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Análisis

De Concha Velasco y ‘Cardo’ a Paula Ortiz: Teresa de Jesús y la mística de la pantalla

El estreno de la película protagonizada por Blanca Portillo sirve para repasar cómo el audiovisual se ha acercado a esta figura clave de la cultura española
Santa Teresa en el cine español

Teresa de Ávila nunca se marcha de la conversación, tampoco la audiovisual. La fundadora de las Carmelitas Descalzas, figura clave de la teología, la cultura y la política del siglo XVI, aparece reivindicada en boca del dramaturgo Paco Bezerra en la Asamblea de Madrid a cuenta de su obra Muero porque no muero, como metáfora recurrente en la segunda temporada de Cardo o, esta misma semana, con el estreno de la última película de Paula Ortiz, Teresa, que también adapta otra obra, esta de Juan Mayorga.

RTVE le dedica un especial en Historia de Nuestro Cine titulado ‘La Santa’ con una doble proyección: la de Teresa de Jesús (1962), de Juan de Orduña, y la de Teresa: el cuerpo de Cristo (2007), de Ray Loriga. Dos visiones separadas por casi 50 años acerca de la vida de la Santa, la del brazo incorrupto que según la leyenda el mismísimo Franco mantenía en su mesilla de noche como un talismán, y que objeto de batalla cultura constante al ser reclamada a izquierda y derecha.

La de Orduña es una versión pegada al cine cristiano del momento. Aurora Bautista, estrella habitual en el cine de temática histórica franquista, encarna a una Teresa canónica en todos los sentidos, cuyos escarceos amorosos antes de profesar no se ocultan, aunque se reducen a tonteos inocentes. Teresa de Jesús es una película rutinaria y correcta de Orduña en la que la santa le presta el carisma a un planteamiento con cero riesgo, producto de la extrema sensibilidad de la censura con los temas patrióticos y religiosos. Su ángulo místico o más complejo con respecto a los dogmas de la Iglesia o la sociedad del momento, por supuesto, brilla por su ausencia.

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‘Teresa de Jesús’ (1961), de Juan de Orduña.

La de Loriga fue muy polémica en su momento cuando se anunció el planteamiento, pero en realidad fue extremadamente respetuosa con la sensibilidad creyente en su ejecución. Tenía a Paz Vega como Teresa y una traslación visual de las metáforas de los escritos de la Santa, en los que el éxtasis místico era descrito inequívocamente como similar al orgasmo. Más allá de ese morbo que se queda en eso, en morbo, es una representación no tan alejada de la tradicional o de los hitos biográficos que ya apuntaba el cine del régimen. 

Teresa: el cuerpo de Cristo fue, además, una coproducción internacional que podríamos llamar de ‘entre guerras’, previa a la irrupción de las televisiones vía Ley Audiovisual de Zapatero, que pasó de puntillas por la taquilla pero tuvo mucha repercusión mediática por la dimensión de su director y su actriz protagonista.

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‘Teresa, el cuerpo de Cristo’ (2007), de Ray Loriga.

Desde el punto de vista histórico, la versión canónica y más exhaustiva es la serie de 1984, Teresa de Jesús, dirigida por Josefina Molina. En su momento fue la producción seriada más cara de la historia de RTVE al costar 360 millones de pesetas, algo más de unos dos millones de los actuales euros al cambio (por comparar, la reciente 4 estrellas se calcula que ha costado entre 9 y 13 millones, aunque, eso sí, por 127 episodios, no por ocho). 

La representación es la más profunda y detallista con la biografía de la santa, algo que le permite su duración, y pertenece a la época de las series históricas de prestigio de la pública, que abarcó los 80 y llega hasta La Regenta. Concha Velasco, ya actriz consagrada a sus 47 años, interpreta a Teresa en toda su biografía en la producción que, por el momento, más se ha centrado en su faceta política y en el contexto histórico. 

Feminista para su momento, aunque hoy no se aprecie por haberse superado algunas de las situaciones de entonces que traslada a la época del Imperio. Es el referente más claro de algunas de las subjetividades y puntos de fuerza que toca ahora Paula Ortiz en Teresa. En su momento se consideró una obra maestra, hoy se arrastra olvidada entre el catálogo de RTVE Play y FlixOlé.

