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Solo una vez: Denuncia de la violencia de género de escaso calado

Una película con marcado y necesario carácter reivindicativo pero sin muchos alicientes

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Guilermo Ríos, director y productor canario, debuta en el largometraje con Solo una vez, película con marcado carácter reivindicativo protagonizada por Ariadna Gil, Álex García y Silvia Alonso. Tras ser preseleccionado a los premios Óscar con el cortometraje Nasija (2007), uno de los títulos más destacados del panorama español dentro de su formato aquel año, Ríos vuelve a apostar por una historia en la que se desgrana el machismo, la violencia de género y se reflexiona sobre los roles que hombres y mujeres han adoptado a lo largo de varios años en convenciones como la vida en pareja.

En este caso toma como material primigenio la homónima obra de teatro de Marta Buchaca, quien se adapta a sí misma escribiendo el guión del filme. Debido a esta fuente procedente de la dramaturgia, Solo una vez hace gala de un estilo en el que se priman las actuaciones de sus protagonistas, los diálogos que se desarrollan en sucesivos planos y contraplanos y un solo escenario: el centro del servicio de atención a mujeres víctimas de agresiones de género. 

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La historia se abre a través de un montaje paralelo en el que se nos muestra la diaria apertura de este centro y la llegada al mismo tanto de un hombre denunciado por ejercer la fuerza contra su novia (Álex García) como de la profesional encargada de desarrollar varias terapias con él (Ariadna Gil). También en este inicio quedará planteada la otra (sub)trama de la película: el trabajo de ayuda psicológica de Gil con una víctima anterior provocará la ira del maltratador de la misma, un hombre resentido que no dejará de acosar a nuestra protagonista -y al centro en general-.

Para evitar caer en el mero drama con intenciones éticas y morales, Ríos parece aprovechar este cauce secundario para imprimir “tensión” a la historia, empleando la vulnerabilidad de la hija de Ariadna Gil -una adolescente menor de edad- como personaje en riesgo en relación a las posibles acciones del perturbado hostigador. Sin embargo, es un recurso no ejecutado con suficiente maestría a nivel estructural; no deja de ser un elemento necesario para el final de la trama y del discurso, sin que el ritmo y la estética del filme viren realmente fuera del drama más convencional. 

En cuanto al resto de la narración, el guión de Solo una vez juega a la progresiva revelación de información que el espectador -y Ariadna Gil, nuestra “personificación” en la trama- no conocen de antemano, generando un cuento moral a todas luces apropiado pero poco sutil en su ejecución. No es necesario que todas las películas tengan un subtexto que sea arropado por una historia “atractiva”, pero Solo una vez es una cinta tan marcadamente de tesis que, al presentarse sola ante el peligro frente al espectador, peca de un bajo interés en lo puramente fílmico.

Dentro de las decisiones puramente de dirección, la planificación tampoco apoya el citado intento de imprimir suspense al relato. La mayor parte del metraje se desarrolla a lo largo de planos medios/largos en los que los protagonistas (Gil y García, a los que se unirá Alonso) recitan un guión que, por otra parte, no parecen haber interiorizado completamente. Si se hubiera subrayado de forma más efectiva el punto de vista de la historia en Ariadna Gil -una mayor cercanía con ella a nivel de planos podría haber hecho que el espectador compartiera la apuesta por la tensión, recurso acertado que hubiera ido de la mano del tema de fondo- o se evitaran ciertas escenas de conversación en piloto automático en favor de, por ejemplo, tomas más largas o planos secuencia -los cuales refuerzan nuestra sensación de realidad- podría haberse transitado por un camino más próximo a la identificación del público con las mujeres víctimas de la violencia. Sin embargo, es una oportunidad perdida. 

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Otras ideas de dirección que no terminan de carburar en la misma línea que las señaladas son los planting que introduce Ríos de cara a un futuro giro en la narrativa: los insertos del vaso de agua durante las conversaciones entre Gil y García (incluso Alonso) preconizan una futura importancia del mismo en la trama que, quizás por reiterativos, no se caracteriza por su originalidad ni capacidad de sorpresa. Lo que nos queda por tanto es un drama sin otro aliciente que el de considerar como acertada su imprescindible denuncia social: el texto es literal, la narrativa es de todo menos sutil y la mezcla de géneros no llega. 

Llegados a este punto, el plantel de actores que se enfrentan a textos de origen teatral -se presuponen monólogos, largos diálogos y lucimiento interpretativo- suele ser uno de los principales atractivos de este tipo de películas. Pese a que Álex García -tan de moda por Antidisturbios pero que lleva ya años en el negocio- o Ariadna Gil -actriz de suma importancia en nuestra filmografía- se encuentran en un terreno en el que son capaces de bregar con trabajos de primera línea, los noto perdidos a nivel de dirección en Solo una vez, recitando un texto que no parece adecuarse a ellos, que no parece lo suficientemente flexible para hablar con las voces de los actores. 

En definitiva, nos encontramos ante una película ilustrativa de un drama contemporáneo a nuestra generación y de marcada actualidad -podemos citar Una joven prometedora como su contrapunto atractivo, teniendo ambas un mensaje similar- pero que no termina de despertar un gran estímulo cinéfilo viendo los instrumentos narrativos, de planificación y trabajo con los intérpretes que ofrece. Una tesis de suma importancia para un film de escaso calado

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