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El apagón real: un corto documental español se sumerge en la oscuridad de Sierra Leona

Candidato al Goya al Mejor Cortometraje Documental, ‘The road bad and the place dark’ cuenta la crisis energética en el país africano desde los efectos devastadores en su sistema de salud

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Han pasado ya 20 años desde el final de la guerra civil en Sierra Leona, pero el país sigue sufriendo sus consecuencias en 2022. Considerado por todos los indicadores internacionales como uno de los países más pobres del mundo, la República occidental vive aún en las sombras económicas y sanitarias de ese sangriento conflicto (75.000 muertes, recoge Amnistía Internacional) y del paso del ébola (2014), unidas ahora a las de la pandemia. La película The road bad and the place dark, dirigida por Borja Larrondo y candidata al Goya al Mejor Cortometraje Documental, se sumerge en la oscuridad a la que están sometidos los sierraleoneses, simbólica desde fuera pero muy real desde dentro.

Estrenado en Filmin, el cortometraje pone caras y lugares concretos a las estadísticas oficiales, que aseguran que solo el 26% de la población en Sierra Leona tiene acceso a electricidad, según el Banco Mundial. Una crisis energética que ahora amenaza con fuerza a Europa y que el corto de Larrondo recuerda, sin intención de lanzar mensajes moralizantes ni reproches éticos, que ya estaba ahí antes de que nos quisieramos dar cuenta. Las salas de parto iluminadas con la luz del móvil no son una ficción postapocalíptica al estilo de El colapso o Apagón, sino parte de la rutina de miles y miles de personas.

Un documental desde la situación límite hospitalaria

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En conversación con Cine con Ñ, es el propio Borja Larrondo el que cita el podcast y serie de Movistar Plus+ que imagina una terrible tormenta solar que nos deja sin electricidad: «Uno de los capítulos de Apagón es en un hospital. Me emocionó porque he estado ahí metido, puedo contar lo que es y lo que no». AunqueThe road bad and the place dark toque problemáticas como las de las infraestructuras o el combustible, la película acaba aterrizando su discurso de la «crisis no declarada» de Sierra Leona a partir de la grave situación sanitaria.

El director de la película, fotoperiodista durante años, explica que quisieron tratar el tema de la dependencia energética, hoy asunto de portada en los medios europeos, y problematizarlo en las guardias de los hospitales del distrito de Koinadugu, al norte del país. Todo para «llevarlo al extremo más visual y entendible. Aquí no es que tengas la dificultad o el compromiso de encender o apagar una luz, es que puede generar secuelas físicas y psicológicas muy determinadas», dice Larrondo, que recuerda que esto lo vivimos en España «aquí, en la Cañada Real. Quizás viéndolo hasta ese límite, paradójicamente, entendemos más fácil como limita el desarrollo completo de una sociedad».

Las imágenes del documental precisamente buscan «lugares que resulten familiares para cualquiera», «grabando como si el hospital fuera de Londres», dice Larrondo. El director quería «ver cómo es la vida allí para tratar de asimilarla a nuestro día a día, porque es el suyo», y lo ha conseguido a través de distintos testimonios de sierraleoneses que se explican en sus propias palabras. Desde una mujer quemada por las alternativas a la electricidad hasta un médico que salva las vidas de sus conciudadanos sin ver prácticamente nada.

The road bad and the place dark: acciones y límites

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Las imágenes deThe road bad and the place dark rompen desde la oscuridad con el imaginario occidental jerarquizado de esas realidades, asociadas a una iconografía exótica y primitiva del continente africano entendido como un bloque unitario «casi preparado para un filtro de Instagram», comenta el director. Para Larrondo es importante hacer ver «que estamos en un punto global, que somos uno» y que la distancia se crea realmente a partir de paradojas como las que se viven en Sierra Leona, donde hay mucho acceso a Internet 4G en el móvil mientras no hay electricidad: «A través de tu móvil ves como llegan a ver cómo viven otras personas fuera y percibes lo limitante que es tu vida».

Otro elemento del documental que pretende borrar estos espacios vacíos entre un supuesto primer y tercer mundo es una voz recurrente de un español, Héctor Álvarez, colaborador de Médicos del Mundo y especialista sobre el terreno de lo que ocurre en el país. «Es la misma idea, pero sonora, del fotoperiodista antropólogo que no interfiere en la realidad, sino que la cuenta. Una voz nos funcionaba para transmitir la presencia de una persona que ha sido prácticamente invitada a conocerla», explica Borja Larrondo.

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Borja Larrondo, en la presentación de ‘The road bad and the place dark’ en la Sala Equis de Madrid. Foto: Abraham Blázquez

Las intervenciones de Álvarez se mueven entre la curiosidad, el impacto y la información interna, dando una forma omnisciente y cada vez más concreta a las distintas capas del filme. Sus aportaciones al documental acaban, ya desde la total oscuridad, con un dato cuantificado sobre lo que costaría tener un sistema de salud que funcionase correctamente. Una solución al alcance que enciende la frustración pero también una pequeña llama de esperanza sobre la posibilidad de intervenir en situaciones que pueden resultar prácticamente inabarcables.

Es un primer movimiento factible dentro de una realidad complejísima. El director hace hincapié en que las pequeñas acciones no sirvan para hacer una «limpieza de conciencia, para que hagamos una donación, sentirnos cómodos y abandonar sin cargo de conciencia ese territorio». Precisamente lo que busca The road bad and the place dark es que no olvidemos y tengamos presente «una realidad que no hay que soltar, sino hacerla nuestra para entender que, desde ese dato mínimo, solo la podremos cambiar entre todos», concluye el director.

Imágenes: frames deThe road bad and the place dark, una producción de The KIds Are Right y Lobo Content, con la colaboración de Médicos del Mundo y la distribución en festivales de Distribution with Glasses.

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