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Críticas

Tres adioses: Isabel Coixet firma un drama vitalista tan reconocible como irregular

Aunque tenga el aroma de su primer cine y sus actores la defienden, la película italiana de Coixet está demasiado impostada y sobrecargada
Crítica de la película 'Tres adioses', de Isabel Coixet

Tres adioses (Tre ciotole) arranca con el fin de la pareja compuesta por Marta y Antonio. Aunque el duelo por la separación afectará profundamente la vida de ambos, juntos desde hace siete años, será Marta, la «dejada», la que parece estar tomándoselo peor, incluso somatizando este cambio en su relación con la comida. Cuando Marta descubre que detrás de todo hay un problema serio de salud, todo cambiará.

Inauguración de la Seminci de Valladolid,Tres adioses es la nueva película de todo un nombre del cine español como Isabel Coixet, que vuelve a abrazar su dimensión internacional con esta película de esencia —y buena parte del equipo— 100% italiana, pese a ser también coproducción española. Una historia de duelo amoroso y búsqueda de nuevos sentidos a la vida en el romano barrio de Trastevere que adapta parte de unos cuentos que la escritora Michela Murgia unió en un libro con el mismo nombre.

Después de la adaptación de Un amor (2023), Coixet firma este drama vitalista que está mucho más cerca de los temas que a ella por naturaleza le interesan (junto a los que ya había en esa parte autobiográfica del libro de Murgia) y, por tanto, le funcionan mejor. Basta eso y fiarse de la intuición de un grupo de actores sólidos — comandados por Alba Rohrwacher (aunque lo de que sea profesora de educación es difícil de tragar) y Elio Germano— para que Tres adioses tenga cierto encanto. Aún así, la película está lejos de las más inspiradas y precisas de la directora catalana.

La conexión entre los tres adioses

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De las tres películas que, antes de esta, había adaptado de la literatura la directora catalana —Elegy (2008), La librería (2017) y la mencionada Un amor—, Tres adioses es, sin duda, la más ‘coixetiana’ de todas ellas. Está, sobre todo, la manera de afrontar los finales (Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras), pero también andan por ahí el papel fundamental de la comida (La vida secreta de las palabras, Foodie love) o la sentimentalización de los espacios urbanos (Mapa de los sonidos de Tokio, Nieva en Benidorm).

Pero en el tortuoso proceso que va de la radiografía del desamor a la aceptación del final, Coixet intercala tanto soluciones un poco prefabricadas (cómo se expresa a nivel dramático el dolor, la aceptación, etc…) como añadidos que no terminan de estar integrados en el relato. Se nota especialmente en el desarrollo del personaje de Elio Germano—actor maravilloso—, centrado y luego semiabandonado a mitad de la película, pero también, por ejemplo, en la mirada (pese a su homenaje a Nanni Moretti, un tanto turistizada) sobre Roma o en la colección de frases grandilocuentes—muy de Coixet también—.

A la película parece que le falta algo de conexión entre muchas (demasiadas) piezas y eso, teniendo en cuenta que dura dos horas, es un problema. Una evidencia de las costuras del montaje que también se hacen notar para mal en algunas continuaciones de escena directamente mal cortadas (y eso parece no problema de edición, sino de rodaje). En general, sea por la razón que sea, las películas de Coixet se han afilado, entrecortado —y, en general, afeado— a nivel formal de una forma un poco inexplicable e injustificable (¿por qué el 4:3 en esta película?).

La persona y el cartón

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Como decía, las películas de Coixet que más claramente asoman en Tres adioses son Cosas que nunca te dije (1996) y Mi vida sin mí (2003) —a la que la propia Coixet hace referencia con el nombre del restaurante de Antonio—. Y repasando estas películas, se nota que su tono vitalista/romántico/idealista era otro, mucho más integrado naturalmente en el drama central de los personajes y hasta en las imágenes. Por la forma de plantearlos, en Tres adioses se sienten más imposiciones artificiales, colocadas desde fuera y por pura funcionalidad.

Como ejemplo de esto basta ver la forma en la que las protagonistas explican en voz alta qué es lo que piensan y cómo se sienten, un dispositivo confesional muy de Coixet. El Teléfono de la Esperanza y la grabación de una cinta en Cosas que nunca te dije o la lista de cosas que hacer antes de morir en Mi vida sin mí, en Tres adioses se convierten en unos apuntes —una conversación lunática con un cantante de K-Pop de cartón— que, aparte algún detalle al final, están desconectados del resto de la película.

Parece que no por lo que estoy diciendo, pero la película tiene también sus cualidades. Sobre todo en su buen arranque, cuando se nota que el tratamiento de lo que le ocurre a Marta tiene una cadencia, un ritmo interno y un cuidado que se había determinado mejor (por lo menos en relación a lo que ha acabado dentro de la película). Tampoco está nada mal el tratamiento de algunos personajes secundarios (Francesco Carril, muy bien en italiano) y la forma que le han dado sus actores. Eso, junto algún detalle encantador del guión (lo de la comida sí que está bien metido), la hacen más que llevable.

Por ir pidiendo el tiramisú: Tres adioses aguanta mejor que otras en la filmografía reciente de Coixet gracias a una sintonía que hay en su guión, acompasada a los intereses de siempre de la directora. Aun así, la película sufre por querer tener demasiadas cosas, dando la sensación de haberse quedado en una serie de píldoras que, con suerte, ‘evocan’ pero que nunca ‘son’.


Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.