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Cuando el cine andaluz se dejó puesto el acento

La serie documental ‘Rodar en andaluz’ completa en Málaga sus dos últimos capítulos repasando el cine de los años 90 y 2000

Rodar en andaluz

En el año 2000 el productor José Antonio Félez vio el corto Bancos (C) y quiso contactar con sus directores, unos entonces jovencísimos Santi Amodeo y Alberto Rodríguez. Le cuesta trabajo localizarlos y cuando lo hace se encuentra con el material bruto de lo que acaba siendo El factor Pilgrim y ayuda a montarlo. Ahí se decide a producir los primeros largos en solitario de ambos directores.

Amodeo, indomesticable, pare Astronautas. Rodríguez dirigirá El traje, con un equipo completamente traído desde Madrid por el propio Félez. En mitad del documental Rodar en Andaluz. Los años 2000, Rodríguez confiesa que algo no le acabó de funcionar. Que ni él estuvo cómodo ni lo estuvo el equipo. Félez, en la siguiente película, decide que el director trabajará con su colaboradores habituales. Y en 2005 llega 7 Vírgenes.

En el Festival de San Sebastián de ese año, en el que la película fue un éxito de crítica y Juan José Ballesta recibió la Concha de Plata, un periodista del norte de España se levantó para decir que la película le había encantado, pero que con el acento tan cerrado a veces no entendía a los actores. La respuesta fue que a nadie se le ocurriría cuestionar el acento de los personajes en cualquiera de las películas de Argentina, Colombia o México que se proyectaban ese año. Y que esa historia, en castellano neutro, no tenía sentido.

Rodar en andaluz, rodar precario

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Pilar Távora en un rodaje en los años 90.

Rodar en Andaluz estrena este domingo 6 de junio en el Festival de Málaga sus dos últimos capítulos, dedicados a los años 90 y los 2000. Eduardo Trías, director, productor y gestor cultural empezó esta serie documental en 2016, presentándola precisamente en Málaga, con un primer episodios dedicado a los pioneros del cine independiente andaluz de allá por los 70, cuando más que arte o cultura la producción era una guerra de guerrillas en mitad de la nada.

Para Trías aquel momento en el año 2000 y con 7 Vírgenes es especialmente significativo del salto dado por el cine andaluz en las cuatro década que ha estado rescatando. La primera década del siglo XXI es «cuando empieza a existir una generación de cineastas andaluces de todas las especialidades, que trabajan juntos, producen desde aquí y cuentan sus propias historias«. El acento, en este caso, es tan metafórico como literal.

Rodar en andaluz había contado ya los difíciles comienzos de un cine independiente andaluz en los 70 y la incipiente industria de los 80. Su director explica a Cine con Ñ que «por fuerza los 90 y los 2000 son diferentes, ya no es la época en la que hay dos cámaras y se las van prestando de una película a otra, sino en la que se crean las facultades de comunicación de Sevilla y Málaga y empiezan a surgir profesionales muy formados«.

En los 90, Trías destaca figuras como la del productor Antonio Pérez («Europérez»), la directora Pilar Távora -«quizás la que dio un contenido más andalucista a su trabajo»-, el productor Gervasio Iglesias o el director Juan Lebrón. Aunque el punto de giro que sirve para hilar los dos últimos capítulos de su documental llega en 1999, cuando Solas, de Benito Zambrano, se lleva el Premio del Público en Sección Panorama de la Berlinale.

«Un tipo de Lebrija pero con formación internacional, que ha estudiado cine en La Habana, produce una película desde aquí y empieza a ganar premios». En su entrevista Alberto Rodríguez lo califica de «vuelco mental». El director lo resume: «se podía hacer cine sin salir de Andalucía y triunfar fuera, y eso de repente lo ven hasta las administraciones, que deciden apoyar la producción desde aquí».

Es la época del llamado ‘Cinexin’: un grupo de cineastas jóvenes que se unen para comprar materiales todos juntos, mandar a laboratorio todo el celuloide a la vez para que salga más barato… «Había de todo, cada cuál con un estilo», nos cuenta Trías, «pero lo relevante ahí es que esa generación primero, se lo cree, y segundo, ya no es tan precaria materialmente».

Al mismo tiempo que cineastas andaluces van cogiendo las riendas de ese cine, va apareciendo el acento. Los 90 todavía los años del español neutro, con excepciones -«estaba mi amiga África Gozalves como la boticaria de Farmacia de Guardia, pero hasta cierto punto era un personaje gracioso», comenta Trías-. En Solas «todavía es un acento comedido», pero en 7 Vírgenes «ya es andaluz cerrado del Polígono Sur de Sevilla… pero claro, ¿cómo iban a hablar si no?».

Rodar en el andaluz que vendrá

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El documental destaca el papel de los técnicos, con nombres como Álex Catalán, Dani De Zayas, Ana Rosa Diego o Álvaro Alonso. «Seguro que se nos han quedado fuera muchos profesionales, pero era imposible resumir cada década en una hora», lamenta Trías. «El objetivo último de Rodar en andaluz es dar una idea general, no ser una enciclopedia. Es que acabe el documental y te vayas a buscar las películas de las que se ha hablado para verlas por tu cuenta».

¿Por qué acabar en 2000? «Porque para la década de 2010 hace falta todavía perspectiva histórica. Sería más una pieza periodística que un documental«, comenta Trías. «Quizás dentro de cuatro o cinco años, y además con mucha prudencia, porque han sido los años de una industria ya consolidada y la cantidad de producción ya es mucho mayor que en cualquiera de los capítulos anteriores».

La conclusión de Rodar en andaluz para su director es «que tus historias solo las puedes contar tú. Antonio Pérez fue capaz de producir en México una película como Rosario Tijeras, que es completamente andaluza. Es lo que decía Benito Zambrano: aunque ruedes en Cuba, has desayunado toda la vida tostada de pan con aceite en Lebrija, y eso se tiene que notar por alguna parte«.

© Imágenes del documental Rodar en andaluz.

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