CRÍTICAS
Sobre todo de noche: Cartografía de una película que es muchas películas

Imágenes de 'Sobre todo de noche'. Montaje: ©Cine con Ñ
En Sobre todo de noche partimos de una carta y unas direcciones: son las coordenadas de Vera (Lola Dueñas) para su hijo robado, una persona que no conoce y que parece haber localizado tras buscar incesantemente durante años. Esa comunicación le llegará a Egoz (Manuel Egozkue), un joven adoptado que vive junto a la que ha considerado siempre su única madre: Cora (Ana Torrent), que descubre con inquietud lo que está pasando. El viaje y el encuentro entre los tres puede ser inminente.
Película escurridiza la de Víctor Iriarte. Tiene una fina trama, con el tema de los niños robados en España de fondo, que luego se convierte en la base perfecta para ir pasando por imágenes que viajan por un mapa de géneros cinematográficos. Cine negro de investigación, road movie, thriller criminal, melodrama familiar… todo tiene su momento en lo que es, en realidad, una película mucho más interesada en cartografiar un encuentro, en darle unas determinadas coordenadas emotivas, que en contar su desarrollo.
Sobre todo de noche, deconstruida en su planteamiento y cosida de nuevo en su fondo, es una de las películas más atractivas de los últimos tiempos en el cine español. Atrae porque, sobre todo en su primera mitad, es una sinfonía de secuencias intrigantes, presentadas de una forma poderosísima. Y atrae también porque resulta un desafío desentrañarla: propone un viaje muy arriesgado, en el que se intentan imbricar muchas cosas sin perder la fuerza de esta historia de madres e hijo.
El telescopio de Sobre todo de noche

Sobre todo de noche prefiere «fluir por» antes que «hablar de». La película se hace fuerte en el desgarro y el vacío emocional del personaje de Lola Dueñas, metida en un oscuro pozo en la que se tiene que enfrentar a todo un sistema en busca de la verdad. Un camino de violencia y venganza que luego cede el testigo, con una carta, a un mundo más «normalizado», que es el de los otros dos personajes protagonistas de la historia. En esa San Sebastián, fría y algo gris, Iriarte nos hace ver que a todos les falta algo.
Esta película es de las que nos recuerdan que el cine puede ser cualquier cosa. Mientras las ideas de fondo estén ahí, todo puede ser y no ser al mismo tiempo en una imagen, las posibilidades está más abiertas de lo que parecen. Y hay en Sobre todo de noche varias películas, sin dejar de trazar siempre la misma cartografía sentimental, en una forma de abordar las cosas que a los insoportables que escribimos de esto nos encanta y, quizás, descoloca al espectador más conservador. Pero es lo que se ve por el telescopio de Iriarte: tres personajes que ven el mundo de distinta forma a partir de las experiencias que les atraviesan.
Todo puede pasar en el encuentro

Así se va preparando un encuentro entre los tres que va creciendo como expectativa, entre las dudas de cómo recibirán cada uno de los personajes el enfrentarse a esta nueva situación. Cuando el encuentro se produce a orillas del Tajo, tras profundizar tanto en sus dudas y sus anhelos, el globo del misterio se pincha. Lo que deja tiene un sentido, pero pierde en el cuerpo a cuerpo. Iriarte busca la poética de la catarsis y la fatalidad, aunque no resuelve tan bien ese trabajo directo con las emociones como en la atmosférica primera parte.
En cualquier caso, Sobre todo de noche es intrigante y transporta a cada uno de los tres ángulos de esta extraña figura geométrica que va apareciendo en pantalla. Quizá su resolución fuerce demasiado la representación artificial de qué ocurriría en la cabeza de un madre a la que le arrebatan a su hijo, pero las líneas que unen los distintos puntos del mapa tienen una personalidad tan clara como cambiante. No tiene nada del cine narrativo al uso, pero nadie podrá decir que aquí no pasa nada. Una película fascinante en casi todas sus lecturas posibles, que son muchas.
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Arturo Tena