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Críticas

Parenostre: Todo es falso, salvo alguna cosa

Huerga le mete inventiva y Pou convence sin imitar, pero la película sobre la caída de los Pujol se queda en una interpretación histórica indulgente y rígida, encorsetada en una ficción que no termina de aterrizar
Crítica de la película 'Parenostre', de Manuel Huerga

Parenostre se centra en el día de julio de 2014 en el que Jordi Pujol (Josep María Pou), presidente de la Generalitat de Cataluña durante más de 20 años, tuvo que gestionar lo que luego se conocería después como ‘caso Pujol’: la revelación de que había ocultado dinero al fisco y distintos presuntos delitos de corrupción que le afectaban tanto a él como al resto de su familia, especialmente a varios de sus hijos. El patriarca deberá gestionar tanto la caída de su imagen pública como las posibles derivaciones del escándalo.

A primera vista, Parenostre sería uno de esos casos contados de películas de ficción que se basan, con nombres y apellidos, en casos de corrupción reales que se han vivido en España. Al estilo de B (2014) y El hombre de las mil caras (2016), dos de las películas clave en la época en la que la corrupción fue protagonista en el cine español. Además, se ha encargado de llevarlo a cabo Manuel Huerga (Salvador, Antártida) que ya hizo algo parecido en Operación Malaya (2010), una miniserie/tv-movie sobre el macro-caso de corrupción en Marbella. Pero esto es otra cosa.

Parenostre no es una película sobre la judicialización o investigación del caso Pujol, sobre cómo se gestó la fortuna de los Pujol o por qué se produjo. De hecho, sería muy difícil que lo pudiese ser —a menos que a las productoras no les importara que les cayese una potencial demanda— sin sentencia judicial: la pieza principal en la que se juzga a la familia está aún pendiente de juicio (arranca, casualmente, en noviembre de este año). Esto es más bien un retrato sobre la caída fulgurante de, seguramente, la figura política más importante de los últimos 50 años en Cataluña.

Ficción histórica y drama psicológico

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Parenostre tiene un gran problema: se mueve solo en la literalidad histórica, en la transmisión de los grandes datos y hechos partir de una serie de situaciones que faciliten presentarlos. Quizá por miedo o encorsetamiento ante hechos tan cercanos o por honesta voluntad de fidelidad, la película no está bien aterrizada como ficción. Los Pujol Ferrusola no son personajes, son o caricaturas o destilados directos de la imagen pública que se puede sacar de ellos en los medios de comunicación.

Incluso en el caso del gran protagonista, Jordi Pujol, y pese al gran esfuerzo por darle entidad de un grande de esto como Josep María Pou, la película juega siempre en un plano demasiado «macro» y sintetizador. Quizá esto no se notaría tanto si Parenostre jugara más en el terreno del gran drama histórico, que es precisamente donde este tipo de enfoque no chirría tanto. Pero es que la película acaba tirando mucho más por la vía de lo psicológico, de querer hacer un retrato del molt honorable y lo que supone para él el final del personaje que se ha creado. Y es ahí donde se cae.

Todo se entiende un poco mejor cuando se ve quién ha escrito y producido esta película: Toni Soler, presentador —actualmente en Està passant—, productor y periodista conocido por ser uno de los creadores del programa de humor Polònia —hay alguno en esta película que podría ser un personaje de Polònia— y que ya escribió el guión, dirigido por Huerga, de 14 d’abril. Macià contra Companys (2011), una ficción presentada como un documental sobre los tres días en los que duró la República Catalana en 1931. Su enfoque (es historiador también) es el que es, y en una ficción de este tipo no ha funcionado, chocando con las intenciones de su director y su actor protagonista.

Parenostre y otros cielos posibles

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La lectura empática sobre la humanidad, los miedos y la megalomanía de Pujol se parecen mucho a las que se puede ver en la serie documental La sagrada familia (David Trueba, Max, 2022). Pese a que da por cierta, por lo menos, alguna parte de la corrupción de la familia (especialmente las de Jordi Pujol Jr. y Oriol Pujol) y no se escatima en la sátira sobre el clan (muy de Polónia, claro), la mirada es de una cierta indulgencia o piedad hacia el ‘pater patriae’. Especialmente en lo que tiene que ver con su gestión, su cacareado pasado antrifranquista y su compromiso con Cataluña, la película no se mete en ningún charco importante.

Mientras que, cuando toca atacar las cloacas del Estado y del gobierno Rajoy en su maniobra para acabar con el procés, la película es mucho más directa. Parenostre deja muy claro —y varias veces a lo largo de la película— que lo de destapar a Pujol fue parte también de una maniobra para frenar al independentisimo. Una realidad que a día de hoy se llama Operación Cataluña y que se sigue investigando en el Congreso de los Diputados.

En ese sentido, no es casualidad que tengamos en nuestras pantallas un Parenostre pero aún no El hijo del chófer (Jordi Amat, Tusquets Editores) —de la que se había anunciado serie y seguimos esperándola—. A través de la figura del periodista Alfons Quintà, que asesinó a su esposa y luego se suicidió en 2015, el libro de Amant ofrece una mirada durísima al pujolismo y a la forma en la que el propio Pujol se aupó al poder y se mantuvo durante años en el mismo, sostenido por todo un sistema del que él mismo provenía y le protegió.

Al final, que salva a Parenostre de ser una flojísima tv-movie son la dirección de Huerga y la interpretación de Pou. El primero se desgañita en darle una cierta expresividad y continuidad a los planos. El director tenía la difícil misión de planificar una película muy apegada a la actualidad pero con muchísimos efectos digitales, que han servido para hacer los flashbacks y hacer dinámicos los viajes hacia el pasado. Aunque tenga resultados desiguales (a veces el croma se nota demasiado), es un esfuerzo de agradecer. Pou, como decíamos antes, le da más dimensión a este hombre apesadumbrado y perseguido por sí mismo. El resto lo podríamos olvidar y no pasaría nada.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.