todo girará sobre la manera de mirar de alguien que despierta forzosamente en la vida adulta. La cotidianidad aparece teñida por algún pesar que no se expresa. Podría tratarse del descubrimiento infantil de la mortalidad que trataba Estiu 1993 (Carla Simón, 2017), pero la revelación se produce con rapidez: Un sol radiant narra en clave íntima el compás de espera antes del final de todas las cosas humanas. Deep impact (Mimi Leder, 1998) aterriza en Alcarràs.

¿Mamá, qué estaremos haciendo cuando caiga el meteorito?

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En Un sol radiant vemos la pausa en los despertares, los tiempos muertos en una noche insomne. El planteamiento hermana dos escapatorias para los urbanitas agobiados. El interés por lo rural, que a menudo se idealiza como una alternativa a la aceleración tecnocapitalista de las vidas, se entrelaza con la exploración de aquellos discursos extraños de gusto por los confinamientos pandémicos: la excepcionalidad de la situación te permitía, por fin, disponer de tiempo para ti mismo. En el contexto de la covid-19, se afrontaba una especie de interludio. Aquí estamos ante un epílogo. 

Este epílogo resulta interesante. Las autoras parecen plantearse una pregunta: ¿qué haríamos si supiésemos que no tenemos futuro? Probablemente explorando la herida pandémica y construyendo sobre su costra, especulan sobre cómo es la gestión diferente del presente cuando hay un convencimiento total de que no hay ningún futuro. El barniz apocalíptico dota de un atractivo pop añadido a una exploración dramática de la gestión de la mortalidad humana.

Se suceden las alternancias tonales, mitigadas por un trasfondo (casi) permanente de pesar, y los golpes emocionales diversos: una fiesta se deshilacha cuando una de las participantes comienza a llorar por la muerte inminente sin poder volver a bañarse en el mar. Algún suicidio para no esperar enrarece (más) el clima de espera tensa. Incluso la niña que planta girasoles, aunque sea futil para ella (y para la humanidad e incluso para el planeta), llega a un cierto límite.

La certeza y la estupefacción en Un sol radiant

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En ningún momento se reciben inputs externos que procedan de más allá del grupo protagonista y de las casas y familias de los alrededores. Por lo que al espectador respecta, todo podría ser un delirio grupal o una escenificación al estilo de El bosque (M. Night Shyamalan, 2004). El convencimiento absoluto y sin fisuras de que toda vida humana va acabar de manera inminente no se argumenta demasiado. La inconcreción estimula la curiosidad del público. A la vez, esta escenificación de certeza absoluta nos empuja a pensar la vida desde otro lugar cuando se descarta la idea de que las cosas continúan

En Un sol radiant, dejar de pasar unas horas con tu familia tiene unas consecuencias magnificadas y disminuidas. Todo importa más, aunque dé completamente igual. El optimismo que nos impulsa a continuar fricciona con el recuerdo periódico de que el fin está cerca, recibido con cierta estupefacción: ah, sí, es verdad, que moríamos todos. Este punto puede chocar, pero tiene un trasfondo auténtico. ¿Quién no ha perdido a alguien de una manera anunciada y, durante el proceso, no ha podido sacudirse una sensación absurda de sorpresa? La vida es así, no solo en la pantalla.

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.