Es interesante cuando Teresa de Ávila se convierte en metáfora y no en protagonista. En la segunda temporada de Cardo la protagonista, María (Ana Rujas), aparece reconvertida en devota de la Santa por la intermediación de una compañera de cárcel y figura maternal. Los episodios reciben títulos de obras o frases de la religiosa —como la serie de Josefina Molina—, María le reza en momentos de ansiedad como sucedáneo de los ansiolíticos o las drogas y se juega constantemente en la fina línea, tan explotada, en la que sus descripciones del arrebato místico al que aspira el personaje pueden interpretarse como el éxtasis sensorial y mundano al que trata de resistirse. 

La figura de la Santa cumple varias funciones en una serie que ya en su primera entrega jugó habitualmente con el imaginario católico, el nombre de su protagonista y cierta reapropiación popular de la iconografía religiosa desde lo popular y los márgenes, conducida por el personaje de Puri (Juani Ruiz). Si la identificación desde el sufrimiento con la imaginería de las dolorosas a veces reapropiada por las identidades LGTBI, convenientemente fallecida en la segunda entrega para ser sustituida por la compañera reclusa y, finalmente, por la madre de María, con la que consigue conectar sin figuras sustitutas.

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Temporada 2 de ‘Cardo’, de Ana Rujas y Claudia Costafreda.

Por una parte, Santa Teresa subraya esta intención última de la serie de reformular los arquetipos femeninos tradicionales clásicos del audiovisual —o, a un nivel más ambicioso, de la sociedad en general—, y el objetivo de María de rebelarse contra lo que la sociedad exige de ella desde una posición en la que, aparentemente, está siendo más sumisa que nunca. Es decir, cuando decide culminar su «buena acción» de la temporada regresando a sus malos hábitos y metiéndose una ralla de coca pensando «chúpate esa, Santa Teresa», incluso recuperando el aspecto de Dolorosa de la primera temporada en una escena onírica… María está siendo más fiel a Teresa de Jesús que nunca

Pero, por otra, Santa Teresa funciona también como un cameo cool y contradictorio, un guiño a la moda para el público objetivo joven —más o menos—, progresista y formado y consumidor de tendencias al que aspiran Cardo y Atresmedia en el streaming. Igual que las apariciones en papeles secundarios o episódicos de Nacho Fernández, protagonista del título indie de culto inmediato Espíritu sagrado —que también juega con resignificar lo sublime y con estéticas de la Transición—, la monologuista Pamela Palenciano o Carlos González (Maricón perdido, Todas las veces que nos enamoramos). 

Santa Teresa remite últimamente también a la mencionada polémica alrededor de la cancelación en los Teatros del Canal de Madrid de la obra Muero porque no muero, del dramaturgo Paco Bezerra, basada en la obra de la religiosa y que la traía a la actualidad con todo su potencial antisistema. Aunque sobre todo fue la intervención del escritor en una comisión de la Asamblea de Madrid, y dirigiéndose a los diputados de la extrema derecha para disputarles la «propiedad» de la santa, lo que la convirtió en icono POP de vuelta asimilable al universo particular de Cardo

De pieza teatral a pieza teatral: la obra La lengua en pedazos, de Juan Mayorga, imaginaba un duelo dialéctico entre la mística y un inquisidor. Y sobre ella se ha construido lo que es Teresa, la nueva película de Paula Ortiz (La novia), que despliega en esta tensa conversación la manera de entender el mundo o su particular relación con la fe o la naturaleza de la clériga.

 Si la obra de Paco Bezerra tenía una fuerte dimensión política, se podría decir que la de Mayorga y, por extensión, también la de Ortiz, tiene un componente más filosófico y elevado. Aún así, Teresa busca hacer muy evidente el aspecto subversivo de la monja para la época: el contraste con la realidad de su época (el inquisidor, el convento, el peso del lenguaje) la coloca en un plano de resistencia muy evidente.

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Las elecciones formales y narrativas de Ortiz y la interpretación de Blanca Portillo refuerzan la lectura feminista de su figura. Un acercamiento que ya no pasa solo por la oposición individual de “mujer poderosa vs. el mundo de los hombres” sino que quiere incidir también en los aspectos más frágiles de la misma, como forma de reivindicar que la vacilación o la vulnerabilidad también son posiciones legítimas a la hora de reivindicar un espacio para las mujeres.

La segunda aportación de Ortiz sobre su figura, además, es la de trasladar por primera vez la dimensión mística del pensamiento de Teresa de Jesús a la construcción de las imágenes, a la puesta en escena o el montaje. Toda una poética que quiere acercarse a su conexión espiritual no como un recurso, sino como una manera de interpretar su vida y obra al completo.

Portada: Concha Velasco como Santa Teresa en Teresa de Jesús (1984), de Josefina Molina – RTVE