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Exposiciones

Al otro lado del espejo. Revisitando el legado de Iván Zulueta

El Museo Nacional de Antropología acoge una exposición que propone un diálogo entre las artistas visuales Marta Azparren y Esperanza Collado con la obra y obsesiones del cineasta donostiarra
Exposición 'Reflejos. En torno al imaginario de Iván Zulueta'

Una máxima recurrente de la historia de la cultura sostiene que a todo buen artista «maldito» el reconocimiento nunca le llega en vida, e Iván Zulueta no fue la excepción. Desde el estreno de Arrebato (1979) hasta su fallecimiento, el 30 de diciembre de 2009, su obra formaba parte solo del imaginario de un reducido grupo de fieles admiradores, siendo Ivan Z (2004), la película realizada por Andrés Duque, y la exposición Mientras tanto, comisariada por Álvaro Machimbarrena en 2005, los pocos acercamientos significativos a su persona. Resulta difícil, por no decir imposible, encontrar una lista de las mejores películas españolas publicada en vida de Zulueta, en la que Arrebato aparezca mencionada.

Sin embargo, ahora, convertido en icono indiscutible de la modernidad española, lo normal es que las encabece, y las retrospectivas, homenajes y exposiciones le lluevan sin poder ya disfrutarlas. Una de las más recientes es la exposición Reflejos. En torno al imaginario de Iván Zulueta, abierta hasta el próximo 22 de febrero en el  Museo Nacional de Antropología en Madrid. Este proyecto surge de uno mayor, Iván Zulueta. A través del espejo, una de las actividades llevadas a cabo en el marco de Europalia, festival de las artes que se celebra en Bélgica cada dos años y que en 2025 tuvo a España como país invitado.  

La muestra se articulaba en torno a dos ejes sobre la obra de Zulueta: por un lado, su faceta  como diseñador de carteles, autor de algunos de los pósters más emblemáticos del cine español —Laberinto de pasiones, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Entre tinieblas, Asignatura pendiente, Furtivos, Maravillas o Camada negra, entre otros—, acompañados de material de su archivo personal conservado en la Filmoteca Española, incluyendo polaroids, películas domésticas y cortometrajes inéditos; por otro lado, la exposición presentaba el trabajo de cuatro artistas contemporáneos que dialogan con sus obsesiones Beatriz Lobo, Julio Linares, Marta  Azparren y Esperanza Collado—, de los cuales las obras de Azparren y Collado se exhiben actualmente en Reflejos

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Cartel de la exposición ‘Reflejos. En torno al imaginario de Iván Zulueta’

Modos de percepción en la obra de Marta Azparren

El concepto de reflejo constituye una idea fundamental en la obra de Zulueta, cargado de simbolismo. Es un elemento que ya no confirma la identidad, sino que abre una puerta hacia lo fantástico, hacia lo desconocido. El reflejo no devuelve una imagen fiel del sujeto, sino que la  secuestra en una eternidad ilusoria. Esa imagen capturada en un fotograma, ya no envejece,  pero precisamente por ello, conduce a la progresiva disolución del yo. Esta idea funciona como punto de partida de Arrebatador, la obra que Marta Azparren presenta en la exposición, concebida como una instalación en la que el visitante se enfrenta a un espejo que poco a poco va devorando su reflejo hasta convertirlo en un fotograma rojo, el mismo que vampirizaba a Will  More y a Eusebio Poncela en Arrebato para, como a Alicia, llevarlos al otro lado del espejo.

Con este sencillo pero efectivo dispositivo, Azparren actualiza la obsesión ‘zuluetiana’ por la imagen  al momento actual. La obsesión por la imagen y por la eterna juventud, ese querer estar siempre en un presente continuo como peterpanes en Nunca Jamás, se traduce ahora en la proliferación de selfies y filtros que nos aplicamos en redes sociales, que, lejos de reforzar nuestra identidad, la erosionan. A través de esta obra, el espectador es invitado a experimentar el vacío de la  imagen reflejada, en un espacio donde el espejo se convierte en un umbral entre la presencia y  la desaparición.  

Marta Azparren desarrolla desde hace más de una década una trayectoria situada en la intersección entre el cine experimental, la performance y el dibujo, con una especial atención a los límites de la mirada y los modos contemporáneos de percepción. Su trabajo cuestiona la  saturación de imágenes propia de la cultura contemporánea y explora lo que queda fuera del campo visual, proponiendo experiencias que apelan tanto al espectador como al dispositivo cinematográfico.

