Suscríbete Iniciar sesión

Críticas | Prime Video

Un funeral de locos: Muerte por ‘remake’

La versión española de 'Un funeral de muerte' entiende qué era lo gracioso de la original y lo protege, pero la coralidad y el ritmo de aquella se pierde en una dirección insulsa y un gran reparto poco inspirado
Crítica de 'Un funeral de locos'

Un funeral de locos es el de un patriarca vasco, que reúne a toda la familia y allegados en la casa del difunto. Pese a sus diferencias, los dos hijos (Quim Gutiérrez y Ernesto Alterio) parece que están controlando el evento sin mayores problemas para la afectada viuda (Belén Rueda), pese a que el resto de invitados no lo está poniendo fácil. Hasta que un inesperado visitante revelará un secreto que sí pondrá todo patas arriba.

Poco se parece el panorama actual de la comedia española al que había cuando el director Manuel Gómez Pereira y la guionista Yolanda García Serrano poblaban los años 90 con comedias como ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? (1993), Todos los hombres sois iguales (1994) o El amor perjudica seriamente la salud (1995). Si aquellos enredos era lo que se llevaba hace 30 años y era fácil que engancharan un poco en taquilla, ahora, en un mercado más restringido, lo que mandan son los remakes variados para, deben pensar las majors que les dan el sí, intentar asegurar la máxima recaudación posible.

Ahora la veterana dupla Pereira-García Serrano vuelve al cine español con esta versión local de Un funeral de muerte (Frank Oz, 2007), una loca comedia británica que sirvió, por ejemplo, para lanzar las carreras de los televisivos Matthew Macfayden (Succesion) y Peterk Dinklage (Juego de tronos). Ya tuvo un remake en Estados Unidos en 2010, y ahora, 15 años después, aquí se ha decidido lanzar otro, dándole el toque autóctono vía País Vasco. Aunque el carácter local está limitado a un par de detalles, no se vayan a perder los chistes en México.

Coralidad de funeral

<strong>Un funeral de locos</strong>: Muerte por 'remake' 1

La gracia de la original era precisamente lo coral que era el disparate que se presentaba, ramificado en distintos frentes y tramas que se unían en una casa que se convertía en el escenario principal de un teatro cada vez más absurdo, en contraste con la seriedad que se le presupone al rito de la muerte. Un funeral de locos busca acercarse a esa orquesta inoportuna de asistentes a base de acumular talento y caras conocidas: a los Alterio, Gutiérrez y Rueda se unen Secun de la Rosa, Antonio Resines, Inma Cuesta, Hugo Silva, Gorka Otxoa, Esmeralda Pimentel y Arturo Valls desfilando.

Y en el casting y la caracterización, que claramente no está hecha pensando en el personaje concreto sino en el potencial del nombre del actor, está uno de los errores originales de la película. Hay actores que no encajan, algunos que están claramente desaprovechados y otros que directamente están o mal dirigidos o fuera de su personaje. El caso más clamoroso seguramente sea el de Antonio Resines, que debería ejecutar un papel que intuitivamente sí le iría bien (viejo cabreado y mal hablado), pero está fuera de tono y forzado. Tampoco Secun de la Rosa o Belén Rueda —madre de ¡Ernesto Alterio!— consiguen encontrar su sitio entre la caricatura y la humanidad de sus personajes.

Hay otros que salvan la papeleta y sí están como deberían de estar en Un funeral de locos. Es el caso de Alterio, Inma Cuesta, Arturo Valls o Hugo Silva, que han encontrado la forma de darle su toque, ya sea tirando de oficio o porque realmente han entendido cómo afrontar su personaje. Gorka Otxoa, que tiene de largo el papel más difícil, hace lo que puede con lo que le ha tocado.

Un funeral de locos y un remake de muerte

<strong>Un funeral de locos</strong>: Muerte por 'remake' 2

El del casting que privilegia lo comercial a lo ideal es un poco la base sobre la que esta película se desviste y termina por no justificar demasiado un remake que, por lo demás, sí que aguanta la papeleta como comedia aislada —sobre todo si no se tiene a la original para compararla—. Gómez Pereira opta por hacerlo todo lo más fluido posible mientras que García Serrano deja detalles de talento por aquí y por allá que le terminan de dar un empaque profesional a una base original que ya era divertida y que se ha tenido la inteligencia de identificar dónde estaba lo gracioso y no tocarlo demasiado.

Luego hay otras decisiones en la película, de «achicar agua», que no ayudan a ponerle el lazo. Más allá de algún fallo técnico, no se puede pasar por alto el tema de los cromas (lo del tejado es un drama) y, sobre todo, la decisión de doblar al pobre Santi Ugalde con otro actor. Si había algo que no se le entendía o el sonido no era bueno, ¿no se podía doblar él a sí mismo? Aquí es donde se ve que las películas se hacen cada vez más rápido y con menos presupuesto en este país, cosa que termina por verse en pantalla.

Por ir enterrando al muerto: Un funeral de locos es una comedia aceptable, con ratos divertidos, y que gana aún más si no se ha visto la original. Si se ha visto y si uno se pone un poco exigente, la película sufre tanto de un casting poco inspirado, dirigido regular y muy descompensado, lejos del potencial que tienen todos los actores reunidos. A los que pensamos que el remake sigue siendo uno de los males de la comedia española comercial no nos harán cambiar de opinión con películas como esta.

Disponible en

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.