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Reportajes

‘Mitología de barrio’, una «ciencia ficción cercana» para darle la vuelta a la postal turística

Jorge Rojas, Antonio Llamas y Alejandro Pérez Castellanos, del colectivo espírituescalera, estrenan en cines su película dedicada a recorrer la periferia de un Madrid en proceso de autodestrucción
Jun Tang en la película 'Mitología de barrio'

En una calurosa y eterna tarde en un barrio de Madrid, un dependiente de una tienda de alimentación, entre sueños y recuerdos de infancia, empieza a tener una premonición: la ciudad se está autodestruyendo. Es el hilo de ficción de Mitología de barrio, una rigurosa recolección de imágenes reales de las calles de la periferia de la capital que termina convirtiéndose en una misteriosa espiral apocalíptica. Después de ganar el Premio del Público en el Documenta Madrid, la película llegó a salas seleccionadas el pasado enero y ahora a Filmin.

Mitología de barrio es el resultado de un largo camino —o, mejor dicho, de muchos caminos— que empezó hace seis años. Fue entonces cuando Jorge Rojas, Antonio Llamas y Alejandro Pérez Castellanos, amigos desde su paso por la ECAM y reunidos, junto a otros, en el colectivo espírituescalera, decidieron recorrer y filmar, con un equipo mínimo, las calles de distintos barrios que rodean el centro de Madrid. En una entrevista conjunta para Cine con Ñ, Jorge Rojas explica que empezaron en las zonas que más conocían (Legazpi, Carabanchel), pero que pronto el proyecto «se fue expandiendo» a las calles de Orcasitas, Hortaleza o Fuencarral.

Alejandro Pérez Castellanos explica que empezaron a grabar por «un impulso casi archivístico, de generar un gran mapa de todos los barrios de la periferia de Madrid», aunque, aclara, «no desde la sociología o la arquitectura, sino a través de nuestro pensamiento del cine». Por eso, los tres cineastas se marcaron unas reglas muy precisas: rodar siempre en la misma franja horaria de la tarde y a través de planos muy generales en los que las personas se vieran empequeñecidas en comparación con los edificios que las rodeaban. La idea de fondo era, explica Antonio Llamas, conseguir imágenes «que simulasen o pudiesen recordar a la postal turística de lugares que nunca la tendrían».

La mitología de barrio: de la cartografía a la ficción

Mitología de barrio arranca precisamente con una de esas estampas de la ciudad para consumo externo, en unas secuencias de archivo de TVE que vuelan sobre el centro de Madrid. Una imágenes por Gran Vía o las Torres KIO que acaban por aterrizar en una tienda de barrio. Este concepto, explican los cineastas, también estuvo marcado desde que empezaron a caminar: «Lo archivístico, con esa forma de acotarlo, sale desde un ímpetu político también, de querer ver y sentir un estado de las cosas. En este caso de la ciudad o de los barrios», cuenta Pérez Castellanos.

'Mitología de barrio', una "ciencia ficción cercana" para darle la vuelta a la postal turística 1
De izda. a dcha.: Alejandro Pérez Castellanos, Jorge Rojas y Antonio Llamas, directores de ‘Mitología de barrio’. ©Eva Bodas

Estas premisas conectaban con los relatos de leyenda a los que remite el título de la película: «La mitología sirve para explicar o contar elementos de la realidad a través de ficciones», dice Pérez Castellanos, que, sin embargo, cree que «de un tiempo a esta parte, la mitología ha sido apropiada por el cine o por las historias y desprendida de la realidad». Continúa: «Se pone la mirada sobre barrios como Orcasitas para romantizarlos, atacarlos o generar ideas que no tienen que ver con lo que en realidad hay dentro de ellos».

«No queríamos que la película fuese una denuncia social»

Llamar al proyecto —aún no película en aquel momento— Mitología de barrio les servía para «trasladar discursos más grandilocuentes a lugares que a priori parece que no les pertenecen», comenta Antonio Llamas. Pese a estas ideas de fondo, los tres directores tenían claro desde el inicio que no querían que la película tuviera un tono de «denuncia social», recalca Llamas. Aunque temas como la gentrificación o la crisis de la vivienda se cruzan en la lectura de sus imágenes documentales, el codirector aclara que están ahí «no porque nosotros los hayamos puesto, sino porque los lugares conectan a los espectadores con esa realidad».

Para ir más allá, los creadores de la película quisieron incluir desde el principio algunas situaciones ficcionadas, en las que distintas personas (encontradas por la calle, amigos o los propios responsables) lidian a su manera con un peligro invisible que les acecha. Es una «amenaza de guerra o de algo que estaba por encima de la gente que habitaba estos lugares y que no son capaces de localizar», dice Llamas, que cree que este primer germen narrativo les permitía hablar de «un territorio de gente que habita lugares que no controla, diseñados por otras personas».

Tendero profeta de «un apocalipsis de clase»

La ficción terminó por cruzarse en el camino de los directores y convertirse en un largometraje cuando se encontraron de casualidad a Jun Tang, el tendero protagonista. «Un día que estábamos por el barrio de Hortaleza», relata Rojas, «se nos acabó la pila del micrófono que llevábamos, y entramos en una tienda de alimentación a buscar más. Ahí nos encontramos al señor Tang, limpiando un instrumento musical tradicional chino». Y esa compra acabó derivando en la incorporación de este hombre y su tienda como ejes de la película. «Qué es más periferia y castizo o qué representa más un barrio que una tienda de alimentación», resume Pérez Castellanos.

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Los directores se decidieron a escribir un guión a partir del material y de la incorporación interpretativa de Tang, que nunca había actuado frente a una cámara y que hablaba poco castellano por aquel entonces. Acompañado por elementos reales (su entorno, su biografía o su pasión por la música), su personaje (Qing Dao) va descubriendo en sueños que la ciudad está empezando a cambiar. Rojas define a este enigmático protagonista como «un enviado»: «En toda mitología siempre hay una figura que puede recibir un mensaje del pasado o del futuro. Algo que él sabe y que los demás no», explica el cineasta sobre este particular profeta/narrador.

En la película, Quin Dao percibe que el fin de Madrid, que se transforma al mismo tiempo que él también cambia, está cerca. Con la incorporación casual de situaciones extremas como la borrasca Filomena, Mitología de barrio acaba cogiendo tintes apocalípticos. En ese sentido, Pérez Castellanos define el filme «como ciencia ficción cercana» por tratar «algo que viene de dentro, de la realidad, como en ciertas películas de serie B de los 50». Sin extraterrestres ni naves espaciales, la película «es un apocalipsis de clase, que tiene que ver con el estancamiento de un sistema y no, por ejemplo, con un meteorito que cae a la tierra», explica el codirector.

Este halo del fin de los tiempos que puede sugerir la película, que se convierte en una dinámica cíclica entre la creación y destrucción, era una sensación buscada — «tuvimos incluso que descartar algunas secuencias por no ser demasiado obvios», recuerda Rojas—. La idea de fondo, y con la que los directores esperan conectar con el público que busca experiencias cinematográficas diferentes, era intentar no caer en «arquetipos como el costumbrismo o en tratar algo muy circunstancial», explica Llamas, que piensa que pensar en «un estado de las cosas que está colapsando» da pie a «un pensamiento más amplio» sobre estos espacios urbanos.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.