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Críticas

Ocho apellidos marroquís: Una saga, una condena

La artificial jugada de Mediaset con su Propiedad Intelectual daña más que beneficia a una apañada comedia que señala el racismo y el discurso antimigratorio en España
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Ocho apellidos marroquís nos lleva precisamente a Marruecos cuando un gran empresario cántabro muere y su mujer y su hija (Elena Irureta y Michelle Jenner) deben cumplir su última voluntad: ir a Marruecos a por su barco, el ‘Sardinete’. Al viaje se une el exnovio de la hija (Julián López), que busca así intentar reconquistar a su amada. Lo que no esperan es que en el país el muerto tenga… una hija secreta.

La jugada ya se sabe, pero la repito: Mediaset ha transformado una película llamada Casi familia en la tercera parte de la saga Ocho apellidos. Ni guionistas, ni personajes, ni actores, ni director… lo que comparte esta nueva con las anteriores es su esencia de comedia romántica basada en las oposiciones entre territorios y prejuicios sociales. Ahora lo que pasa es que no es a la interna, sino entre dos países enteros como España y Marruecos. Por supuesto, ambos exagerados convenientemente en su estereotipo más extremo.

La estrategia de Mediaset de querer reflotar a la desesperada esta Propiedad Intelectual (PI) da para un artículo entero de valoraciones y análisis. Aquí lo dejaremos en que es una improvisación torticera, un maltrato a la saga más taquillera de la historia del cine español, una falta de respeto a la inteligencia del público… y, sobre todo, una mochila innecesaria para esta película en concreto, una comedia divertida que, pese a que puede ganar muchos espectadores con el rebranding, no se merece cargar con la losa de prejuicios y/o expectativas de las dos películas originales.

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La otra parte de cargar con el nombre de la saga viene en que, de repente, sus representaciones sociales o su forma de abordarlas ganan relevancia. Porque ese fue parte del brutal éxito popular de la saga, su forma de usar estereotipos y qué decían de nosotros, en un momento sociológico y cultural concreto —por cierto, diferente al que vivimos hoy—. Y los de Ocho apellidos marroquís vienen, para empezar, con una sátira directísima del estereotipo del español muy de derechas, retratado aquí en varios perfiles, pero que todos comparten un fondo racista, clasista y xenófobo.

Es lo que se podría llamar el «dilema Torrente«: ¿Se ríe de o se ríe con? ¿Disfrutamos de la ridiculización de personajes horribles o validamos pensamientos que están ahí en nuestras cabezas? Quizá lo mejor es fijarse en qué desarrollo tienen los personajes y qué forma tiene la película de validarlos o redimirlos, teniendo siempre en cuenta que el objetivo de una comedia es hacer reír a cualquier costa —y que el espectador no se va a plantear un dilema sobre la representación y el humor cuando se siente a verla—.

A diferencia de lo que pasaba con Torrente en las de Santiago Segura, cada vez más indulgente con el personaje, la evolución va claramente a censurar esa clase de prejuicios y discursos de odio. Es algo que ya ocurrió en Como Dios manda (Paz Jiménez, 2023), otra película de este año que hace comedia con lo que podríamos llamar el mismo perfil sociológico y político de Ocho apellidos marroquís. Películas que, curiosamente, llegan con la consolidación en España de ciertos discursos de extrema derecha.

En el otro lado, está el marroquí. El «otro». Un país, una cultura musulmana, que en la película, a fuerza de no querer caer en la estigmatización y a la vez usar todo tipo de estereotipos, se queda en un paternalismo light. Al mismo tiempo que carga con todo el peso de «lo malo» del lado de los españoles, valida lecturas sobre Marruecos con ciertos complejos. Quizá, en el fondo, la película parece ser consciente de que los que deberían reírse de lo que hacen o dejan de hacer en Marruecos son… los propios marroquíes. Aún así, esta dinámica contradictoria no llega a ser ofensiva.

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Como película en sí, lo cierto es que Ocho apellidos marroquís tiene ritmo, exprime el carisma de López e Irureta para resolver unos personajes de giros imposibles y presenta un puñado de situaciones objetivamente graciosas (colocar a tres ‘fachas’ en una patera es una jugada maestra). Y eso, vista la media, no es poco. Además, puede fardar de un nivel de producción y atención formal (menos al inicio, ¿qué pasa con la iluminación al principio?) que Mediaset cuida más que Atresmedia, que va más a la cantidad.

Por el resto, exactamente lo que se puede esperar de una comedia romántica hecha por una televisión española en 2023. O quizá algo más. Lo que se le puede achacar a la película es que no termina de encontrar su toque entre lo cafre y lo amable, tirando un poco por la vía de en medio. Pero en realidad son cambios de tono que no hacen excesivo daño y que a veces incluso se agradecen entre tanto aspaviento.

En el pecado lleva la penitencia: esta comedia, apañada y ocurrente, tiene los ingredientes perfectos para que le caigan palos por todos lados. Por un lado, se la acusará de burda maniobra comercial, echando por tierra lo que sí tiene de bueno, y por otro lado se la tachará tanto de reaccionaria como de (sobre todo) propaganda ‘progre’. Todo por llevar el nombre de la saga. A Mediaset el marketing le puede acabar compensando por el lado económico, pero no es justo para las personas que han hecho esta película.

La puedes ver online en

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_

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