Análisis comparado
‘Segundo premio’ y ‘La estrella azul’: acordes y desacuerdos entre dos de las películas españolas del año

Pepe Lorente en 'La estrella azul' (izquierda) y Daniel Ibañez en 'Segundo premio (derecha)
Ha querido el calendario que Segundo premio se estrene en cines el mismo año —y no coinciden en cartelera por muy poco— que La estrella azul. Las dos películas comparten el acercamiento a artistas musicales españoles reales: una se fija en el momento que llevó a la composición y grabación del tercer disco de Los Planetas (Segundo premio) y la otra plantea el viaje de ida y vuelta a Argentina de Mauricio Aznar, desaparecido líder de la banda Más Birras (La estrella azul).
Ahora que llega a las salas Segundo premio, tras haber ganado el Festival de Málaga y ser analizada en decenas de reportajes y críticas (en Cine con Ñ puedes leer la crítica, no tan entusiasta, de Jose A. Cano), la fácil comparación con La estrella azul permite acercarse a ella desde otro punto de vista. Desde lo que comparten y en lo que difieren dos de las grandes películas españolas de este 2024.
De historias y ficciones
Es curioso lo mucho que tienen en común las dos, ambas muy ambiciosas en lo que plantean. Tanto la de Isaki Lacuesta, Fernando Navarro y Pol Rodríguez (Segundo premio) como la de Javier Macipe (La estrella azul) se acercan a un período histórico similar, el de los años 90 y la escena musical española, y ambas reimaginan, cada una a su manera, la biografía y el universo creativo de los respectivos artistas en un período crítico e importante para su desarrollo como músicos.
Las dos películas, además, niegan el acercamiento historiográfico y narrativo del biopic clásico y exponen, con distintas técnicas, los mecanismos de la ficción y sus posibilidades en el relato cinematográfico. Lacuesta y Macipe nos dicen que la leyenda y la historia no pueden distinguirse. Ambas cruzan al otro lado del pacto de la representación y deciden que la única manera de acercarse a sus objetos de estudio es quitándose las ataduras de tener que proporcionar un relato unívoco y verosímil sobre lo que pasó o, más bien, sobre lo que se dice que pasó. Los cineastas no pueden o no quieren aspirar a ser cronistas.
Macipe rompe la cuarta pared y descubre la imposibilidad de descifrar del todo el enigma de Aznar. Lacuesta aprovecha la multiplicidad de puntos de vista que hay en el grupo y explicita las diferentes versiones de lo que pudo haber ocurrido, de forma oral o representada. Mientras, se niega a trasladar directamente a Los Planetas reales y sus integrantes a la película (ninguno tiene nombre) y se juega con la posmoderna y ambigüa aproximación (títulos de crédito y finales) sobre que esta «no es una película sobre Los Planetas». Esta es una versión alternativa de su historia, contada con personajes netamente de ficción.

Si seguimos con la relación con la realidad, las dos películas sí plantean una mirada crítica sobre el funcionamiento de la industria musical de su momento. Las dos dejan clara la dificultad de ser realmente genuinos en la relación con una maquinaria cultural extractivista que controla el circuito. La estrella azul describe el atosigamiento y posterior incomprensión que siente Aznar ante un nuevo camino, mientras que Segundo premio se construye más desde el contraste cuando un grupo, en ese momento en descomposición y viviendo su día a día en los márgenes, pasa a vivir las presiones de haber entrado en un contrato de largo alcance con una multinacional.
De la ciudad de provincias al otro lado del charco
En esa tensión con la superestructura es donde aparece otro elemento común entre ambas y lo que empieza a separarlas también en tono: el viaje. Argentina (La estrella azul) y Estados Unidos (Segundo premio), dos Américas muy distintas, suponen, en principio, un valor positivo y la posibilidad de un ‘reseteo’ musical tanto para Aznar como para los hipotéticos ‘planetarios’. Eso es claro y evidente en La estrella azul, que tiene en el viaje a Santiago del Estero su corazón y centro narrativo. Luminosa, exorcizante e inspiradora, la Argentina indígena es aprendizaje y comunión colectiva.
En Segundo premio, Nueva York es un horizonte metropolitano borroso y casi inalcanzable, una promesa de sueño cumplido sobre la que los personajes dan vueltas y vueltas concéntricas mientras sus dos protagonistas masculinos se van distanciando. Una «quimera», una Ítaca desesperada y maldita, un nuevo estatus que finalmente debe compensar en forma de disco toda la odisea. En su conclusión (atención, ligero spoiler), la ciudad tendrá un valor final positivo en torno a la amistad espontánea, pero entre medias no garantiza ningún cambio de dinámica (la relación autodestructiva y mistificación de las drogas, etc.).
Ahí es interesante el papel que juegan, en el otro lado del mapa, ciudades de provincias, fuera de los grandes núcleos de poder, como son Zaragoza y Granada. Desde la autenticidad aragonesa, Zaragoza es filtrada por Macipe en la introducción y el epílogo de la película desde una óptica que poco tiene de celebrativo o que es directamente depresiva. Es la manera que tiene el director de explicar la oscuridad interior de Aznar y su complicada relación con sus familia, con la ciudad prácticamente siempre captada de noche.