Paralelamente a su práctica artística, Azparren ha desarrollado una intensa labor de investigación que, en gran parte, ha tomado forma en el proyecto Cine Ciego, articulado a través de múltiples formatos; conferencias performativas como No imatge: Una charla en  torno a la percepción, presentada en la sexta edición de El Cine Rev[b]elado en colaboración con el artista visual David Bestué y la compositora Haize Lizarazu, diversos ensayos audiovisuales — como La mujer Atlántica o Fade to blind— y la publicación Cine Ciego. Detener el flujo de las  imágenes (Libros de la Resistencia, 2023) donde a partir de la noción de monocromo y del análisis de la obra de cuatro cineastas: Jean-Luc Godard, Marguerite Duras, Harun Farocki Derek Jarman, reflexiona sobre la pausa, la oscuridad y la ausencia de imagen como formas  críticas de resistencia frente al consumo acelerado de lo visual. 

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‘No imatge: Una charla en  torno a la percepción’, conferencia performativa de Marta Lazparren. ©Susana Ponce/MCA2M

Esperanza Collado y la performatividad de la imagen

Las imágenes aceleradas y pausadas de la película King Kong (1933) filmadas directamente de la televisión con las que realizó Kinkón (1971); las nubes sobre el cine Callao y Plaza de España en el comienzo de Aquarium (1975); el frenesí de olas, rocas y rayos de sol en Mi ego está en Babia (1975); o las puertas que se abren y se cierran sin control en Leo es pardo (1976) son solo algunos ejemplos de cómo el ritmo y la pausa  fueron otras de las obsesiones más persistentes en la obra de Iván Zulueta: «¡Que me expliques qué tengo que hacer para filmar el ritmo preciso! ¿Tú sabes qué hacer con la pausa?», le  preguntaba Pedro (Will More) a José Sirgado (Eusebio Poncela) en una secuencia de Arrebato

En torno a esta idea que juega con la percepción del tiempo y la noción de fuga como estrategias poéticas y formales se articula Dissipation Essays, la instalación que Esperanza Collado presenta en la exposición. La obra se compone de dos proyectores de Super 8 colocados uno detrás de otro, ambos proyectando sobre una misma pantalla. Esta configuración genera un singular juego de superposiciones: el proyector situado en segundo término proyecta la sombra del primero, que a su vez proyecta sobre su propia silueta, creando un entramado visual de  imágenes y sombras en constante diálogo. La cadencia de las proyecciones, lo que muestran y lo que ocultan los halos de luz, conectan intrínsecamente con el ritmo y la pausa que tanto obsesionaban a Zulueta.

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‘Leo es pardo’ (1975), de Iván Zulueta

El dispositivo se completa con un disco rotatorio que cumple una doble función, pantalla y superficie reflectante, lo que permite que la imagen se expanda y se disperse por el conjunto de la sala. A través de esta disposición, en la que los aparatos de proyección adquieren una clara dimensión escultórica, el espacio expositivo deja de ser un mero contenedor para convertirse en un componente activo de la obra, implicando al espectador en una experiencia visual y espacial que trasciende la proyección tradicional, y en la que su cuerpo también puede interferir ese juego de luces y sombras al moverse entre los proyectores. 

El cine más allá de las salas, la desmaterialización y disociación de sus habituales dispositivos y  estructuras, la dimensión escultórica y coreográfica de la imagen proyectada, son conceptos que están presentes en la práctica artística que Esperanza Collado viene desarrollando en los últimos veinte años. En su trabajo pone especial atención a las contradicciones, las grietas y las posibilidades latentes de la imagen a través de un conjunto de proyectos site-specific, instalaciones, performances, películas e investigaciones que indagan en las formas de resistencia que emergen cuando los formatos convencionales se ven desbordados.  

Que la figura de Iván Zulueta haya superado la etiqueta de «artista maldito», que durante décadas le relegó a unos circuitos muy específicos, para convertirse en un artista de alcance universal, y que su obra sea hoy revisitada, reinterpretada y puesta en diálogo en múltiples  contextos culturales, constituye un motivo de celebración para todos los que le amamos desde siempre.

Aunque se echa en falta la presencia de los trabajos de Beatriz Lobo y Julio Linares, y el espacio seleccionado para mostrar las obras de Marta Azparren y Esperanza Collado no sea el más adecuado, Reflejos. En torno al imaginario de Iván Zulueta se presenta como una buena  ocasión para constatar la persistencia y la influencia de su legado. Citando por última vez al Pedro de Arrebato —«El mundo está lleno de miles de ritmos ocultos»—. Durante su breve pero intensa filmografía, Iván Zulueta los quiso descubrir.

Enrique Piñuel Martín

Enrique Piñuel Martín

Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Comunicación Audiovisual, ambas por la Universidad de Salamanca, es cofundador de la plataforma de investigación y gestión cultural Playtime Audiovisuales. Editor de cine y comisario en centros de arte y festivales. Colabora en medios como El Salto Diario o Rinconete, la revista del Instituto Cervantes.