Películas españolas 2026
‘Sóc filla de ma mare’: desmitificación emocional del padre ausente

‘Sóc filla de ma mare’ trata de un triángulo familiar descompensado. Su autora, Laura García Pérez, tenía pensado sumergirse en la memoria de su familia para filmar una película sobre un padre ausente que apenas ejerció como tal. Acabó componiendo un filme a flor de piel, sin dispositivos de relato en clave periodística, construido a través de filmaciones actuales en las que ella dialoga con su madre y de fragmentos de los vídeos domésticos grabados cuando la cineasta era una niña para enviárselos al progenitor residente en la lejana China.
Las charlas de la cineasta con su madre son intensas, y la relación entre ambas termina convirtiéndose en el eje de un proyecto que había comenzado poniendo al ausente en el centro. El resultado ha acabado teniendo importancia al otro lado de la pantalla: según explica su autora, el proceso de rodaje supuso también un proceso de sanación de algunas dinámicas de la relación materno-filial. Soc filla de ma mare se convirtió, como resume el título, la afirmación de un vínculo que había pasado momentos difíciles.
El viaje es muy intenso emocionalmente, extraordinariamente cargado. No abundan los gestos de distanciamiento, ni el uso de alambiques racionalizadores ni de cortafuegos de pudor. Emergen emociones, tensiones, gestiones a la defensiva de un pasado doloroso, cuestionamientos duros… La brevedad de la propuesta, que apenas suma una hora de duración, facilita el visionado y digestión de este documental incómodo, juvenil, puntiagudo, quizá un tanto descontrolado por estar hecho tan desde dentro, pero también muy vital por ese mismo motivo.
Los vínculos manchados en Sóc filla de ma mare

Esta intensidad no parece fuera de lugar. Al fin y al cabo, se abordan vínculos marcados, también dañados, por situaciones conflictivas. El largo abandono paterno estuvo gestionado con una especie de naturalización que quizá contribuyó a cronificar el problema. Incluso tuvo lugar una cierta mitificación del esposo ausente, desmantelada con el paso de los años desde una posición mucho más crítica, quizá resentida. Y la aparición de trastornos psiquiátricos en el hogar terminó de dificultar la situación de las dos protagonistas.
A lo largo de la película vemos momentos duros. El enfado de la cineasta cuando comprueba que algunas de las fotografías familiares en las que aparecía el padre han desaparecido. En otras instantáneas, la figura de él ha sido recortada por la madre para expulsarle (infructuosamente, claro) del recuerdo. La autopsia del archivo de vídeos domésticos hace que emanen apariciones del padre que adquieren un cierto aspecto de observación espiritista de permanencias, de fantasmas. El uso de atmósferas sonoras inquietantes enfatiza un cierto aire de found footage terrorífico a lo Paranormal activity.
Una vivisección de nosotros mismos

El documental sobre la memoria personal y familiar implica evidentemente un cierto grado de exposición personal por parte de los cineastas. García Pérez apuesta por la exposición radical. Quizá películas como Sóc filla de ma mare o La visita y un jardín secreto también tienen un componente generacional. ¿Las nuevas hornadas de cineastas del yo tienen en mente otra idea del pudor y de la privacidad, derivada de crecer bajo la omnipresencia de las cámaras, de vivir acostumbradas a las exposiciones constantes de intimidades (o simulacros de estas) a través de las redes sociales?
En todo caso, el visionado de estos filmes pueden sugerir más preguntas. Quizá estas propuestas pueden servir para que los espectadores (crítica especializada incluida) se replanteen algunas inercias establecidas alrededor de abstracciones como esa distancia justa (¿cuál?) que se supone que hay que mantener en relación con los acontecimientos que se explican. Y, más allá de eso, plantear la relación entre el lenguaje cinematográfico y la representación de la emotividad, a menudo vista desde una sospecha potencialmente injusta.
Por el camino, las dos mujeres acaban prefigurando un camino de futuro posible, más o menos libre de los pesos del pasado. Y configuran una especie de verdad más o menos compartida, que nace de una subjetividad evidente. Y eso tiene consecuencias interesantes. Un relato presentado bajo una mayor apariencia de objetividad racionalista podría adquirir el aspecto de verdad incontrovertible. Las conclusiones de la realizadora, en cambio, son obviamente personalísimas. Y eso facilita que la audiencia se relacione con ellas de una manera más abierta y, de alguna manera, más libre.


Ignasi Franch