Esta visión más unívoca contrasta con la contradictoria carta de amor a Granada que es Segundo premio. El guión de Lacuesta y Navarro vincula directamente una parte de la personalidad de la banda a los valores culturales autóctonos (Lorca, la herencia árabe y flamenca, las procesiones…) y a su particularidades con respecto a la capital (Madrid) o la propia Nueva York.
La película se fija en espacios que eluden el centro de la ciudad andaluza sin olvidarse de evocarlo fuera de campo. Al final, Segundo premio está más interesada en vincularse a la amplitud/libertad (los planos repetidos desde lo alto con la ciudad a los pies), pero también a dejar ver su reverso más tenebroso, el del agujero y la oscuridad (los interiores: bares, locales, pisos etc…), como en La estrella azul. Granada como salvación y condena, una mezcla de sensaciones que te podría firmar cualquier granadino.
La música es mi salvación y mi perdición
Y llegamos a lo más importante: la relación emocional y creativa con la música. Ambas películas buscan una conexión muy fuerte con la materia prima e intentan, incesantemente, transmitir la esencia y fuerza de los retratados. Macipe y Lacuesta dedican mucho esfuerzo a filmar la interpretación musical (en conciertos, estudios, etc..) para intentar trasladar la atmósfera que generan las notas y las letras de una forma muy directa, ambas con con los actores interpretando. Primero desde la perspectiva del público, y, después, desde las sensaciones de los propios músicos y su forma de vivir y entender el arte.
Más allá de que los subgéneros musicales a tratar estén bien diferenciados dentro del paraguas del rock (más clásico/indie pop-rock), la música ocupa espacios simbólicos bien distintos en las dos películas, y es lo que marca claramente la diferencia de tono entre una y otra. En La estrella azul, la música es una pieza de base de todo un tratamiento filosófico en relación con el mundo. Llegar a la chacarera significa crear un vínculo íntimo y colectivo que parte de la relación con el instrumento y coge vuelo desde el ritual, desde la simbiosis ancestral con la naturaleza o tus allegados. Eso le proporciona a Mauricio una vía de salvación.
En Segundo premio, la música es algo más ensimismado y sentimental, vinculado a unas experiencias más concretas y personales. Isaki Lacuesta entiende también que es la forma de canalizar y tratar conflictos no resueltos entre el triángulo protagonista, que, sobre todo en el caso de los dos hombres, no puede comunicarse de verdad fuera de la música. La psicodelia de las canciones del disco Una semana en el motor de un autobús (1998) parten de un estado de suspensión (los cuerpos que se elevan y traspasan habitaciones) en un aire muy cargado de emociones concretas.
En Segundo premio, los personajes fantasean con la muerte
La música en Segundo premio está más vinculada también —o sobre todo— a una actitud, un estilo de vida vinculado a otro mito: el del rockero y el ‘sexo, drogas y rock ‘n’ roll’. Es una romantización que puede resultar devastadora, como también se ve en La estrella azul. Pero la dinámica autodestructiva en la película de Los Planetas es aún más retorcida: es de la que consigue huir May, pero de la que los otros dos protagonistas,aunque quieran evitarla en el plano racional, no pueden sino depender y alimentar subconscientemente para poder ser artistas y amigos.
Isaki Lacuesta se apoya así en la música y en esta inevitable forma de vivir para hacer ver cómo los personajes fantasean con la idea de la muerte y el suicidio, un final que en La estrella azul tiene tintes mucho más trágicos y ambiguos. Quizá, como dice Gonzalo de Pedro, en realidad el universo de estos ‘Planetas alternativos’ de Lacuesta sea todo un planeta de fantasmas y estén todos ya muertos, como Mauricio Aznar. «Si te esfuerzas, puedes desaparecer».

Arturo Tena


