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CRÍTICAS

Orlando, mi biografía política: Paul B. Preciado filma como piensa

Una carta queer a Virginia Woolf que solventa el gran peso discursivo de su propuesta a base de originalidad, elasticidad y coherencia ideológica
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En Orlando, mi biografía política, el escritor y filósofo Paul B. Preciado escribe y lee en voice over un texto a Virginia Woolf, autora de la novela Orlando. En esta carta, Preciado le cuenta a Woolf que su icónico personaje, aquel que cambiaba de sexo a mitad del libro, ha tomado una nueva vida en la mente y la vida del propio filósofo, pero también en la de otras personas trans y no binarias que se convierten en Orlando para contar su propia historia mientras adoptan su visión del mismo. El mundo es »orlandesco’, y esta película es la forma de contarle a la escritora cómo y por qué ha pasado todo esto.

Es difícil definir una película que es una negación en sí misma de las delimitaciones, pero se podría decir que la de Preciado es una carta fílmica. O un ensayo cinematográfico en formato epistolar. O una biografía en la que no ficción, ficción, literatura, activismo y cine se cruzan para contar la vida del autor queer español, pero también la de otras muchas personas trans o no binarias. O quizá, de fondo, sea un alegato político por una nueva representación audiovisual de estos sujetos. O todo eso y alguna cosa más.

La película, de producción francesa y autor español (por eso estamos aquí hablando de ella), viene pisando fuerte desde que se llevó ¡4! premios en la pasada Berlinale y ahora lo confirma en España vía selección en el Festival de San Sebastián (Zabaltegi-Tabakalera). ¿Está justificado el hype festivalero? Si me preguntan a mí, lo está: Orlando, mi biografía política es una película-manifiesto originalísima, muy fina en su discurso metacinematográfico, de un planteamiento tan delicado como punki. Tanto, que a veces el propio discurso se come a una obra que, hay que recordar, ha hecho un filósofo.

En esta película interpretaré a Orlando, de Virginia Woolf

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Lo primero bueno que habría que decir de Orlando, mi biografía política es la elasticidad de su genial dispositivo de base: la carta a Woolf, la idea de la reapropiación del personaje Orlando y sus distintas versiones que discurren por la novela y sus vidas. Esta forma de plantear la película desde un inicio permite a Preciado lanzarse a lo grande a plantear sus puntos de vista, enlazados a sus teorías y desarrollo intelectual de conceptos como la subjetivación o la identidad, y aterrizarlos en vidas reales y metafílmicas que quieren vivir con naturalidad en sus propios términos.

En cuanto a la construcción de las imágenes y el sentido cinematográfico de la película, aunque más adelante plantearé algunas reservas, hay que decir también que va acorde con toda la construcción intelectual disidente de su director. Preciado se muestra sumamente respetuoso con las personas que aparecen en Orlando, mi biografía política, tanto que no parece que los cuerpos sean ‘captados’, sino que se colocan en cuadro de forma natural.

El uso de planos medios y equilibrados en Orlando, mi biografía política, con una fotografía clara y armoniosa, ayuda a adentrarse en una idea fundamental de la película: esta persona que ves es real, es así y no puede ser resignificada por cómo la mires y las ideas con las que cargues al hacerlo. A la cámara se le niega la posibilidad del retrato construido gracias una continua conversación mirando a cámara que quiere desactivar el posible juicio externo del espectador desde dentro.

Orlando, mi biografía política y el cine político

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Es también cierto que el «filma como piensas» de Preciado provoca algún desajuste en las formas de la película y su manera de retransmitirse a sí misma. El filósofo está tan metido en comunicar sus ideas que a veces pierde el foco y todo el peso de su pensamiento se come a las imágenes de la película. Esto ocurre sobre todo en algunas secuencias sin construcción cinematográfica definidas, en las que la puesta en escena resulta más ocurrente que presente. Son, en parte, algunas de las dudas de planificación que plantea más detalladamente Aarón Rodríguez en EAM Cinema.

Son estas dudas las que nos hacen recordar que Paul B. Preciado no es un cineasta. Es un pensador, y por eso también Orlando, mi biografía política es tan especial, tan potente y tan generosa en su forma de acercarse a un asunto que va desde el cuerpo y sus transiciones hasta las infancias trans y no binarias. Todo para terminar pensando que sí, que se puede doblar el brazo al Imperio Binario y que se reconozca la identidad, total, indefinible, de estas personas que no van a dejar de ‘orlandizar’ su mundo. Y ahí, en la posibilidad de construir imágenes pensadas solo para cambiar nuestra realidad, la película nos devuelve al cine en su forma más política.

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Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_