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La Mami: La película para el 8-M que no sabíamos que necesitábamos

Gran película que confía en sus protagonistas.

En el histórico cabaret Barba Azul, en Ciudad de México, la humanidad se ilumina sin luces rojas. Lo hace gracias al brillante documental La Mami, dirigido por la española Laura Herrero Garvín, que pone algo de luz -una muy discreta- sobre la vida de un grupo de mujeres que trabajan en el local haciendo de acompañantes y parejas de baile de los clientes. Un nuevo ejemplo de que mucho de lo mejor y más creativo en cine se está haciendo con la pura realidad.



La película nos coloca en medio de las preocupaciones y la mentalidad de las llamadas ‘ficheras’, que buscan seguir adelante en la gran urbe pese al estigma con el que cargan cada vez que cruzan la puerta del Barba Azul. Lo hace desde el espacio en el que se reúnen, donde aún no hay máscaras ni hace falta sonreír: el baño de mujeres y el guardarropa. Aquí hablan, se escuchan, se piden ayuda y consejo.

 

La Mami y Priscila

Para eso está principalmente Doña Olga-La Mami del título-, la limpiadora y guardiana del lugar y del bienestar de estas mujeres. Sobre ella se apoya la película para construir la mirada desprejuiciada, cercana y directa que no suelta en ningún momento Herrero Garvín. Olga es una protagonista perfecta para lo que busca el documental: aporta un acercamiento horizontal y sin filtros, pero también un punto de apoyo psicológico que permite al espectador acercarse emotivamente a lo que se está contando, tanto sobre el resto de mujeres que buscan su ayuda como sobre la propia Olga.

Con ella emerge la otra gran protagonista, Carmen. Ella es la nueva en el local, donde se cambia el nombre y se transforma en Priscila, su nombre-escudo. Un personaje clave, casi tan importante como La Mami. Al principio se convierte en la llave para entrar e intentar entender el microcosmos que plantea la película. Al desconocer las reglas y siendo su primera vez en ese trabajo, a través de ella se comprende un poco más cómo funcionan las reglas que utilizan las mujeres del local para protegerse y de qué manera doña Olga se va erigiendo como referencia de todas.

Juntas (Carmen y Olga) crean el eje del discurso ideológico y político de la película: el de la comunión entre mujeres frente a un ambiente que las señala con el dedo por intentar sobrevivir en un mundo que las margina pero no pierde ocasión de consumirlas. Y lo mejor es que Herrero Garvín hace esto sin ningun atisbo de tratamiento artificial, curioso o desde arriba, simplemente colocándose en el medio y acercándose a la voz -compleja, contradictoria, llena de grises y peligros- de las trabajadoras mexicanas.

 

La confianza y el discurso en no hacerse presente

La Mami es una película de fe inquebrantable en lo mucho que transmiten las mujeres que la construyen. Sus rostros y sus conversaciones son las que guían todo el planteamiento de Herrero Garvín: no hay intervención explícita o añadidos fuera de las situaciones planteadas. Ni siquiera a los diálogos entre ellas parece que se les ha sacado punta. La directora, que se encargó también de la fotografía, se coloca como testigo sinuoso, siempre con la capacidad de saber dónde colocar la cámara, respetando los fuera de campo y los distintos movimientos.

El primer largometraje de Herrero Garvín, El Remolino, tenía un planteamiento distinto, pese a que su mirada desde el género se pueda vincular también a esta. En su ópera prima, los protagonistas del documental también iban explicando, en off o en plano, sus vivencias y su visión de las cosas. La cineasta se apoyaba en estas voces y palabras para darle profundidad a lo que quería contar. Una herencia -bien integrada y natural- del cine documental tradicional.

Aquí la directora, animada por su paso por el Máster de Documental de Creación de la Pompeu Fabra, pierde el miedo de no explicar lo suficiente o de parecer meramente descriptiva, porque se deja llevar por lo que traen incorporado sus protagonistas y simplemente es capaz de captarlo, de entender que las dinámicas que hay entre ellas o en soledad son lo que mejor explica su verdad. Sólo espera que los espectadores cumplan su parte y sean capaces de rellenar los huecos con empatía e imaginación. No es frialdad, es respeto. Para todo el resto están los bien seleccionados y sintetizados 80 minutos, en los que el plano expresa y acompaña.

Con todo lo que se ha celebrado el documental y la no ficción española este curso, sería una pena que nos olvidaramos en ese balance de una gran película como La Mami o de alguien con la capacidad de Laura Herrero Garvín sólo por venir desde México. Pese a haber acumulado premios en festivales, llega a los cines con menos atención de la que debería. Es la película para el 8-M que no sabíamos que necesitábamos. En México o en España.

 

Arturo Tena (@artena_)

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